Teoría de las Relaciones Internacionales y Medio Oriente: realismo

Ensayo Original.

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El príncipe de los Emiratos Árabes Unidos, Mohammed bin Zayed Al-Nahyan, en una visita oficial a Arabia Saudita, en abril de 2015. La foto corresponde a la base área Rey Fahd. Según la teoría realista de las Relaciones Internacionales, el poder militar es el factor que más influye en el desarrollo de la política mundial. Crédito por la imagen: The National UAE.

Como disciplina académica, el estudio de la diplomacia y de los asuntos internacionales presenta varios marcos teóricos. En esta materia, las teorías imparten aproximaciones conceptuales para explicar y dar cuenta del comportamiento de los actores que influyen sobre el globo. Por supuesto, el principal foco de los modelos teóricos son las entidades políticas, particularmente los Estados.

Como bien sabe cualquier estudiante de Relaciones Internacionales, los modelos teóricos estriban de una pregunta filosófica fundamental. Como entes racionales por naturaleza, ¿qué somos los seres humanos?, ¿bondadosos o egoístas? En líneas generales, según la respuesta que uno escoja, se estará más cerca de una postura “realista” o de una postura “liberal”. Este debate es el más trascendental de la disciplina. A partir del comportamiento humano, las teorías –realistas o liberales– buscan predecir el comportamiento de los Estados.

En tanto los realistas dirán que los Estados actúan motivados por intereses egoístas, principalmente en función de acrecentar su poder e influencia, quienes suscriben con alguna vertiente liberal dirán que esta machtpolitik, o “política de poder”, no es tan determinante como los realistas sugieren, y que los Estados, en las circunstancias adecuadas, prefieren cooperar antes que desconfiar entre sí.

Por otro lado, dejando de lado el debate entre realistas y liberales, existe un tercer enfoque que viene ganando protagonismo en las últimas dos décadas. Se trata de una perspectiva amplia, en rigor con dos vertientes principales, que adscribe a la opinión de que la cultura tiene un rol preponderante en las relaciones internacionales, puesto que los valores y las ideas de las sociedades sopesan sobre el comportamiento de los Estados. Como hablar de cultura es hablar de algo abstracto –algo con lo que no se puede “experimentar” con facilidad– este es un concepto difícil de definir, y no obstante fácil de comprender. Es evidente que no todas las sociedades comparten la misma cultura, las mismas normas o preferencias, y que esto, a su vez, tiene un impacto en la política internacional. Quienes sostienen que la cultura es algo más o menos estático difícil de cambiar (con especial énfasis en la religión) se llaman culturalistas, y se posicionan más cerca de los realistas. En cambio, quienes sostienen que las normas y preferencias son el resultado de construcciones sociales cambiantes se llaman constructivistas, y se posicionan más cerca de los liberales.

¿Pero cómo aplican estos enfoques a Medio Oriente? Soy de la opinión que, de la misma manera en que no existe una única receta para los problemas del mundo, un solo enfoque teórico no puede abarcar la complejidad y la vertiginosidad del globo. Pero si bien siempre hay un punto en donde los conceptos se complementan entre sí, en algunos casos algunos funcionan mejor que otros. Es decir, una teoría que puede explicar la realidad algunas veces, en determinado tiempo y lugar, posiblemente fallé para contextualizar lo que acontece en otro momento y espacio. ¿Qué hay entonces de Medio Oriente? ¿Qué enfoques teóricos son más adecuados para denotar lo qué sucede?

Como parte de una entrega de tres partes sobre la teoría de las Relaciones Internacionales y Medio Oriente, si por lo pronto tengo que escoger entre una de estas grandes disposiciones teóricas escojo la postura realista. En artículos venideros discutiré las otras aproximaciones. Continuar leyendo “Teoría de las Relaciones Internacionales y Medio Oriente: realismo”

¿El fin de la hegemonía estadounidense en Medio Oriente?

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Un F/A-18C Hornet despega desde la cubierta del portaaviones USS Nimitz en noviembre de 2013, mientras transitaba el mar Mediterráneo. Según una lectura de los eventos recientes, la reticencia del presidente Barack Obama a proyectar poder frente a Irán podría traer consecuencias negativas a la reputación de Estados Unidos, tanto entre sus amigos como enemigos. Crédito por la imagen: Jacquelyn D. Childs / U.S. Navy.

Existe una opinión interdisciplinaria entre muchos analistas que supone a India y a China como las potencias dominantes del siglo XXI. Implícito en este escenario habría un papel menor para Estados Unidos, viéndose su proyección global reducida, por lo pronto en términos relativos con el presente. En el futuro aparentemente habrá un balance internacional que le será desfavorable. Ya no será la única superpotencia, y en función del ascenso de otros actores, principalmente los recién mencionados, tendrá que lidiar con un sistema virtualmente multipolar. Sin ir más lejos, en lo que respecta a Medio Oriente este proceso ya parece estar ocurriendo, y no necesariamente por las acciones de terceros actores. Por el contrario, las propias decisiones de la Casa Blanca, de no ser revertidas, podrían apresurar el fin de la hegemonía estadounidense en la región.

La administración de Barack Obama no ha entendido la idiosincrasia de Medio Oriente e inadvertidamente se ha encargado de mermar la posición de Estados Unidos tanto entre sus aliados como entre sus enemigos. Obama les soltó la mano a aliados tradicionales como Hosni Mubarak y Zine Ben Ali, y estuvo dispuesto a reconocer a mandatarios islamistas. Apoyó a la mayoría de las protestas masivas en el mundo árabe, pero no a aquellas en Bahréin o Irán. Supuso también que podría enmendar las relaciones con Siria e Irán, cuyos regímenes están empedernidos por exportar terrorismo y desestabilidad. Luego de permanecer cerrada por seis años, en enero de 2011 Estados Unidos reabrió su embajada en Damasco; y sin embargo, tan pronto comenzó la guerra civil siria unos meses más adelante, Obama exigió que Bashar al-Asad diera un paso al costado. Pese a reiteradas líneas rojas establecidas para aplacar al Gobierno sirio, en este frente Obama no se atrevió a comprometerse. En tanto, en la contienda libanesa, Estados Unidos “lideró desde atrás”. Por otro lado, el presidente aceleró la retirada estadounidense de Afganistán e Irak, y al aparecer luego el Estado Islámico (ISIS), actuó con letargo y sin contundencia.

Bien, por cuantos errores estratégicos se hayan dado durante su gestión, nada se coteja con el impacto duradero que podrá tener el acuerdo recientemente firmado con Irán en virtud de su programa nuclear. Continuar leyendo “¿El fin de la hegemonía estadounidense en Medio Oriente?”

En Medio Oriente el garrote rinde más que la zanahoria: Líbano

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Una unidad especial (spetsnaz) soviética se prepara para una misión en Afganistán en 1988. En 1985 la unidad antiterrorista de la KGB, el Grupo Alfa (Spetsgruppa “A”) condujo exitosamente una operación para liberar a tres diplomáticos rusos capturados en Beirut por Hezbollah. Los operativos combatieron terror con terror, y desde entonces ningún funcionario ruso ha sido secuestrado. Crédito por la imagen: Mijaíl Evstafiev.

Hace tiempo me tope por las redes sociales con una breve reseña sobre un hecho que sucedió en Líbano en septiembre de 1985, involucrando un duro operativo por parte de los servicios secretos rusos. Según lo constató el Jerusalem Post, en dicha ocasión militantes islámicos chiitas del Hezbollah secuestraron en Beirut a cuatro diplomáticos soviéticos para exigirle a Moscú que presionara al Gobierno sirio, que entonces ocupaba Líbano, para que este dejara de apoyar a militantes de izquierda adversos a la causa islámica de los secuestradores, siendo que estos grupos combatían entre sí en la ciudad de Trípoli. Cuando dos días más tarde el cuerpo de uno de los diplomáticos fue encontrado tirado en el campo de un estadio, la KGB se movilizó y en menos de cuatro semanas logró secuestrar y asesinar – según la versión original de los hechos – a un familiar de uno de los dirigentes de Hezbollah. Según esta versión, luego de haber sido castrado, su cuerpo habría sido cortado en pedazos y enviado a Hezbollah con una advertencia: a menos que los tres diplomáticos restantes sean liberados inmediatamente sanos y salvos, más parientes recibirán el mismo trato. A continuación los rehenes emergieron ilesos en la entrada de la embajada soviética en Beirut.

En línea con otros casos relacionados que han sido tratados en este medio (en base a las experiencias de Saddam Hussein, Muamar al-Gadafi y Hafez al-Assad), si hay una moraleja que aplica a esta historia es que en Medio Oriente el garrote rinde más que la zanahoria. La fuerza y la amenaza atada a su uso suele ser el suasorio más efectivo en el lenguaje político de la región. El caso del operativo soviético me llamó la atención precisamente por esta cuestión, y por eso me propuse corroborarlo con más información. Continuar leyendo “En Medio Oriente el garrote rinde más que la zanahoria: Líbano”

En Medio Oriente el garrote rinde más que la zanahoria: Siria

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De tal palo tal astilla. Tomada en 2007, la imagen muestra a Bashar al-Asad y a su padre y predecesor, Hafez al-Asad, desplegados en tono patriótico en la ciudad siria de Alepo. Crédito: Brian J. McMorrow.

Cuando Mijaíl Gorbachov ascendió a la jefatura de la Unión Soviética en 1985, a la sazón del momento, la superpotencia comunista empezaba a mostrar signos de agotamiento, los cuales se tradujeron en un cambio táctico en la política del Kremlin hacia Medio Oriente. Su capacidad militar disminuida, Moscú no contaba con amplios recursos como para llegar a cometer una intervención militar directa en suelo árabe. Ocupada en su invasión de Afganistán, y agobiada por un presupuesto militar que superaba sus capacidades productivas, la Unión Soviética paso a priorizar una política exterior más conciliadora, menos militarista, y a la vez dispuesta a contrarrestar la influencia norteamericana por otro sendero. En concreto, mostró un interés por incentivar la paz en el vecindario, buscando posicionarse como intermediador entre los iraníes y los iraquíes, y entre los palestinos y los israelíes.

La Unión Soviética era un actor que “hablaba con todos” abiertamente, y no secretamente como acostumbraban los estadounidenses. Gorbachov quería capitalizar a su favor los fracasos de Washington como bróker honesto, y demostrar que la paz regional sería inalcanzable sin una participación soviética. Durante un encuentro en Moscú en abril de 1987, Gorbachov le dijo a Hafez al-Asad, su contraparte siria, (y padre del actual mandatario damasceno) que “la recurrencia a la fuerza militar ha perdido completamente su credibilidad como una manera de resolver el conflicto de Medio Oriente”. En otras palabras y a modo de simplificar, los rusos invertían por primera vez en soft power (poder blando) para reposicionarse entre los Estados árabes. Continuar leyendo “En Medio Oriente el garrote rinde más que la zanahoria: Siria”

En Medio Oriente el garrote rinde más que la zanahoria: Libia

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Muamar el Gadafi se encuentra con mujeres italianas en Roma, en junio de 2009. En sus últimos años de vida el dictador libio recorría las capitales europeas y aprovechaba para discutir la situación femenina en el mundo secular. Según él, mientras que en Libia se las honorificaba, en Europa se las cosificaba. Crédito por la imagen: Christophe Simon / AFP-Getty Images.

Muamar el Gadafi fue una de las figuras más controversiales de la política árabe del siglo XX, y ha sido catalogado en décadas pasadas como uno de los principales patrocinadores del terrorismo global. Sin embargo, en su última década de vida, quien gobernara el país norafricano desde 1969, decidió transparentar las causas internacionales pendientes que sopesaban en su contra. Esto se debe nada más y nada menos que a la agresiva política exterior norteamericana emprendida tras los ataques del 9/11.

El caso de Libia bajo Gadafi nos sirve como otro ejemplo que nos demuestra que en Medio Oriente, al hablar de los regímenes dictatoriales, el garrote rinde más que la zanahoria. En relación a este tema, Gadafi, a diferencia, o mejor dicho a costa de Saddam Hussein, aprendió que en la era del “nuevo orden mundial” no había forma de contrariar los intereses norteamericanos y salirse con la suya entero. Continuar leyendo “En Medio Oriente el garrote rinde más que la zanahoria: Libia”

En Medio Oriente el garrote rinde más que la zanahoria: Irak

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Una imagen propagandista de Saddam Hussein durante la guerra con Irán en los años ochenta. Wikimedia Commons.

Desde hace varios meses la política exterior de Barack Obama viene recibiendo un torrente de críticas proveniente de todas direcciones. Desde el frente doméstico, tanto demócratas como republicanos han reprochado la gestión presidencial en el desempeño de las relaciones internacionales. Los europeos, más tímidos y hasta divididos, resienten la falta de liderazgo que proyecta Washington en relación a las amenazas crecientes provenientes de Rusia y Medio Oriente. Aquí, los israelíes como las monarquías arábigas comparten un malestar común en la pasividad o falta de decisión norteamericana en lo relacionado con el programa nuclear iraní y el auge del yihadismo militante.

Las críticas apuntan a que Obama no tiene ninguna estrategia definida, ninguna jugada preestablecida, y que en aras de cosechar soft power (poder blando), termina descarriando la política exterior hacia una proyección de debilidad e indeterminación, lo cual enfurece a sus aliados e incentiva a sus enemigos. En efecto, lo que la diplomacia norteamericana no entendió, y allí la razón de esta presentación, es que para una potencia mundial como lo es Estados Unidos el hard power (poder duro) cuenta más que los ánimos idealistas de benevolencia. Puesto de otro modo, el garrote rinde más que la zanahoria.

Aunque discutible, a mi criterio en ninguna zona del globo queda esto tan claro como en Medio Oriente. Uno podría criticarle muchísimas cosas a la administración de George W. Bush, y sobretodo su descartada ecuación de riesgos en Irak. Pero visto en perspectiva, haciendo un balance de su gestión, parecería ser que Bush entendió las dinámicas árabes, mesopotámicas y levantinas mucho mejor que el actual presidente. Lo mismo puede decirse de su padre, de George H.W, e incluso de Bill Clinton.

En lo sucesivo presentaremos algunos casos paradigmáticos que a mi juicio dan cuenta de esta realidad, y colectivamente introducen el caso para que Estados Unidos adopte un rol más decisivo en Medio Oriente. Dicho papel no necesariamente debe estar basado en la intervención militar directa, pero sí en una consistente y constante proyección de poder; lo suficiente para disuadir a los “enemigos públicos” a comportarse como es debido. Para esto, miremos primero el caso de Irak. Continuar leyendo “En Medio Oriente el garrote rinde más que la zanahoria: Irak”