Hablar como un líder y no sonar como un burócrata en el intento

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oratoria

Relativamente desde temprano, y durante mis años en la universidad, he participado de los llamados Modelos de Naciones Unidas (ONU), también conocidos como Model UN. En breve, se trata de conferencias que simulan las sesiones que se llevan a cabo a nivel internacional en los salones y corredores de la ONU verdadera. La idea consiste en que el participante tome la representación de un país que no sea el propio, que estudie su historia y su política exterior, y que se capacite para defenderlo y presentar su agenda frente a otros pares; en el contexto del debate de algún tema relevante para la comunidad internacional. A lo largo de mi trayectoria como partícipe, y luego como organizador de estos eventos, he adquirido cierta competencia en oratoria, la cual creo que puede ser encasillada en ciertos consejos que me gustaría compartir aquí. Para ello, primero es necesario revisar algunas consideraciones.

Al igual que sucede en otras actividades de índole académica, los Modelos de ONU están pensados para que los jóvenes se explayen en público. Se propicia que el participante se esfuerce por persuadir a su audiencia de la validez de sus argumentos, dándose por sentado que estos deben estar en línea con las delegaciones que les ha tocado representar. En ese sentido, si a usted por ejemplo le ha tocado representar a Estados Unidos dentro de la Comisión de Desarme, se esperaría que hablase sobre el peligro del terrorismo y de los “Estados canallas” (rogue states). Sin embargo, no solo por hacer una alocución sobre el tema indicado estará garantizado el éxito. Por supuesto, el mismo depende de una serie de variables. La más importante de ella, a mi criterio, es el cómo se dicen las cosas. El cómo frecuentemente vale más que el qué. Sea en el Modelo de ONU como en cualquier situación de la vida, usted puede hablar de un tema en donde es experto, y no obstante aburrir a la audiencia. Caso contrario, como todos los estudiantes habrán experimentado alguna vez, usted puede hablar sabiendo poco de un tema, y de cualquier modo hacerlo tan bien, tan apasionadamente o centradamente, que su audiencia o receptor pensará que usted ha estudiado y sabe lo que dice.

El discurso del burócrata                                                           

Observe la tabla que se muestra a continuación. Viene de una fotocopia que una profesora asistente me repartió durante una clase en el secundario hace diez años. La misma es un ácido ejercicio que prestamente muestra lo fácil que en teoría es dar un discurso burocrático promedio, es decir, aceptable, previsible, y políticamente correcto bajo cualquier circunstancia.

burocratasprincipales

Perfectamente se podría reemplazar las palabras en los cuadros por términos relativos al tema del discurso que se quiere dar, y seguir sonando constante y responsable. Demás está decir que si su audiencia está aburrida, cansada, o directamente no le importa mucho lo que usted tenga para decir, el discurso pasará inadvertido. Haga sino el ejercicio, y luego de hablar durante cinco minutos seguidos pregúntele a alguien que lo oyera qué le quedó registrado. Pregunte a su receptor o receptores, ¿cuál fue el mensaje o el propósito de su intervención?; ¿cuál fue su objetivo? Lo cierto es que probablemente en este punto ni usted lo sepa. En términos genéricos, un discurso así – con algunas palabras elegantes y tecnicismos que denotan especialidad – puede permitirle salir de un mal rato cuando no está capacitado para hablar de algo, y sin embargo necesariamente está obligado a hacerlo. Esta situación puede darse con un examen oral, una conferencia, o una presentación en público.

Bien, por más refinado que esté el discurso del burócrata, nunca podrá pasar el escrutinio de las personas atentas, verídicamente conocedoras del tema del cual usted va a pretender ser una autoridad. Digamos que pese a sus ilusiones por sobrevivir a la disertación, le toca un público de pares bien desayunados que compiten con usted, y que lo tienen que evaluar en base a una sesión de preguntas. Queda bastante claro que en una situación semejante, si usted fuese un burócrata, no le convendría que lo interpelen, en tanto no contaría con la comodidad del texto escrito, y la presión de las miradas estrangularía su capacidad de improvisación.

Por algún milagro pasó la prueba, bajó del estrado, y ya se encuentra de regreso a su cómoda banca. Situando la experiencia en contexto, si se trata de un foro como los Modelos de ONU, incluso si usted se ha mandado algún error o se ha quedado mudo en frente de todos, puede quedarse tranquilo que pronto lo olvidarán. En efecto, por lo general en los eventos donde los oradores son muchos, y las horas de sesiones largas, la atención del público es relativa a su ingesta de cafeína. Las personas eligen a qué prestarle atención y cuando, especialmente si se hace extenuante o muy aburrido escuchar discursos durante toda una jornada.

Ahora, dado este caso, ¿qué pasaría si todos los participantes hablarán del mismo modo? El hecho de que cien personas hablen de lo mismo no es tan grave como que cien personas, además de hablar de lo mismo, hablen de la misma manera; con el mismo tono, argumentos, tecnicismos, y abstracciones muy lejanas del suelo.

Diagrama del orador

El siguiente es un diagrama que tipifica a cuatro oradores estándar. Viene de una de las capacitaciones de oratoria más memorables de las cuales he tenido el privilegio de participar hace varios años.

diagrama

El orador 1+, valga la redundancia, es “uno más” entre el montón. Siguiendo las reglas del mercado, si en una conferencia muchas personas deben hablar del mismo tema, cada intervención vale poco porque hay muchos discursos iguales, reiterativos, y que aportan poca sustancia al debate. Si el tema en cuestión fuese, por ejemplo, la pobreza, se esperaría que todos los 1+ dijeran que “la pobreza es un flagelo que debemos erradicar”. Estamos todos de acuerdo con la premisa, pero el orador 1+ no explicita cómo solucionar el problema, y si lo hace, ofrece la solución que por defecto proponen la mayoría de los otros oradores. En otras palabras, el 1+, en la coyuntura indicada, no es otro que el burócrata discutido en el ejercicio anterior.

El orador +1 es quien aporta algo nuevo al debate, y es lo suficientemente visible como para que la gente se acuerde algo de su participación. No es el típico burócrata porque trae alguna innovación que hace que los demás abran los ojos cuando esta persona está en el estrado. Para simplificar, volviendo al ejemplo anterior, si todos los participantes del evento basan su discurso en la idea genérica de que “la pobreza es un flagelo que debemos erradicar”, un orador +1 podría ser quien a esto agrega: “para ello los países desarrollados deben aportar el 0,7 por ciento de su PBI al fondo de la ONU”. De cualquier manera, quizás el aporte del +1 no venga exactamente por el lado de lo qué dice, sino que más probablemente venga del lado de cómo lo dice. Si todos los oradores se mantienen pasivos, y leen discursos escritos en papel sin prestar atención a la audiencia, el orador que osa decir lo mismo pero mirando al público– inyectando algo de emoción a sus palabras – automáticamente se convierte en el +1.

El orador -1 es lo más alto a donde puede aspirar a llegar si quiere hablar como un líder. No se trata de aportar algo nuevo al debate, sino más bien de ajustar o cambiar las reglas de juego del mismo. La idea es que su intervención sea tan poderosa, impactante, y memorable, que luego de su discurso nada será lo mismo. Quienes hablen posteriormente tendrán que hacer alguna mención o referencia a lo que usted hizo o dijo frente a todos. Para bien o para mal, sus palabras quedarán marcadas en el registro del evento, y los participantes tendrán que tomar una postura a favor o en contra de sus argumentos. Si bien aquí sí resulta fundamental el qué se dice, la única manera de garantizar que su participación trascienda es complementando el qué con el cómo. Esto significa que el contenido debe estar respaldado por un tono de voz y un lenguaje corporal acorde con lo que se está diciendo y proponiendo. Continuando con el ejemplo, en este caso el -1 sería alguien que diga: “Con aportar fondos no alcanza. Para erradicar la pobreza debemos fomentar el desarrollo a largo plazo, no con dinero, sino con educación, y por ello hoy propongo el plan X, que consiste en los siguientes puntos…”.

Por último, ¿dónde está el orador 1-? La respuesta es que no está. Este orador es justamente “uno menos” porque no se encuentra presente durante el debate, física o espiritualmente. La persona tal vez se retiró, está durmiendo, o directamente no presta atención y no participa en lo absoluto de las sesiones. Sus palabras, si las hay, se cuentan con los dedos y son inocuas. Su participación es insignificante.

El buen orador es reconocido de inmediato

Fíjese en la captura de pantalla a continuación. He buscado en Google “UN Speech”, lo que en español significa “discurso de ONU”. Estos son los primeros resultados en imágenes, para una búsqueda hecha el 26 de marzo de 2015:

unspeech

Puede ver a figuras conocidas. El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu acapara mucha atención, pero también así el presidente estadounidense Barack Obama. Luego están el actor Leonardo DiCaprio; el expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad; el actual presidente iraní Hasán Rouhaní; el premier británico David Cameron, su homólogo indio Narendra Modi; el fallecido mandamás venezolano Hugo Chávez; y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Finalmente, menos reconocidos, el embajador israelí Ron Prosor, y el ministro de Exteriores sirio, Walid al-Moallem.

El punto a resaltar aquí es qué solo aquellos oradores carismáticos o importantes salen en la primera plana. Los noticiarios transmiten en vivo las declaraciones de Barack Obama, pero no las del presidente de Gambia o el líder de Kiribati. Todos estos señores, gusten o no, son -1 en el sentido que causan impacto, sea porque cuentan con la ventaja de llevar consigo una imponente sombra, o porque sus alocuciones de algún modo inspiran o intimidad.

Tips para liderar con el habla

Por fortuna, situándonos de regreso en la vida cotidiana, usted no tiene que contar con la ventaja de una gran reputación para causar un impacto. En los Modelos de ONU muy frecuentemente eran las delegaciones de países chiquitos las que se llevaban los aplausos de la gente. Cuando el representante de Estados Unidos o Rusia defrauda con un discurso monótono e irrelevante, abre automáticamente una oportunidad para que el representante más capacitado de Noruega o Argentina de un discurso de mayor impacto.

Las charlas TED son un excelente ejemplo que demuestra que cualquiera de nosotros tiene el potencial para convertirse en líder en un área de expertiese personal. Los títulos universitarios en su haber no endorsan su capacidad como orador, y la reputación es algo que se va construyendo paulatinamente. Usted puede ser mejor orador que una persona pomposa, y desarrollarse como un +1, y luego si tiene éxito como un -1, si sigue los siguientes consejos. Le ayudarán a complementar durante un discurso el qué con el cómo.

  1. Aunque parece una obviedad muchas personas pierden de vista la regla de oro de la oratoria. Usted no debe hablar por el amor al arte de hablar. Usted habla para persuadir, y nunca tiene que perder de vista este norte elemental. No describa, persuada. Para esto es importante que estudie a su audiencia de antemano. No es lo mismo hablarle a un público de universitarios que a uno de sindicalistas. Estilos discursivos que funcionarían de maravilla con algunas personas pueden ser calamitosos con otras.
  1. Para persuadir es importante que siempre se base en las premisas del método científico. Primero se plantea una hipótesis, luego se la corrobora con experimentación, y finalmente se elabora una conclusión. Llevado esto a la oratoria, antes que nada es necesario abrir con una introducción, luego exponer los argumentos, y por último hacer una conclusión. Previo a abrir la boca, tiene que mentalizarse y saber distinguir o encuadrar conceptualmente cada parte. Esto le ayudará a evitar irse por las ramas.
  1. Los primeros momentos son cruciales para causar un impacto. El tiempo vale, y no es necesario compartir información ya conocida, aunque sea lo que formalmente se espera de usted. Su introducción tiene que poder traducirse en un eslogan o en una pregunta que sea provocadora y fácil de recordar.
  1. Si antes de comenzar a hablar tuvo el clásico incidente de la camisa mojada con café o con mostaza, compártalo con la audiencia. Haga una broma. No permita que los demás hagan chismes o conjeturas sobre usted. Deje las cosas en claro desde el primer momento.
  1. Dentro de lo posible, enfóquese en argumentos simples que puedan ser reducibles a un listado de no más de tres puntos. Lo que a usted le interesa es que el público se acuerde de todo lo que usted dijo, y para eso es imprescindible simplificar el mensaje. El tiempo apremia, y muchas personas tratan de compactar la mayor cantidad de cosas en el espacio de pocos minutos. No se apure. Es mejor dejar algunas cosas para después y no sacrificar la claridad de sus argumentos. A nadie le gusta la sobrecarga de información. Enfóquese en sus prioridades.
  1. Sea estratega y sea usted quien fija la agenda. Hay veces que otros lo interrumpirán y tratarán de desviar su atención hacia otra cosa. Resista la tentación de responder apresuradamente, y manténgase fiel a su hipótesis o propósito inicial. Recuerde que para ser consistente y causar impacto es importante llegar bien parado al crescendo, la parte del medio en donde usted expone sus argumentos. Se trata de aspirar a ser “presidencial” en todo momento.
  1. Si tiene que responder, hágalo con altura y nunca insulte o menosprecie a su oponente. Por el contrario, y si la situación lo permite, haláguelo. Tenga siempre presente que en el marco de un debate usted no habla con su oponente. Lo hace con su audiencia. No hay nada peor que quedar catalogado como un brabucón o maleducado – siempre y cuando su objetivo no sea convertirse en un matón de barrabrava. Si tiene que humillar a su oponente, hágalo con acidez, y sea sarcástico. Si esta inseguro de la aprobación de su audiencia, directamente no lo haga.
  1. No evite los argumentos polémicos solo para ser políticamente correcto. Es preferible ser odiado que ser ignorado. Apéguese a sus convicciones, siempre por supuesto con altura, y en última instancia habrán quienes lo amarán y quienes lo odiarán. La pasión habla por sí sola y comunica más que las propias palabras. Si se lo pone a pensar detenidamente, ser controversial dice mucho acerca de los oradores -1.
  1. No es obligatorio ser controversial, siempre y cuando sea innovador en sus argumentos. Si el desarrollo de su discurso se remite a información ya conocida, sus chances de causar impacto serán menores. Incluso si el espacio para la invención es marginal, búsquele la vuelta al discurso para qué sus argumentos al menos aparenten ser creativos.
  1. En lo posible pretenda darle el crédito a otros por sus propuestas o ideas. Aparente que usted solo está refinando lo que ya fue propuesto por alguien a quien usted le interesa conservar como aliado. Una simple y escueta mención a veces alcanza para asegurarse el apoyo de esa persona en instancias posteriores. Además, crea el impacto – falso o verdadero – de que usted es humilde, y eso siempre cae bien en un auditorio.
  1. Evite en todo momento la lectura del discurso. Esto no significa que usted se lo tenga que memorizar. Muchas personas inexperimentadas, conscientes de que deben evitar leer, intentan memorizar largos párrafos solo para terminar mudos frente al micrófono, sea porque se olvidaron el guion, o porque los nervios paralizaron sus cuerpos. En cambio, anótese en un papel el encuadre conceptual del cual hablamos antes. Diagrame cada parte, cada argumento principal, y cada punto disparador que le permitirá exponer sobre el tema en cuestión. Este ejercicio le ayudará incluso si tiene que improvisar. Usted puede llevar esto en una libretita de mano, y echarle el ojo rápidamente entre pausas.
  1. Si tiene que memorizarse algo, esto sin dudas es la frase final de la conclusión. Del mismo modo en que usted necesita una introducción llamativa para asegurar la atención de las personas, necesita una conclusión emocional o inspiradora para conseguir aplausos. Busque la mejor manera de impactar. Aun si usted está respondiendo preguntas, intente siempre tener una buena conclusión para todo.
  1. Observe a su audiencia mientras expone en público. Mire a los ojos, y busque con la mirada el consentimiento de sus pares. Con el tiempo aprenderá a no sentirse intimidado por quienes lo miran, sino que al revés, en todo caso tomará conciencia de que el que intimida es usted. Intimidar de por sí no es algo malo. Si bien todo depende de la coyuntura de su discurso, mirar a su audiencia equivale a decir abiertamente: “estoy hablando, ¡presten atención!”. Es probable que menos personas jueguen con sus teléfonos celulares o hagan garabatos en sus cuadernos si se sienten observadas por alguien desde un estrado.
  1. Aprenda a ser flexible con su tono de voz. Mirar a las personas le permite percatarse inmediatamente de la reacción de su audiencia, y las expresiones faciales lo dicen todo. Tal vez no se lo escucha con la suficiente claridad y tiene que hablar más fuerte. Caso contrario, tal vez está hablando muy fuerte y tiene que bajar un poco el tono. Quizás está hablando muy rápido o no modula bien. Haga breves pausas entre una idea y la otra, y aproveche el tiempo para revisar el estado de ánimo del público. Esto además le permitirá dejar más en claro cuáles son sus puntos clave, y añadir algo de suspenso a su intervención.
  1. El lenguaje corporal siempre ha sido la herramienta por excelencia de los demagogos por la mera razón de que funciona. Practique y encuentre un estilo personal. Gesticular en exceso está mal visto, pero procure enfatizar los puntos clave de su alocución con su cuerpo. Caso personal, nunca jamás se pare encorvado, aun cuando el micrófono no se ajuste a su altura. Siempre debe mostrarse seguro, lúcido y “presidencial”. Vencer la inseguridad de hablar en público es muy difícil, pero si es usado correctamente, el lenguaje corporal le permite esconder sus nervios. Puede sostener en su mano una lapicera o un objeto pequeño, y utilizarlo para asentar ideas. En muchos casos este apoyo material ayuda a calmar la ansiedad.

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