Mohamed bin Salman: el perfil del reformista saudita en tres artículos

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Mohamed bin Salman (MBS) es una de las figuras más relevantes de Medio Oriente. El joven príncipe heredero de Arabia Saudita se comporta como el mandatario de facto, y viene impulsando un ambicioso programa de reformas para transformar la realidad de su país. En paralelo, lleva a cabo una agresiva y controversial campaña contra Irán en la región, particularmente en Yemen. Tres artículos publicados por medios estadounidenses miden el perfil y el carácter del futuro rey saudita. Crédito por la imagen: Fayez Nureldine / AFP.

Mohamed bin Salman, también referido popularmente como MBS, es considerado el líder de facto de Arabia Saudita. El joven de 32 años, hijo del rey Salman, tiene las riendas del poder, y ha ganado fama mundial por ser la cabeza detrás del acelerado plan de reformas culturales y empresariales para modernizar el país.

Entre otras cosas, Salman junior quiere construir una mega ciudad de cero, revertir la completa dependencia saudita al petróleo, crear un clima propicio para los negocios, acabar con la corrupción, los privilegios y el nepotismo de la casta privilegiada, y contrarrestar la influencia de los clérigos wahabitas. MBS conquistó algunos corazones en Occidente al anunciar, por ejemplo, que las mujeres podrían manejar, acabando así con “un símbolo global de la opresión hacia la mujer en el reino ultraconservador”. Más importante todavía, MBS quiere desasociar a su país de su reputación como financista de la yihad y el radicalismo sunita.

Teniendo en cuenta el papel que cumple Arabia Saudita como Estado custodio de los lugares santos de Meca y Medina, en cierto punto MBS pretende la misma transformación del islam. Modernizar su reino y hacerlo “más tolerante” a la globalización implica por extensión abogar por una interpretación más laxa y liberal de la religión. Por otro lado, en términos de política exterior, esta campaña se traduce en un claro antagonismo con los movimientos islámicos renacentistas y contestarios, incluyendo la Hermandad Musulmana, el llamado califato (ISIS), y la teocracia iraní.

Tres artículos publicados en medios estadounidenses reflejan el perfil de MBS, haciendo eco de sus planes, sus controversias, y su carácter atípicamente saudita.

La Primavera Árabe por fin llega a Arabia Saudita, por Thomas Friedman, New York Times, noviembre de 2017

Disponible en español, el artículo de Thomas Friedman retrata a MBS en una luz muy favorable. El autor, prestigioso periodista de renombre global, expresa su sorpresa frente a la rápida implementación de las reformas impulsadas por el joven príncipe. El artículo se basa en un encuentro que Friedman tiene con MBS en Riad, quien lo extenuó “con una descarga de ideas novedosas para transformar su país”.

En noviembre pasado MBS llevó a cabo una purga contra importantes figuras del establecimiento saudita, encerrándolas en el suntuoso hotel Ritz-Carlton de Riad. En la entrevista, esta movida es presentada como una jugada maestra de “arriba hacia abajo” contra la corrupción. (Reportes más recientes sugieren que se habrían cometido violaciones a los derechos humanos contra los detenidos.) El príncipe le dijo a Friedman que el fisco saudita habría recuperado por lo menos 100.000 millones de dólares en acuerdos con los corruptos apresados.

Finalmente, el artículo se centra en la reforma religiosa de MBS “para regresar al islam saudí al centro”, en detrimento de los conservadores y radicales. Desde luego, en línea con cualquier reformista religioso que haya habido o habrá (para bien o para mal), MBS le dijo a Friedman que no está “reinterpretando” las fuentes divinas, pero más bien “restituyendo” al islam a sus raíces.

A Saudi Prince’s Quest to Remake the Middle East, por Dexter Filkins, The New Yorker, abril de 2018

Ganador del premio Pulitzer, Dexter Filkins explora la “casa de naipes” de la política saudita, y se centra sobre todo en explicar el meteórico ascenso de Salman junior. Si bien no entra en los detalles que hacen a la substancia de un libro de intrigas palaciegas, el autor establece que MBS logró imponerse a Mohammed bin Nayef, el sobrino del rey Salman. Visto como el “zar de la seguridad” por su histórico manejo de los servicios de inteligencia y relación con la CIA, Nayef fue designado sucesor por su tío cuando este asumió el trono en 2015. Dos años más tarde, el rey cambió su decisión favoreciendo en cambio a su hijo.

Otro foco del artículo apunta a las cualidades atípicas de MBS para ser dirigente saudita, incluyendo su dinamismo, carisma, y falta de cuidado o ceremonia al tratar con funcionarios extranjeros, incluyendo mujeres. Filkins argumenta que Salman junior tiene como padrino y mentor a Mohammed bin Zayed (o MBZ), el príncipe heredero de los Emiratos Árabes Unidos. MBZ también es visto como el mandatario de facto de su país, y Filkins asegura que este ve a MBS como si fuera una versión más joven de él mismo: “inteligente, energético, y listo para confrontar enemigos”.

Finalmente, el artículo explica la política exterior de MBS y su afán por contrarrestar la influencia de Irán en Medio Oriente. En este aspecto, el autor analiza la decisión de bloquear a Qatar en junio del año pasado, y el incidente con el primer ministro libanés Saad Hariri, retenido por los sauditas y obligado a renunciar en noviembre (aunque luego la presión internacional le devolvió su puesto).

Saudi Crown Prince: Iran’s Supreme Leader ‘Makes Hitler Look Good’, The Atlantic, por Jeffrey Goldberg, Abril de 2018

Jeffrey Goldberg es otro periodista prestigioso del ámbito estadounidense. El artículo consiste de una entrevista que el redactor jefe de The Atlantic le hace a MBS durante su reciente visita a Estados Unidos. Lo más destacable son las declaraciones que el príncipe hace sobre Israel: “Creo que cada pueblo, en cualquier parte, tiene el derecho a vivir en su nación pacífica. Creo que los palestinos y los israelíes tienen el derecho a su propia tierra”.

Si bien los líderes árabes reconocen desde hace tiempo la “realidad” de Israel, es la primera vez que uno de ellos confiere cierta legitimidad a la narrativa judía. Ni siquiera Egipto o Jordania llegaron tan lejos, pese a que firmaron la paz con Israel. Por esto mismo, las palabras de MBS en la entrevista con Goldberg fueron recogidas por los medios internacionales.

El otro punto interesante del artículo es la comparación que MBS hace entre el ayatolá Ali Jamenei y Adolf Hitler. El entrevistado supone que el líder supremo iraní es peor que el füher, dando por entendido que Jamenei quiere conquistar el mundo entero, y no solamente el continente que lo rodea. Dejando de lado la exageración, las palabras del príncipe reflejan la crudeza que Arabia Saudita adopta en Yemen en miras a derrotar a las fuerzas hutíes respaldadas por Irán.

En general, estos artículos retratan a Salman junior positivamente. En mi opinión, es debatible hasta qué punto la reforma religiosa mencionada anteriormente parte de un interés sincero, y no así como respuesta estratégica al sismo causado por la llamada Primavera Árabe y los millennials que piden cambios importantes. El principal temor de los reyes y autócratas árabes siempre ha sido y siempre será perder poder y privilegios. Alternativamente, la reforma también podría plantearse como una respuesta a la nueva generación de yihadistas, que –a diferencia de otra más antigua– no dejaría de pedir por la destrucción de la monarquía a cambio de reformas a la inversa (conservadoras). Eso es precisamente lo que sucedió en Arabia Saudita en 1979.

No obstante, tengo más confianza en MBS en lo que confiere a su apertura hacia Israel. Su actitud no responde exclusivamente a la antigua máxima “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Aunque la enemistad entre Israel e Irán es claramente una de las razones que explican el acercamiento entre israelíes y sauditas, MBS entiende que no puede aislarse del Estado hebreo. Si el príncipe es realmente un visionario que quiere transformar a su país y eliminar su dependencia del petróleo, entonces probablemente entienda que Arabia Saudita debe tener lazos con semejante potencia económica, militar y científica.

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