Otra victoria para Hamas

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Ismail Haniyeh (centro) y políticos de Hamas se congregan en Gaza el 6 de diciembre de 2017 para protestar contra los planes del presidente estadounidense Donald Trump de mover la embajada de su país a Jerusalén. Las últimas protestas en la frontera entre Israel y Gaza en mayo de 2018 han resultado en una victoria política para Hamas. El moviemiento islamista utiliza a sus ciudadanos como peones sacrificables para obtener réditos políticos. No obstante, Israel debería ejercer más cautela para dar con una nueva estrategia de contención. Crédito por la imagen: dpa.

El 14 de mayo se registraron violentas protestas en el límite que separa Israel con la Franja de Gaza. Las protestas coincidieron con la inauguración de la embajada estadounidense en Israel, a exactamente setenta años desde que el Estado judío declarase su independencia. Los medios internacionales recogieron la envergadura de las protestas, que resultaron en la muerte de por lo menos 52 palestinos y cientos de heridos.

Varios países, organismos internacionales y organizaciones de la sociedad civil condenaron rápidamente a Israel por utilizar munición real y hacer un uso supuestamente desproporcionado de la fuerza. Por otro lado, fuentes israelíes presentaron evidencia que vincula a muchos manifestantes muertos con el brazo armado de Hamas, cosa que el grupo islamista no refuta. No obstante, la atención mundial nuevamente volvió a centrarse en Israel y la percibida crudeza con la que trata a los palestinos, particularmente en un momento visto por muchos como una bisagra en el conflicto. La decisión del presidente Donald Trump de reconocer a Jerusalén como la capital israelí es vista como un gesto sin precedentes para su aliado, y por ende una embestida que atenta contra las esperanzas de los palestinos.

Pero por fuera de las narraciones mediáticas, lo cierto es que el panorama es más complejo de lo que aparenta, y es conveniente repasar la situación en el terreno.

Hace pocos días tuve una entrevista radial en donde me preguntaron acerca de mi opinión sobre el accionar de Israel. Contesté que hay dos perspectivas desde las cuales se puede analizar la cuestión. En primer lugar, está la perspectiva global –el “big picture” – que se centra en las dinámicas geopolíticas o estratégicas, y resta importancia a las tragedias humanas. De estas se ocupa la perspectiva más localizada o enfocada.

Desde la primera visión se hace evidente que las recientes protestas tienen una finalidad política concreta. A propósito de disturbios similares a comienzos de abril, en este espacio escribí una columna en dónde detallaba la motivación que tiene Hamas para llevar a cabo este tipo de acciones violentas. En este sentido, para comprender la situación es necesario poder discernir entre posiciones e intereses.

Las posiciones representan el discurso que se dice para fuera, y los intereses las necesidades y objetivos reales. Las marchas del retorno y por el día de la Nakba (“la catástrofe”) palestina se perfilan como actos de resistencia a la ocupación israelí. Ahora bien, los dirigentes de Hamas no son fanáticos empedernidos, o por lo menos no necesariamente. Si bien nunca podrán reconocer la legitimidad de Israel o abandonar su preferencia por el islam político, los líderes de la organización han mostrado cierto giro pragmático en función de blanquear su imagen en las capitales sunitas. Egipto y los países del Golfo (con la notable excepción de Qatar) le han declarado la guerra a la Hermandad Musulmana y a otros grupos antisistémicos, y bajo la influencia de Irán. Por ello, en el marco de la guerra fría entre iraníes y sauditas, Hamas viene intentando mostrarse más moderada como atenta a las circunstancias regionales, y bajar el tono de su retórica belicista. El ejemplo paradigmático fue la presentación un nuevo documento político en mayo de 2017, el cual dejaba entrever la posibilidad de un Estado palestino basado en los límites de 1967.

En base a esta realidad, en mayo del año pasado pronosticaba que Hamas se abstendría de provocar a Israel, para en cambio perfilarse doméstica e internacionalmente como un actor dispuesto a negociar con sus vecinos (por lo menos con los países árabes). En retrospectiva mi análisis quizás fue demasiado optimista. Así y todo, en su momento el giro pragmático de Hamas le dio al grupo islamista el respaldo y capital político suficiente para volver a negociar con su eterno rival político, la secular Al-Fatah liderada por Mahmud Abbas. Para demostrar su disposición hacia la moderación, en octubre los islamistas se comprometieron a entregarle el control de la Franja de Gaza al Presidente Abbas. Sin embargo, esto no ocurrió. Como escribía en una columna publicada marzo, es muy difícil que el brazo armado de Hamas esté en condiciones de despedir a sus 25,000 milicianos, y con ellos abandonar toda pretensión de Gobierno sino de relevancia. Hamas y Fatah carecen de la popularidad que otrora los catapultara al liderazgo. Acaso un “manotazo de ahogado”, a principios de mayo Hamas habría reflotado la idea de una tregua indefinida (hudna) con Israel, idea que después fue tajantemente refutada por las Brigadas Qassam que componen el componente armado del grupo. Es decir, el blanqueo de imagen para afuera no solo es visto con escepticismo (con justa razón), pero también es posiblemente un factor de fricción interno en las filas de la organización.

 

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Irán es Hamás
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Publicado por Fuerzas de Defensa de Israel en martes, 22 de mayo de 2018

 

La suma de estos factores sugiere que Hamas necesita revalorizarse frente a la opinión palestina, y para ello nada resulta más efectivo que plantear resistencia a Israel. La violencia previsiblemente conduce a una retaliación dura que el mundo condenará, a su vez levantando la imagen de Hamas como víctima o defensora de la causa palestina. Como la estrategia de blanqueamiento de imagen vis-à-vis los países sunitas no trajo los resultados esperados, y no se tradujo en financiación externa, la agrupación islamista ha decidido volver al viejo paradigma de la resistencia. Eso sí, como lo recalcaba en su momento, Hamas está intentando imitar la experiencia histórica de Yasir Arafat apelando a la llamada muqawama o “resistencia civil”. Dado que Israel ahora cuenta con los medios para destruir cohetes en el aíre y acabar con túneles subterráneos, el grupo armado perdió las capacidades tácticas con la que contaba hace una década. Por ello no le queda otra opción que hacer la guerra por otros medios.

Otra variable que a mi modo de ver las cosas explica el énfasis que Hamas ha puesto a las protestas es la deteriorada salud de Mahmud Abbas. El sucesor de Arafat tiene 83 años y no tiene heredero a la vista. Esta situación seguramente esté conduciendo a un feudo por el liderazgo de la Autoridad Nacional Palestina (ANP – dominada por Fatah), y por el derecho a representar la causa que esta engloba. En estos momentos tan delicados, desde un punto de vista cínico lo único que puede hacer Hamas es jugar a su carta de “freedom fighters”, con la esperanza de obtener réditos políticos en la calle árabe.

Volviendo a las premisas, ya establecido el contexto, también es importante repasar la situación por medio de la segunda perspectiva, aquella que se enfoca en los hechos puntuales y en el drama de las personas que caen presas de las circunstancias. No hay duda de que la respuesta israelí fue muy dura, y es innegable que las imágenes desgarradoras retratan el sufrimiento de civiles, muchos de ellos seguramente desarmados a la hora de protestar. Por otro lado, tampoco debería haber duda de que Hamas movilizó a sus elementos violentos para provocar, e intentar hacer un hueco en la valla fronteriza para luego infiltrarse a Israel.

En mi opinión, Israel tiene que operar con más cautela. Esto significa encomendarles a expertos militares la tarea de diagramar una estrategia de contención que resulté en menos muertes, y que puede sacar provecho de nuevas tecnologías. No soy experto en la temática, pero quizás valga la pena estudiar el empleo de armas sónicas: equipos que emiten ondas de audio que son capaces de desorientar y dispersar a grandes multitudes. Sin ir más lejos, como establece el coronel británico (retirado) Richard Kemp, cada muerto es parte del cínico juego de Hamas. Los soldados israelíes deben recibir capacitación y entrenamiento para ser más cautos al momento de disparar. Según un testimonio, los uniformados ejercieron un esfuerzo de autocontención para minimizar las bajas palestinas, pero cuando los milicianos llegan envalentonados (en grandes números) y armados a la valla de separación se volvió difícil mantener la cordura. No debe ser fácil estar en una situación semejante. La crítica a Israel en este aspecto es válida, y creo que es menester que los israelíes hagan gala de su genio para la creatividad, y encuentren el modo de innovar para reducir bajas civiles y enemigas (militantes armados) en la próxima refriega.

En suma, Hamas ha ganado el round, y se lleva una victoria que puede utilizar para conquistar espacios en la política palestina, y mermar la influencia del anciano y decadente Abbas.

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