U Thant y la crisis del Sinaí de 1967

Artículo en inglés publicado en ACADEMIA el 30/07/2017.

El secretario general de las Naciones Unidas, U Thant (izquierda), y el líder egipcio Gamal Abdel Nasser reunidos en mayo de 1967. El legado de U Thant ha quedado embarrado por críticas que sugieren que el secretario general podría haber utilizado su investidura para solucionar la crisis de 1967.

Tal como lo discutía anteriormente en este espacio, es posible analizar la guerra de los Seis Días como una sucesión de eventos desafortunados, donde cada bando malinterpretó las intenciones del otro. En esencia, Gamal Abdel Nasser no buscaba la destrucción de Israel, mas no obstante sí necesitaba dibujarla como algo plausible en la mente de su gente. Con Egipto sumido en una crisis económica de envergadura, atascado en una guerra interminable en Yemen (el “Vietnam” egipcio), y con benefactores soviéticos cada vez más reticentes a prestarle ayuda, Nasser necesitaba mantenerse vigente como el campeón de la causa panarabista.

Por eso, cuando en mayo de 1967 se presentó una oportunidad para revalidar su reputación, Nasser mandó a militarizar el Sinaí. Justificó su postura en la supuesta intransigencia y belicosidad israelí hacia Siria. Lo cierto es que con este accionar se dio por iniciada una de las crisis diplomáticas más trascendentales del siglo XX. (Entre que Nasser mandó sus fuerzas al Sinaí e Israel lanzó su ataque sorpresa trascurrieron veinte días.)

En retrospectiva, el legado del entonces secretario general de las Naciones Unidas, U Thant, ha quedado manchado por estos eventos. Los críticos argumentan que, si bien estaba limitado por algunas cuestiones formales, U Thant podría haber utilizado la investidura de su oficina para calmar las tensiones, tal vez previniendo la guerra. En este sentido, U Thant es a veces acusado de no haber estado a la altura de las circunstancias, y de no haber sabido actuar con inteligencia y sagacidad. En esta sintonía, la principal acusación contra su figura está relacionada con su decisión de ordenar la retirada de los cascos azules del Sinaí, virtualmente inmediatamente luego de que Nasser se lo pidiera. Algunos sugieren que U Thant podría haber demorado dicha orden, apelando acaso a un debate internacional, o bien ejerciendo presión sobre Egipto.

Con el objeto de discernir qué tan justas son estas acusaciones escribí un artículo académico para una asignatura en la Universidad de Tel Aviv. El mismo está en inglés y se puede acceder a través del sitio Academia.edu. No descarto traducirlo en el futuro, quizás como parte de una publicación.

Las lecciones no aprendidas de la guerra de los Seis Días

Ensayo Original. Publicado también en INFOBAE el 11/06/2017, en una versión acotada.

Fuerzas blindadas israelíes en acción en el desierto del Sinaí, el 5 de junio de 1967. Las causas que llevaron a la guerra de los Seis Días recuerdan que hay lecciones no del todo aprendidas a la hora de evaluar la situación en Medio Oriente. Crédito por la imagen: AFP / Getty.

El 5 de junio marcó el quincuagésimo aniversario de la guerra que cambió la faz de Medio Oriente. Por medio de una operación relámpago, Israel derrotó a las fuerzas egipcias, jordanas y sirias que lo rodeaban. A Egipto le arrebató el Sinaí y la Franja de Gaza, derrumbando la estela de Gamal Abdel Nasser como campeón árabe. En tanto, el rey Hussein de Jordania perdió su control sobre Cisjordania y sobre Jerusalén oriental. Además, Israel le quitó a Siria las alturas del Golán, humillando al entonces ministro de Defensa sirio, Hafez al-Assad (el padre de Bashar).

La victoria israelí llegó como un batacazo. No se creía plausible que el Estado judío pudiese alcanzar semejante victoria. No solo que derrotó simultáneamente a sus vecinos, sino que afianzó su mera existencia como un hecho inalterable. En términos estratégicos de la época, con el incremento de armamento soviético en la región, Israel se convirtió en el cliente cercano de Estados Unidos, forjando una “relación especial” que se mantiene medio siglo después. Tras la muerte de Nasser, Anwar Sadat buscaría algo parecido, cambiando las lealtades de Egipto en favor de Washington. Asimismo, el evidente fracaso de los ejércitos árabes se tradujo en la irrelevancia política del panarabismo. Por eso, desde 1967 en adelante, cada Estado árabe prioriza su raison d’être, velando por sus intereses nacionales por sobre los asuntos de otros países.

Por otro lado, la expansión territorial israelí sobre territorio egipcio y jordano exacerbó el drama palestino, dando inicio a la polémica de los asentamientos judíos, que lejos está de poder resolverse. En este aspecto, la guerra repercutió en la fusión de significantes religiosos con nacionalistas, arrojando un legado dificilísimo de superar. Mientras que el triunfo israelí acrecentó la influencia del sionismo revisionista y religioso, la debacle de las fuerzas árabes repercutió en el fortalecimiento de la causa panislamista, convulsionando reivindicaciones territoriales con motivos islámicos.

Con motivo de la ocasión, varios autores y analistas publicaron crónicas rememorando la guerra, haciendo énfasis en los resultados; explorando estas secuelas punzantes. No obstante, también es conveniente reparar en la discusión historiográfica acerca de sus causas. Vistas en perspectiva, las causas que llevaron a la guerra recuerdan que hay lecciones no del todo aprendidas a la hora de evaluar la situación en Medio Oriente. Continuar leyendo “Las lecciones no aprendidas de la guerra de los Seis Días”

Al-Sisi: ¿un nuevo Nasser?

Publicado originalmente por INFOBAE el 23/02/2015.

Un simpatizante de Abdel Fatah al-Sisi porta un afiche del actual líder egipcio junto con la foto de Gamal Abdel Nasser, el 24 de enero de 2014. Crédito por la imágen: Reuters / Amr Abdallah Dalsh.

Desde que Abdel Fattah al-Sisi asumiera la presidencia de Egipto en junio del año pasado, analistas y comentaristas de distintos medios han jugado con la comparación entre su figura y aquella de Gamal Abdel Nasser. ¿Se ajusta el perfil de al-Sisi, militar de carrera, con el del icónico populista de la Guerra Fría, también militar convertido en Jefe de Estado? Y si lo hace, ¿en qué sentido, y hasta qué punto?

El contraste, para empezar, es precisamente a lo que apostó al-Sisi cuando dio a conocer su intención de ser presidente. Para su campaña, el entonces ministro de Defensa montó pancartas y gigantografías con su imagen, mostrándolo en un tono robusto y al mismo tiempo simpático. Buscaba transmitir seguridad y a la vez carisma. Quería convertirse en la personificación de las fuerzas armadas, la institución más respetada de Egipto, y acaso transmitir el legado de uno de sus mayores exponentes históricos. Simpatizantes ayudarían en este cometido elevando fotografías de al-Sisi y Nasser lado a lado. Continuar leyendo “Al-Sisi: ¿un nuevo Nasser?”