Conceptos de seguridad nacional israelí

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Dan Schueftan, director del National Security Studies Center de la Universidad de Haifa, opina que Israel debe retirarse unilateralmente de los territorios desconectados con el Estado hebreo propiamente dicho. Para él, la seguridad es un concepto holístico que debe tener en cuenta un número amplio de variables, y que en definitiva se remite a la preservación de una construcción nacional. Crédito por la imagen: fotografía propia, tomada en la Universidad de Haifa.

Hoy tuve la oportunidad de asistir a una clase dictada por Dan Schueftan, director del National Security Studies Center de la Universidad de Haifa (NSSC). Schueftan es un académico internacionalmente reconocido, y, entre sus méritos profesionales, asesoró a Isaac Rabin y a Ariel Sharon en cuestiones estratégicas.

Durante la clase, que fue planteada a modo de introducción para el NSSC, este politólogo habló sobre las disyuntivas y las polémicas entre árabes e israelíes. La exposición duró una hora y media, y Schueftan usó la oportunidad para compartir sus reflexiones elementales acerca del presente conflicto, y elucidar sobre las prospectivas soluciones. Por ello, dada la relevancia del tema, me propongo reproducir aquí sus argumentos principales.

¿Qué es la seguridad nacional?

En primera instancia, Schueftan desarrolló un concepto integrador sobre seguridad nacional. Según lo explicó, la seguridad no se atañe meramente a la posesión de instrumentos de guerra. En cambio, la misma abarca holísticamente las distintas variables, sean políticas, sociales o económicas, que impactan en la vida cotidiana, y que tienen el potencial de socavar, de un modo u otro, la resiliencia del país que se tome en cuestión. En definitiva, al hablar de seguridad nacional, para Schueftan se está hablando sobre todo de lo que tiene que saber un decisor a la hora de tomar una decisión de carácter nacional.

Bajo esta definición, no es correcto medir la seguridad de un país en base a las guerras que ha ganado. Discutiblemente, pese a proyectar fuerza en el plano externo, un país puede presentar severas fracturas en el plano doméstico. Estas, de no ser remediadas a tiempo, podrían conducir a un escenario de desintegración política que poco tiene que ver con el uso de la fuerza militar. Para ilustrar el punto, Schueftan mencionó a Rusia y a los países europeos.

Sobre Rusia, puede decirse que, gracias a su legado imperial y a su competencia en lo militar, se posicionó como una potencia mundial. Sin embargo, tal como lo advirtió el orador, Rusia presenta cisuras internas en materia de desarrollo, y sobre todo en función de una población cada vez más vieja, sin jóvenes para mantenerla. Más allá de sus éxitos bélicos en Crimea o en Siria, para Schueftan Rusia está comenzando a desintegrarse como consecuencia de una alta tasa de mortalidad, y una baja tasa de natalidad.

Europa se enfrenta a un problema demográfico similar, conjugado con el aumento de la población de origen árabe y musulmán, que –como he discutido en este sitio– no logra o no sabe integrarse a la cultura occidental y secular que caracteriza a las entidades europeas. Schueftan caracterizó la islamización de Europa como uno de los principales desafíos que el Viejo Continente tiene por delante, y, en este sentido, criticó satíricamente el comportamiento de las élites europeas, ciegas ante este problema.

Tal como hacen muchos académicos israelíes, Schueftan es determinista, acaso pesimista, en cuanto a la posibilidad de integrar a los colectivos musulmanes a coyunturas secularizadas. Sugirió que los Estados, como entidades políticas modernas, ocupan poco peso en el imaginario identitario de los musulmanes; y, al caso, aseveró que los musulmanes israelíes constituyen una quinta columna en el seno de la sociedad. Para él, estos están bajo la influencia de una narrativa que niega la misma legitimidad de Israel. Sin importar los beneficios relativos que una ciudadanía israelí confiere, los árabes musulmanes siempre se identificarán más con las causas de los Estados árabes lindantes que con la idea de Israel.

En cierto punto la exposición de Schueftan fue una muestra de politisches Kabarett. Cual humorista alemán, el expositor ironizó sobre temas serios de la contemporaneidad, apelando a anécdotas personales, y a una apreciación ácida sobre la realidad. Por ejemplo, refiriéndose a los límites del multiculturalismo, contó una alegoría sarcástica: Cinco hombres se sientan a cenar en un restaurante. El primero pide carne, el segundo pide pollo, el tercero es vegetariano, el cuarto come kosher, y el quinto anuncia que es caníbal. En eso, los demás, y especialmente el judío observante, se preguntan si son comensales, o si en cambio están en el menú.

El académico explicó con este tono la situación en Europa. Ridiculizó a funcionarios retóricos de la Unión Europea, siempre predispuestos a criticar a Israel, y sin embargo ciegos frente a la transformación que están sufriendo sus sociedades como resultado de su incomprensión elemental acerca del universo mental de los árabes, y la cosmovisión que confiere el islam, generalmente antitética con la política secular.

Seguridad es preservar la construcción nacional

Valiéndose de estos puntos, Schueftan recalcó que lo más importante de la segurología es preservar la construcción de la nación. Esta es la razón por la cual remarcó la situación que padece Europa, la cual parece vivir –según el profesor israelí– en un mundo virtual color de rosa, donde todos los problemas se pueden resolver pacíficamente. Por esto mismo, aseguró que es paradójico que Israel sea denigrado precisamente por aquellas sociedades (occidentales) con las que tiene más en común.

Para Schueftan está claro que la principal amenaza a la seguridad europea se encuentra en las comunidades islámicas que proliferan en los países del continente, erosionando los cimientos seculares y positivistas con los cuales están construidas sus sociedades. Pero advierte que Israel también está enfrentándose a sus propias contradicciones, y que, en definitiva, su seguridad pasa por salir de las controversias con la frente en alto, sin sacrificar sus valores en la consecución de sus intereses nacionales. A lo sumo, según la sugestión presentada en la clase, la única diferencia entre Europa e Israel es que mientras la primera se engaña así misma sobre sus prioridades, Israel es consciente de lo que está en juego.

En el caso de Israel, el Estado nacional judío, la construcción de una entidad política autónoma y soberana fue un proceso crítico, sin parangón en la historia. Schueftan se tomó su tiempo en notar los logros esenciales del colectivo israelí. Por descontado, lo que primero viene a la mente es la propia supervivencia del Estado, rodeado –si uno toma como cierto el determinismo del expositor– por enemigos que querrán borrarlo implacablemente del mapa. Sin embargo, para el experto, los verdaderos logros de Israel se miden en la consolidación de un Estado con una ascendencia identitaria clara. Se refirió al espíritu pionero de los primeros sionistas, a los valores y directrices morales que encontraron cabida en Israel; al hebreo, que como lengua marcó una trayectoria especial, siendo el único lenguaje renacido para un uso práctico y cotidiano.

También se refirió al ejército israelí, y dijo que este, como fuerza ciudadana que es, cubre una función social en integrar a personas de diversos orígenes y matices. Añadiendo sustancia al particularismo israelí, dijo que es un “ejército desmilitarizado”, es decir, sin una cultura o disciplina militar. El idioma hebreo no se caracteriza por ser uno formal, pensando para la boca del respetuoso (en hebreo no existe “¡señor, sí señor!). Al final del día, los soldados son civiles, amigos, colegas, pares, e iguales. Esto es lo que más atesora este politólogo. La cultura de solidaridad que se extiende desde lo alto a lo bajo: desde los mandos condecorados hasta los que recién comenzaron su entrenamiento.

Yendo a su argumento principal, Schueftan desarrolló que, para entender la seguridad de Israel, uno tiene que percatarse que lo más importante es preservar la esencia del país, no como un Estado democrático, mas como una sociedad abierta. Insistió que este término es más propicio que hablar de una sociedad democrática, pues Israel es mucho más que un régimen político. En breve, es un país en el cual, a pesar de la constante sombra de guerra, uno puede desenvolverse libremente, en un entorno liberal y pluralista.

De este modo, volviendo a las premisas, Schueftan grabó en la audiencia que velar por el alma del país es más importante que preservar su integridad territorial. Podría decirse que la tesis se remite a la pregunta existencialista, “¿para qué peleamos?”. Para el expositor, la seguridad de Israel pasa por preservar su construcción nacional, su modo de vida, y no así necesariamente la patria judía, entendida en un sentido histórico-revisionista. Sin ir más lejos, esto significa, por un lado, que Israel no puede permitirse ser tolerante con aquellos que pretenden su erradicación y niegan su derecho. En este punto Schueftan es implícito en cuanto a la importancia de proyectar la fortaleza adecuada mediante el poder de la disuasión militar.

Bien, por otro lado, la seguridad israelí implica que (de aquí a futuro), el Estado no puede consentir a que las discusiones nacionales sean jurisdicción exclusiva de un solo sector, incluyendo a aquellos religiosos ortodoxos, que cada vez ganan más protagonismo en la escena pública. Pero esta reflexión también expresa un tercer punto importante. En el momento en que Israel cae en la tentación de comportarse como sus enemigos –o, es decir, “transita por el camino fácil” – el Estado hebreo se estará convirtiendo en otra cosa, y perderá su esencia.

Retirada unilateral de los territorios

Central en su exposición, y nuevamente, en términos de seguridad nacional, Schueftan hizo una distinción entre posiciones e intereses. Opinó que, si bien Israel tiene un claro derecho histórico a la totalidad de la tierra disputada, preservar la suma de su patrimonio bíblico no está en sus intereses. Expresó que por cuanta justificación ideológica pueda haber (en Israel) para convenir la anexión de los territorios en Judea y Samaria (Cisjordania), la cruda verdad es que la vida es injusta, y que por ende se debe tratar a la realidad tal y como es.

Dadas las creencias negativas de Schueftan en relación a la actitud de los vecinos de Israel –a mi criterio bastante justificadas– el polemista repitió la conclusión que le trajo notoriedad en primer lugar. A Israel le es prácticamente imposible hacer la paz con los palestinos por una simple mas incomprendida razón: no habrá nadie con quien negociar, en tanto los árabes profesen un odio visceral hacia el Estado judío, demarcado en cada faceta de su vida diaria. No obstante, por lo expresado recién, como Estado liberal, abierto y pluralista, Israel no debe permitirse llegar a una situación de la que no haya marcha atrás. Es en este sentido que para Schueftan la anexión de territorios desconectados de Israel propiamente dicho, se convierte en una posición insostenible; en un bagaje que hunde bajo su peso el carácter franco de la sociedad hebrea.

Schueftan desarrolló esta idea detenidamente en su labor académica (la cual aún no he consultado). Por lo que elaboró durante esta clase, como respuesta al impasse, a lo que en mis propios términos es la posición renegada de Israel –el saber que la paz es necesaria, pero percatarse de que no es posible obtenerla, el profesor auspició categóricamente retiradas unilaterales. Él las llama control de daños, o damage control. De hecho, a Schueftan se le reconoce haber influenciado a Ariel Sharon, en su decisión de llevar adelante el plan de desintegración de la Franja de Gaza en 2005.

El académico reconoció entender que, así como sucedió luego de la retirada de Gaza, las concesiones israelíes serían retrucadas con mayores cuotas de terrorismo. Sin embargo, y aquí otra vez su tesis, discutió que unos cuantos cientos o incluso miles de muertos no pondrán en jaque la identidad de Israel. Arguyó que este tipo de medidas son moralmente correctas, justamente porque salvaguardan a la sociedad israelí de tener que sostener indefinidamente una situación crítica, en donde a la larga, la única manera de perseverar es comportarse como un dictador árabe. En enero de este año, Isaac Herzog, líder del laborismo israelí (actualmente en la oposición), asumió una posición similar.

Escuchar a Dan Schueftan fue muy interesante. Se trata de un académico con un sentido pragmático e inmediato de la realidad. Como tantos otros, entiende que hay valor epistémico en una sociedad abierta. Sin embargo, a diferencia de tantos otros, reconoce en simultaneo, al hablar de Israel, que los constructos nacionales que derivan o se gestaron en dicha sociedad, como la creatividad, el ingenio, la resolutiva, la resiliencia –y, en fin, todo aquello que hace a los israelíes únicos– no es algo cuya continuidad pueda darse por sentado.

Por esto mismo, para Schueftan la segurología es el campo del optimista inteligente, del sujeto que es consciente de que las cosas pueden empeorar, y que de hecho sospecha que posiblemente lo harán. Es proactivo, y a diferencia del optimista necio, que preserva una visión inmutablemente buena acerca del futuro, se preocupa por cómo fortalecer su entorno, su sociedad, su país, para adelantarse a los cambios, y sobreponerse a los desafíos.

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