¿Qué significa la salida de Bolton?

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El ahora exconsejero de Seguridad Nacional John Bolton en Bielorrusia el 29 de agosto de 2019. La desvinculación de Bolton de la administración de Donald Trump solo exacerba el carácter unipersonal de la política exterior de Estados Unidos. Crédito por la imágen: Sergi Gapon / Getty.

El 10 de septiembre Donald Trump anunció por Twitter que John Bolton dejaría el cargo de consejero de Seguridad Nacional. El presidente estadounidense dio a entender que las ideas de Bolton no cuadraban con el resto de la administración. Si bien aún no se ha revelado quién ocupará el puesto vacante, lo cierto es que la salida de Bolton hace ruido por varios motivos.

A primera vista, su desvinculación llama la atención por la supuesta afinidad ideológica entre jefe y subordinado. El magnate cree firmemente en el rol del garrote en política exterior y dado su carácter agresivo, prepotente y a veces impredecible, sus insinuaciones belicistas son tomadas en serio. Bolton comparte una disposición similar hacia las fuerzas armadas y tiene ego de estratega, mas no deja de ser un intelectual sin la última palabra – sin poder de decisión. Algunos lo describirían como un halcón frustrado, solo rescatado de la ignominia política el año pasado.

Otra cosa que despierta interés es el hecho de que Donald se deshace de ministros como Enrique VIII de esposas. Con excepción del vicepresidente y el secretario del Tesoro, todas las carteras principales han cambiado de manos reiteradamente. Bolton era el tercer asesor de Seguridad en casi tres años de presidencia. Esto habla más de la personalidad del comandante en jefe que de las aptitudes y competencias de sus servidores.

¿Qué sucederá entonces con la política exterior norteamericana? Así como viene la marcha, los desencuentros constantes en la Casa Blanca indican que la agenda mundial de Estados Unidos se está convirtiendo en lo que los anglosajones llamarían one-man show, la función exclusiva del gran jefe.

En principio, los analistas indican que el despido de Bolton se traducirá en posiciones más centradas, más pragmáticas y por tanto flexibles, sobre todo en función de temas candentes como Afganistán, Corea del Norte, Irán, Rusia y Venezuela. Si Trump define la doctrina de seguridad nacional con la dicotomía “realismo basado en principios”, cabe sospechar que el elemento realista ganará peso por sobre el ingrediente ideológico.

Según varias fuentes, Bolton no estaba dispuesto a acomodarse al estilo empresarial del presidente. Así como se reunió con el dictador norcoreano Kim Jong-un, Trump aspira a encontrarse con el presidente iraní Hassan Rouhani. Se dice incluso que el magnate evalúa verse con Nicolás Maduro. Trump ve estas opciones como instancias necesarias y convenientes en el tira y afloja de la política mundial, especialmente porque se condicen con su estilo de diplomacia personalista.

Trump cree que no existe diferencia fundamental entre una negociación corporativa y otra estatal. Para que ambas tengan éxito, hay que mostrar músculos para intimidar a la otra parte. Luego la relación se recompone en encuentros presenciales cara a cara, desde donde buscar común acuerdo.

Fuentes anónimas citadas por los medios sugieren que este enfoque incomodaba demasiado a Bolton, siempre partidario de utilizar mano dura con los enemigos. El propio Trump confirmó esta observación en público, y lo hizo menospreciando a su ahora exasesor por haber ofendido a Kim Jon-un. Según los dichos del presidente, el líder norcoreano “no quiere saber nada de Bolton”.

El halcón mostachón había amenazado a Pyongyang con detonar el proceso de diálogo si Kim no se comprometía, de antemano, a desprenderse de todo su arsenal nuclear siguiendo el modelo libio (que en retrospectiva propició la caída de Muamar Gadafi). Domésticamente hablando, Trump asumió un costo político elevadísimo cuando llevo a Kim a la mesa de negociaciones, a lo que la rigidez doctrinaria de Bolton se convirtió no solo en un estorbo, pero también en una traición. Este presidente exige lealtad por sobre capacidad. No por poco eleva a su entorno familiar a posiciones de poder e influencia.

En vista del contraste entre los personajes de esta historia, los analistas sospechábamos que artículos como estos son parte de una crónica anunciada. Cuando Bolton fue designado en marzo de 2018 escribí que nadie se sorprendería si era despedido al cabo de algunos meses. En este sentido, sea para su fortuna o infortunio, quizás el exasesor duró en el cargo más de lo que él mismo había previsto.

Ahora bien, como todo en la administración Trump, ningún análisis coyuntural es libre de contradicciones. Mientras los medios plantean que Bolton se presentaba en reuniones de gabinete con planos y esbozos para una operación militar en Venezuela, el presidente twitteó que su postura hacia el castrochavismo es incluso más dura que la del consejero destituido.

Hay fuentes que indican que Bolton se jugó su reputación apostando por Juan Guaidó y la estrategia de dividir internamente a las fuerzas armadas venezolanas. Esto es, la idea de apoyar encubiertamente a militares de alto rango, mediante dadivas y amnistías, para que se decidieran a derrocar a Maduro y colocar a Guaidó en su lugar. La falta de progreso en este frente habría impacientado al presidente. Por algo aseguró que Boltón “se extralimitó” con Venezuela, lo que da a entender que se atribuyó prerrogativas que solo le pertenecen al inquilino de la Casa Blanca y a su círculo íntimo.

El 11 de septiembre, inmediatamente después del despido, el Departamento de Estado anunció que la Casa Blanca apoyará a la Organización de los Estados Americanos (OEA) en invocar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Esta decisión implica tipificar al régimen bolivariano como una amenaza militar hacia el hemisferio. En consecuencia, su relevancia radica en crear un precedente jurídico para legitimar acciones armadas contra Maduro y compañía.

Este desarrollo medidamente confirma que Trump busca un enfoque más directo y confrontativo, pero solo en la medida que busca allanar el paso para que luego puedan darse negociaciones de alto nivel como sucedió con Corea del Norte. Considerando que Estados Unidos ya reconoció a Guaidó como presidente interino, cabe preguntarse que mensaje estaría enviando Washington si Trump se reúne con Maduro. Este tipo de divergencias y contradicciones en la administración también se perciben en otros puntos en la agenda.

Por ejemplo, Bolton se oponía completamente a las negociaciones con los talibanes que venían teniendo lugar en Doha, donde se esbozaba la retirada de las tropas norteamericanas remanentes. Así y todo, irónicamente, luego de la salida de su asesor halcón, el 9 de septiembre Trump dijo que cancelaba una cumbre secreta con una delegación afgana en Camp David; a raíz de un atentado talibán en donde murieron doce personas, entre ellas un soldado estadounidense.

En mi opinión, cualquier dialogo con los talibanes es y será infructífero, especialmente si lo que se busca es que los extremistas abandonen el yihadismo y permitan el desarrollo de una democracia con garantías cívicas. Entre atentados y ataques aéreos, Afganistán está pasando por uno de los períodos más violentos de su historia. Pero más allá esta discusión, lo concreto es que Trump continuando decidiendo asuntos clave de política exterior sin cuidado por el debido proceso. Canceló el encuentro de Camp David no porque Bolton u otros asesores se lo hubieran planteado, pero más bien porque es preso de sus estados de ánimo, pues sigue exclusivamente a su instinto.

Trump ejecuta la política exterior estadounidense desde su celular mediante tweets sin participar necesariamente a su equipo. Y si bien este estilo de liderazgo unipersonal ofrece cierto margen de éxito al lidiar con autócratas (lo que yo llamo “factor Trump”), la lista creciente de funcionarios despechados abandonados en el camino marca que este modus operandi es insostenible sino irresponsable. Quien reemplace a Bolton tendrá que sopesar la misma reflexión y calcular si merece la pena servir en la administración Trump.

La cumbre de Bahréin: ¿paz para la prosperidad?

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 27/06/2019 bajo el título “Entendiendo ‘Paz para la Prosperidad’, el ambicioso plan de Trump para el Medio Oriente.

Con este afiche, el 22 de junio la Casa Blanca dio a conocer el llamado plan “Paz para la Prosperidad” (Peace to Prosperity) como nueva aproximación al conflicto israelí-palestino. Discutido en Bahréin, la iniciativa busca inyectar miles de millones de dólares en los territorios palestinos para sucitar la paz por medio de desarrollo economico. ¿Es factible?

Entre el 25 y el 26 de junio se celebró en Manama, Bahréin, un workshop por la paz promovido por Estados Unidos y los países sunitas del Golfo con miras a solucionar el conflicto israelí-palestino. Orquestado por Jared Kushner, el yerno de Donald Trump, el evento promociona el plan “Paz para la Prosperidad”. Consiste en ofrecer desarrollo económico como medio para resolver o más bien diferir controversias políticas.

En esencia, Kushner adelantó que Estados Unidos y sus aliados del Golfo planean inyectar 28 mil millones de dólares a Gaza y a Cisjordania en los próximos años para crear puestos de trabajo y reducir así los índices de pobreza. Además, para crear un entorno regional favorable, también se transferiría capital en montos semejantes para ayudar al desarrollo de Egipto, Jordania y Líbano.

Desde luego, la gran duda estriba en preguntarse hasta qué punto el plan es viable, o bien qué posibilidades tiene de ser aceptado. Por lo pronto, el liderazgo palestino rechazó el plan de cuajo, describiéndolo como un gastadero que no comprará ninguna solución. Según alegan sus políticos, las propuestas de la Casa Blanca buscan sobornar a los palestinos para que renuncien a sus aspiraciones territoriales. Asumiendo que este rechazo sea inmutable, ¿qué puede esperarse de este programa? Continuar leyendo “La cumbre de Bahréin: ¿paz para la prosperidad?”

Tensiones en el Golfo: ¿guerra a la vista?

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 29/05/2019.

El portaviones clase Nimitz USS Abraham Lincoln transita por el Canal de Súez el 8 de Mayo de 2019. Estados Unidos envío una flota al Golfo persa luego de que las tensiones con Irán incrementaran en los últimas semanas debido a la reintroducción de sanciones ecónomicas que buscan congelar la industria petrolera iraní. Crédito por la imágen: U.S. Navy.

El 24 de mayo se confirmó que Estados Unidos enviará un contingente de 1500 tropas a Medio Oriente para contrarrestar lo que se percibe como la amenaza de Irán. Por otra parte, ese mismo día, la administración de Donald Trump aprobó la venta de armamento avanzado a Arabia Saudita por 8 mil millones de dólares. El gabinete del presidente no buscó la aprobación del Congreso, argumentando que la situación con Irán es crítica y amerita medidas urgentes para salvaguardar la seguridad nacional. Se espera entonces que los sauditas reciban armamento inteligente, especialmente munición para bombas guiadas (PGMs).

Estas medidas responden a los hechos del 12 de mayo, cuando cuatro buques petroleros, dos sauditas, uno noruego, y otro emiratí, sufrieron atentados en las costas de los Emiratos Árabes Unidos, en el Golfo pérsico. Fuentes gubernamentales en Riad y Abu Dabi, con el apoyo estadounidense, hablaron de sabotaje y culparon directamente a Irán. Investigaciones posteriores habrían revelado que dichos incidentes fueron provocados por cargas explosivas debajo de la línea de flotación de los buques. Según la tesis en boga, estos atentados tienen como protagonistas a los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, el brazo terrorista de las fuerzas armadas iraníes. Por su parte, el Gobierno iraní afirma que estos hechos responden a una operación de falsa bandera, o sea, a una maniobra encubierta para culpar deliberadamente a Irán de algo que no hizo.

En concreto, aparte de lo ya mencionado, este desarrollo llevó a Washington a despachar una flota liderada por el portaviones USS Abraham Lincoln al Golfo, donde la armada condujo ejercicios militares. Más allá de que existe posibilidad de conflicto, el riesgo geopolítico gira en torno al estrecho de Ormuz, probablemente el cuello de botella más relevante en la ruta del petróleo. En vista de estas controversias, ¿qué nos dicen las tensiones acerca de la posibilidad de guerra? Continuar leyendo “Tensiones en el Golfo: ¿guerra a la vista?”

Altos del Golán: mitos y verdades

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 28/03/2019 bajo el título “Entendiendo el conflicto por los Altos del Golán”.

Soldados israelíes apostados en los Altos del Golán miran hacia la provincia siria suroccidental de Quneitra, el 7 de julio de 2018. Israel capturó el Golán durante la guerra de los Seís Días en 1967.  Ningún Estado reconocía a dicho territorio como israelí, pero el 25 de marzo Donald Trump firmó una declaración reconociendo al Golán como territorio israelí. Crédito por la imagen: Jalaa Marey / AFP / Getty Images.

El 21 de marzo el presidente estadounidense Donald Trump anunció por Twitter que llegó la hora de reconocer la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán. Finalmente, lo hizo oficial el 25 de marzo con una proclamación en la Casa Blanca en presencia del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Evidentemente, siguiendo el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, la decisión de Trump fue recibida con júbilo por el liderazgo de dicho país. En cambio, tal y como era previsible, la nueva política de Washington fue condenada por varios países y por los adversarios del Estado hebreo.

La noticia ha sido tratada desde distintos ángulos, cubriendo algunas verdades y difundiendo a la vez ciertos mitos. Por eso, a razón de las circunstancias, vale la pena revisar la situación del Golán y preguntarse en qué cambia o afecta a Medio Oriente el anuncio de Trump, y si acaso tienen sentido las alarmas de la comunidad internacional. Continuar leyendo “Altos del Golán: mitos y verdades”

¿Existe estrategia estadounidense en Medio Oriente?

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En este espacio me pregunte más de una vez si Estados Unidos tiene una estrategia en Medio Oriente. Esta duda acosa a muchos analistas y es alimentada por una serie de políticas contradictorias y ambivalentes en los últimos años. Crédito por la imagen: Krill Makarov / Shutterstock.

Entre los analistas está en boga preguntarse cuál es la estrategia de Estados Unidos en Medio Oriente, si es que acaso existe. Como vengo discutiendo en este espacio, desde la presidencia de Barack Obama se percibe que la hegemonía norteamericana en tierras árabes está terminando.

Esta impresión estriba en una serie de decisiones de alto nivel que mermaron la reputación de Washington para con sus aliados. A los efectos de sintetizar, entre otras cosas podría decirse que la retirada estadounidense de Irak facilitó la rápida expansión de la insurgencia yihadista, dando pie al llamado Estado Islámico (ISIS). Durante la Primavera Árabe, la Casa Blanca abandonó a su suerte a los autócratas amigos, dando lugar a un renacimiento islamista que, en Egipto, llevó a los hermanos musulmanes al poder. En cambio, Obama no mostró empeño por apoyar revueltas populares en países enemigos, so pena de contrariar al Gobierno iraní con el que finalmente acodó el pacto nuclear. Tampoco hizo valer las líneas rojas que él mismo estableció para amedrentar al régimen damasceno, posibilitando que los rusos intervinieran Siria sin miedo a retaliaciones.

Indistintamente de si estas políticas constituyen errores o aciertos, la presidencia de Donald Trump parece seguir transitando por esta ruta. Más allá de una postura dura contra Irán, el mandatario anunció la retirada de un número reducido mas no obstante significante de tropas en Siria, ofreciendo concesiones gratuitas a rusos e iraníes. Si existe una estrategia estadounidense, esta podría describirse como un desentendimiento orquestado de Medio Oriente. Para los críticos, la ambigüedad distintiva del presidente habla más bien de un enajenamiento improvisado, sugiriendo que –si bien Estados Unidos está retirándose de dicha región– no sabe cómo hacerlo de forma ordenada y sin causar embrollos.

Esta es la disyuntiva que plantea la revista Mosaic a lo largo de cinco artículos publicados en enero y planteados con el formato de un debate. ¿Tiene Estados Unidos un plan para Medio Oriente? Continuar leyendo “¿Existe estrategia estadounidense en Medio Oriente?”

El Factor Trump 2.0

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 25/12/2018 bajo el título “¿Quién gana con la returada de Estados Unidos de Siria y Afganistán?”

El presidente estadounidense Donald Trump y el ahora exsecretario de Defensa James Mattis durante una ceremonia en el portaaviones USS Gerald R. Ford en Norfolk, Virginia, en julio de 2017. Trump decidió retirar unilateralmente a las tropas norteamericanas en Siria y en Afganistán, sin consultar previamente a su gabinete o a países aliados. Con su comportamiento, usual en Trump pero inusual en un presidente, el inquilino de la Casa Blanca provocó la renuncia de Mattis. Crédito por la imagen: Jonathan Ernst / Reuters.

En mi último artículo argumenté que Estados Unidos no se retiraría de Siria. ¿Por qué lo haría? La presencia de por lo menos dos mil militares en el norte del país proyecta influencia frente a otras potencias, colabora con la lucha contra los remanentes del Estado Islámico (ISIS), y previene que Irán expanda su alcance en el Levante. Luego, desde un punto de vista moralista, podría decirse que, con sus fichas en la región, Estados Unidos protege a la población kurda, disgustada con cualquier actor de la región.

No obstante, en mi análisis olvidé una de las variables más importantes a la hora de analizar la política estadounidense. Se trata de un factor que yo mismo identifiqué previamente, acaso como algo positivo a los efectos de reforzar el poder de disuasión de Estados Unidos para con países autocráticos. Me refiero al carácter impulsivo e imprevisible del actual comandante en jefe. Efectivamente, el 19 de diciembre se dio a conocer que Trump decidió retirar a sus soldados de Siria y de Afganistán, llevándose en contra al establecimiento de seguridad, y provocando la renuncia de James Mattis, su secretario de Defensa. Continuar leyendo “El Factor Trump 2.0”

Un asesinato geopolíticamente incorrecto

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 25/10/2018.

Jamal Khashoggi durante un evento en Estambul en mayo de 2018. El 2 de octubre Khashoggi entró al consulado de Arabia Saudita en dicha ciudad y no salió con vida. Desde entonces, a partir de un éscandalo internacional, Arabia Saudita reconoció que Khashoggi fue asesinado. En Occidente este incidente defenestró la imagen reformista del príncipe Mohammed Bin Salman. Además, el episodio complica el rendimiento de la campaña saudita contra Irán y diferentes plataformas islamistas. Crédito por la imagen: Omar Shagaleh.

El asesinato de Jamal Khashoggi en el consulado saudita en Estambul, el pasado 2 de octubre, se ha convertido en una novela policíaca de éxito internacional. Con el paso de los días se conocen más detalles acerca de la muerte grotesca del periodista, víctima aparente de la represión de una petromonarquía inescrupulosa, que ni siquiera cuida el decoro de sus sedes diplomáticas. Los captores de Khashoggi tenían órdenes de llevárselo a Arabia Saudita contra su voluntad. Cuando el periodista opuso resistencia, los agentes de seguridad entraron en pánico y –por una razón u otra– terminaron provocándole la muerte. Las fuentes indican que los ejecutores de la fallida operación decidieron entonces hacer lo que en la jerga se conoce como damage control; en esencia, encubrir la evidencia. Se llevaron el cuerpo en una alfombra y se la entregaron a un colaborador para que se deshiciera del cadáver. Los restos habrían aparecido luego descuartizados en la residencia del cónsul saudita.

Más allá de las vueltas que tome el caso en las próximas semanas, lo cierto es que el incidente ha dejado muy mal parada a la casa real saudita, desprestigiando sobre todo al joven heredero y rey de facto Mohammed Bin Salman (MBS). El asesinato del periodista, descrito y graficado por todos los medios internacionales, ha hecho más para despertar el interés por los derechos humanos en su país que la inclemente guerra en Yemen, que según algunas estimaciones ya se habría cobrado la vida de por lo menos 50,000 personas. Sin embargo, dónde verdaderamente se aprecia el impacto del caso Khashoggi es en la arena de la política mundial. Continuar leyendo “Un asesinato geopolíticamente incorrecto”

Seguridad de Israel: punto de consenso entre Rusia y Estados Unidos

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Vista del rastro de humo que dejo en el cielo un misil Patriot disparado por Israel para interceptar un caza de combate sirio que pentró el espacio áereo israelí, el 24 de julio de 2018. Al momento de escribir se desconoce la suerte final de los pilotos del Sukhoi-24 derribado. Este tipo de incidentes ponen de manifiesto el riesgo de que se produzca una escalación en el sur de Siria involucrando a Israel. Tanto Estados Unidos como Rusia están de acuerdo que tal escenario debe ser evitado. Crédito por la imagen: David Cohen / Flash90.

A propósito del encuentro entre Donald Trump y Vladimir Putin en Helsinki el 16 de julio, varios analistas tienen la impresión de que el ganador más claro ha sido Benjamín Netanyahu. Si bien Estados Unidos es tradicionalmente receptivo a las necesidades de Israel, en las circunstancias actuales los rusos también están manifestando una valoración positiva hacia dicho país.

A juzgar por la conferencia de prensa ofrecida por los mandatarios de las potencias, Israel representa un punto de consenso en la agenda. Trump aseguró que trabajará con su homólogo ruso para velar por la seguridad de Israel. Putin, por su parte, insistió en la necesidad de garantizar el statu quo (el cese al fuego) que sucedió a la guerra de Yom Kippur. Pero teniendo en cuenta que han habido y continuarán ocurrido incidentes de violencia, que podrían servir de catalizadores para una escalación en el sur de Siria, Washington y Moscú parecen acordar la necesidad de ofrecerle a Israel garantías para congelar o desacelerar las tensiones en la región aledaña a los Altos del Golán. Continuar leyendo “Seguridad de Israel: punto de consenso entre Rusia y Estados Unidos”

Trump en la cumbre de Helsinki: ¿rendición o pragmatismo?

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 23/07/2018.

El presidente estadounidense Donald Trump estrecha la mano de su contraparte rusa, Vladimir Putin, durante la cumbre de Helsinki celebrada el 16 de julio. Mientras que algunos analistan observan que la cumbre es un hito necesario para reactivar las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, otros señalan que el comportamiento de Trump fue bochornoso. El balance del evento posiblemente se encuentre entremedio de estas posiciones. Crédito por la imágen: Pablo Martinez Monsivais / AP.

El 16 de julio Donald Trump se reunió con Vladimir Putin en Helsinki, en el primer encuentro oficial entre los mandatarios de Estados Unidos y Rusia en ocho años. El evento ha levantado controversia entre diplomáticos y analistas, y mientras algunos lo interpretan como “histórico”, otros advierten que el suceso ha sido trágico, lamentando particularmente el comportamiento de Trump de cara a su contraparte rusa.

A mi modo de ver las cosas, el balance de la cumbre proviene de entremedio de estas posiciones. Por un lado, la única forma en la que Washington y Moscú pueden plantear objetivos en común es médiate la cooperación. Por otro, no deja de ser cierto que Trump “reservó su cara más amable” para Putin, a quien los servicios de inteligencia occidentales culpan directa o indirectamente por interferir en procesos electorales extranjeros.

Si bien la cumbre representa un hito necesario en política internacional, Trump no hizo gala de la bravura que lo caracteriza, dándole a los rusos señales de apaciguamiento equivocadas. Por ello, conviene analizar los distintos argumentos sobre las implicancias de la cumbre, y preguntarse si realmente ha tenido algún impacto práctico más allá de los apretones de manos. Continuar leyendo “Trump en la cumbre de Helsinki: ¿rendición o pragmatismo?”

El Factor Trump

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 04/05/2018.

El presidente estadounidense Donald Trump se reune con el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in en noviembre de 2017. EL líder surcoreano alabó el rol constructivo de Trump a la hora de llevar a Corea del Norte a negociaciones, y dijo que se merece el Premio Nobel de la Paz. Con su comportamiento impredecible, y sus acciones de fuerza contra autócracias, Trump como individuo constituye un factor innegable en la política mundial. Crédito por la imágen: Doug Mills / The New York Times.

En 2014 el exalcalde de Londres, ahora secretario de Exteriores británico, Boris Johnson, publicó un libro titulado “El Factor Churchill” (The Churchill Factor). El texto contempla el impacto de Churchill en la política de su país y el mundo. A veces errático, testarudo, egocéntrico, pero también carismático, la presencia y oficio de Winston constituye en la narración de Johnson un factor de peso pesado. No faltan motivos para que la sombra de este estadista tenga proyección global hasta nuestros días, siendo el arquetipo de héroe que muchos líderes quieren imitar.

A Donald Trump ciertamente le gustaría compararse. Sin ir más lejos, se presenta como el salvador de su país frente a tanta adversidad en el mundo. Pero en los puntos importantes hay más diferencias que similitudes. Churchill fue un estadista letrado y multifacético, y Trump –en cambio– un empresario inculto que antepone su imagen a todo. Aun así, es evidente que, para bien o para mal, el factor Trump en política internacional hace mucho ruido. Esto se ve muy claro en los recientes acontecimientos en la península de Corea, y así también con la expectativa sobre el futuro del acuerdo nuclear con Irán. Continuar leyendo “El Factor Trump”