¿Qué significa la salida de Bolton?

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El ahora exconsejero de Seguridad Nacional John Bolton en Bielorrusia el 29 de agosto de 2019. La desvinculación de Bolton de la administración de Donald Trump solo exacerba el carácter unipersonal de la política exterior de Estados Unidos. Crédito por la imágen: Sergi Gapon / Getty.

El 10 de septiembre Donald Trump anunció por Twitter que John Bolton dejaría el cargo de consejero de Seguridad Nacional. El presidente estadounidense dio a entender que las ideas de Bolton no cuadraban con el resto de la administración. Si bien aún no se ha revelado quién ocupará el puesto vacante, lo cierto es que la salida de Bolton hace ruido por varios motivos.

A primera vista, su desvinculación llama la atención por la supuesta afinidad ideológica entre jefe y subordinado. El magnate cree firmemente en el rol del garrote en política exterior y dado su carácter agresivo, prepotente y a veces impredecible, sus insinuaciones belicistas son tomadas en serio. Bolton comparte una disposición similar hacia las fuerzas armadas y tiene ego de estratega, mas no deja de ser un intelectual sin la última palabra – sin poder de decisión. Algunos lo describirían como un halcón frustrado, solo rescatado de la ignominia política el año pasado.

Otra cosa que despierta interés es el hecho de que Donald se deshace de ministros como Enrique VIII de esposas. Con excepción del vicepresidente y el secretario del Tesoro, todas las carteras principales han cambiado de manos reiteradamente. Bolton era el tercer asesor de Seguridad en casi tres años de presidencia. Esto habla más de la personalidad del comandante en jefe que de las aptitudes y competencias de sus servidores.

¿Qué sucederá entonces con la política exterior norteamericana? Así como viene la marcha, los desencuentros constantes en la Casa Blanca indican que la agenda mundial de Estados Unidos se está convirtiendo en lo que los anglosajones llamarían one-man show, la función exclusiva del gran jefe.

En principio, los analistas indican que el despido de Bolton se traducirá en posiciones más centradas, más pragmáticas y por tanto flexibles, sobre todo en función de temas candentes como Afganistán, Corea del Norte, Irán, Rusia y Venezuela. Si Trump define la doctrina de seguridad nacional con la dicotomía “realismo basado en principios”, cabe sospechar que el elemento realista ganará peso por sobre el ingrediente ideológico.

Según varias fuentes, Bolton no estaba dispuesto a acomodarse al estilo empresarial del presidente. Así como se reunió con el dictador norcoreano Kim Jong-un, Trump aspira a encontrarse con el presidente iraní Hassan Rouhani. Se dice incluso que el magnate evalúa verse con Nicolás Maduro. Trump ve estas opciones como instancias necesarias y convenientes en el tira y afloja de la política mundial, especialmente porque se condicen con su estilo de diplomacia personalista.

Trump cree que no existe diferencia fundamental entre una negociación corporativa y otra estatal. Para que ambas tengan éxito, hay que mostrar músculos para intimidar a la otra parte. Luego la relación se recompone en encuentros presenciales cara a cara, desde donde buscar común acuerdo.

Fuentes anónimas citadas por los medios sugieren que este enfoque incomodaba demasiado a Bolton, siempre partidario de utilizar mano dura con los enemigos. El propio Trump confirmó esta observación en público, y lo hizo menospreciando a su ahora exasesor por haber ofendido a Kim Jon-un. Según los dichos del presidente, el líder norcoreano “no quiere saber nada de Bolton”.

El halcón mostachón había amenazado a Pyongyang con detonar el proceso de diálogo si Kim no se comprometía, de antemano, a desprenderse de todo su arsenal nuclear siguiendo el modelo libio (que en retrospectiva propició la caída de Muamar Gadafi). Domésticamente hablando, Trump asumió un costo político elevadísimo cuando llevo a Kim a la mesa de negociaciones, a lo que la rigidez doctrinaria de Bolton se convirtió no solo en un estorbo, pero también en una traición. Este presidente exige lealtad por sobre capacidad. No por poco eleva a su entorno familiar a posiciones de poder e influencia.

En vista del contraste entre los personajes de esta historia, los analistas sospechábamos que artículos como estos son parte de una crónica anunciada. Cuando Bolton fue designado en marzo de 2018 escribí que nadie se sorprendería si era despedido al cabo de algunos meses. En este sentido, sea para su fortuna o infortunio, quizás el exasesor duró en el cargo más de lo que él mismo había previsto.

Ahora bien, como todo en la administración Trump, ningún análisis coyuntural es libre de contradicciones. Mientras los medios plantean que Bolton se presentaba en reuniones de gabinete con planos y esbozos para una operación militar en Venezuela, el presidente twitteó que su postura hacia el castrochavismo es incluso más dura que la del consejero destituido.

Hay fuentes que indican que Bolton se jugó su reputación apostando por Juan Guaidó y la estrategia de dividir internamente a las fuerzas armadas venezolanas. Esto es, la idea de apoyar encubiertamente a militares de alto rango, mediante dadivas y amnistías, para que se decidieran a derrocar a Maduro y colocar a Guaidó en su lugar. La falta de progreso en este frente habría impacientado al presidente. Por algo aseguró que Boltón “se extralimitó” con Venezuela, lo que da a entender que se atribuyó prerrogativas que solo le pertenecen al inquilino de la Casa Blanca y a su círculo íntimo.

El 11 de septiembre, inmediatamente después del despido, el Departamento de Estado anunció que la Casa Blanca apoyará a la Organización de los Estados Americanos (OEA) en invocar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Esta decisión implica tipificar al régimen bolivariano como una amenaza militar hacia el hemisferio. En consecuencia, su relevancia radica en crear un precedente jurídico para legitimar acciones armadas contra Maduro y compañía.

Este desarrollo medidamente confirma que Trump busca un enfoque más directo y confrontativo, pero solo en la medida que busca allanar el paso para que luego puedan darse negociaciones de alto nivel como sucedió con Corea del Norte. Considerando que Estados Unidos ya reconoció a Guaidó como presidente interino, cabe preguntarse que mensaje estaría enviando Washington si Trump se reúne con Maduro. Este tipo de divergencias y contradicciones en la administración también se perciben en otros puntos en la agenda.

Por ejemplo, Bolton se oponía completamente a las negociaciones con los talibanes que venían teniendo lugar en Doha, donde se esbozaba la retirada de las tropas norteamericanas remanentes. Así y todo, irónicamente, luego de la salida de su asesor halcón, el 9 de septiembre Trump dijo que cancelaba una cumbre secreta con una delegación afgana en Camp David; a raíz de un atentado talibán en donde murieron doce personas, entre ellas un soldado estadounidense.

En mi opinión, cualquier dialogo con los talibanes es y será infructífero, especialmente si lo que se busca es que los extremistas abandonen el yihadismo y permitan el desarrollo de una democracia con garantías cívicas. Entre atentados y ataques aéreos, Afganistán está pasando por uno de los períodos más violentos de su historia. Pero más allá esta discusión, lo concreto es que Trump continuando decidiendo asuntos clave de política exterior sin cuidado por el debido proceso. Canceló el encuentro de Camp David no porque Bolton u otros asesores se lo hubieran planteado, pero más bien porque es preso de sus estados de ánimo, pues sigue exclusivamente a su instinto.

Trump ejecuta la política exterior estadounidense desde su celular mediante tweets sin participar necesariamente a su equipo. Y si bien este estilo de liderazgo unipersonal ofrece cierto margen de éxito al lidiar con autócratas (lo que yo llamo “factor Trump”), la lista creciente de funcionarios despechados abandonados en el camino marca que este modus operandi es insostenible sino irresponsable. Quien reemplace a Bolton tendrá que sopesar la misma reflexión y calcular si merece la pena servir en la administración Trump.

El renacimiento del poder naval en el siglo XXI

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 05/09/2o19.

El primer portaviones de China, el Liaoning, en abril. Adquirido en 1988, fue recomisionado y modernizado en 2012. Los países que desafían el papel de Estados Unidos están rápidamente expandiendo su poder naval a los efectos de proyectar poder e influencia en el tablero global. Entienden que la hegemonía norteamericana terminará cuando Washington ya no pueda operar sus flotas de alta mar con total libertad o independencia de otros actores. Crédito por la imagen: AFP / Getty Images.

En 1890 Alfred Thayer Mahan publicó “La influencia del poder naval en la historia”, uno de los tratados fundacionales de la geopolítica moderna. Debido al éxito internacional del libro, el entonces capitán de la armada estadounidense pasó a convertirse en un estratega de la talla de Clausewitz. En dicho texto, y en una secuela publicada dos años más tarde, Mahan analizó la historia de los imperios y mostró el rol trascendental del poder marítimo (y en particular el naval-militar) a la hora de definir el éxito y la seguridad de los Estados.

Mahan instruyó a los jefes políticos y militares de su era a concebir a la fuerza naval como un factor indispensable e impostergable; sobre todo a los efectos de proteger el comercio y a la vez denegárselo a los enemigos. Se difundió así la noción de que el éxito en la guerra está estrechamente relacionado con el control del mar. En este sentido, la doctrina resultante señalaba que el dominio de los océanos permite avanzar los intereses y objetivos de las potencias.

Si bien Mahan no descubrió nada nuevo, su obra institucionalizó y popularizo, de cara al siglo XX y en adelante, una creencia clave: el país que controle los océanos expande su campo de acción fuera de su territorio nacional. Por tanto, contar con una armada poderosa es el paso cardinal que todo aspirante a potencial global debe tomar. Esta es la lección que actualmente da lugar a una nueva carrera armamentística por el control de los mares; y a una diplomacia basada en mostrar los dientes. Continuar leyendo “El renacimiento del poder naval en el siglo XXI”

¿Por qué es tan difícil lograr la paz en Afganistán?

Artículo escrito por Juan Felipe Veléz Rojas con mi colaboración para ANADOLU AGENCY (AA), publicado el 16/07/2019.

Tropas estadounidenses en Afganistán. La historia demuestra reiterativamente que Afganistán, por la topografía de su tierra y la cultura de su gente, no puede ser gobernado por una fuerza externa. Credito por la imagen: Muhammed Bilal Kenasari / Agencia Anadolu.

La guerra en Afganistán parece no tener fin. Pese a la intervención de EEUU el 7 de octubre de 2001 con la Operación Libertad Duradera, la población afgana no ha encontrado paz ni ha alcanzado estabilidad alguna.

Informes entregados por el diario The New York Times señalan que el gobierno afgano solo controla el 29% del territorio. De acuerdo con los registros del Departamento de Defensa de EEUU, 2.216 soldados estadounidenses han muerto durante la operación y un estimado del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales dice que Washington ha gastado unos USD 841.000 millones desde el 2001, un costo superior al Plan Marshall, con el que se ayudó a reconstruir Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Continuar leyendo “¿Por qué es tan difícil lograr la paz en Afganistán?”

La cumbre de Bahréin: ¿paz para la prosperidad?

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 27/06/2019 bajo el título “Entendiendo ‘Paz para la Prosperidad’, el ambicioso plan de Trump para el Medio Oriente.

Con este afiche, el 22 de junio la Casa Blanca dio a conocer el llamado plan “Paz para la Prosperidad” (Peace to Prosperity) como nueva aproximación al conflicto israelí-palestino. Discutido en Bahréin, la iniciativa busca inyectar miles de millones de dólares en los territorios palestinos para sucitar la paz por medio de desarrollo economico. ¿Es factible?

Entre el 25 y el 26 de junio se celebró en Manama, Bahréin, un workshop por la paz promovido por Estados Unidos y los países sunitas del Golfo con miras a solucionar el conflicto israelí-palestino. Orquestado por Jared Kushner, el yerno de Donald Trump, el evento promociona el plan “Paz para la Prosperidad”. Consiste en ofrecer desarrollo económico como medio para resolver o más bien diferir controversias políticas.

En esencia, Kushner adelantó que Estados Unidos y sus aliados del Golfo planean inyectar 28 mil millones de dólares a Gaza y a Cisjordania en los próximos años para crear puestos de trabajo y reducir así los índices de pobreza. Además, para crear un entorno regional favorable, también se transferiría capital en montos semejantes para ayudar al desarrollo de Egipto, Jordania y Líbano.

Desde luego, la gran duda estriba en preguntarse hasta qué punto el plan es viable, o bien qué posibilidades tiene de ser aceptado. Por lo pronto, el liderazgo palestino rechazó el plan de cuajo, describiéndolo como un gastadero que no comprará ninguna solución. Según alegan sus políticos, las propuestas de la Casa Blanca buscan sobornar a los palestinos para que renuncien a sus aspiraciones territoriales. Asumiendo que este rechazo sea inmutable, ¿qué puede esperarse de este programa? Continuar leyendo “La cumbre de Bahréin: ¿paz para la prosperidad?”

Un sistema presidencialista para Israel

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Israel se enfrenta al prospecto de inestabilidad política a largo plazo. El sistema parlamentario israelí está entrando en decadencia. A mi criterio el país necesita Gobiernos fuertes para poder tomar decisiones dificiles y restar la influencia desproporcionada de los sectores ultraortodoxos. Un sistema presidencialista podría ser la respuesta.Crédito por la imagen: Lev Tsimbler.

El 17 de septiembre Israel celebrará elecciones legislativas por segunda vez en un año: una ocurrencia sin precedentes que deja entrever la falta de estabilidad del sistema parlamentario israelí. Este problema tiene larga data, y es discutido regularmente por observadores y analistas políticos. Si bien el modelo vigente le ofrece al electorado mucha representatividad, al menos en términos de candidatos y plataformas a elegir, en última instancia, la multiplicidad de partidos y la creciente polarización social en torno a debates nacionales dificultan enormemente la gobernabilidad y la toma de decisiones.

Los politólogos reconocen que el sistema político israelí es una rareza o excepción a la regla. Existe un sistema democrático y sin embargo multiconfesional. Como ya notaba Giovanni Sartori en Partidos y Sistemas de Partidos (1976), “la religión desempeña, en la política israelí, un papel contradictorio, o por lo menos ambiguo” Por un lado, es evidente que el judaísmo es el factor aglutinador que provee identidad al Estado. Por otro, los partidos confesionales buscan expandir el alcance de la ley religiosa, en tanto contradiciendo el estatus moderno del Estado.

Los últimos acontecimientos demuestran efectivamente que la fisura entre seculares y religiosos está creciendo a pasos agigantados; a tal punto, que cada vez es más difícil alcanzar consenso y apaciguar diferencias. Aunque este análisis no es nuevo, a mi criterio amerita otra discusión en relación a la posibilidad de reformar las reglas de juego. La realidad es que el parlamentarismo israelí no permite los niveles de estabilidad necesarios para tomar decisiones difíciles. Por ello, creo que es hora de introducir los méritos de un sistema presidencialista, y que los políticos israelíes evalúen la transformación del sistema. Continuar leyendo “Un sistema presidencialista para Israel”

Tensiones en el Golfo: ¿guerra a la vista?

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 29/05/2019.

El portaviones clase Nimitz USS Abraham Lincoln transita por el Canal de Súez el 8 de Mayo de 2019. Estados Unidos envío una flota al Golfo persa luego de que las tensiones con Irán incrementaran en los últimas semanas debido a la reintroducción de sanciones ecónomicas que buscan congelar la industria petrolera iraní. Crédito por la imágen: U.S. Navy.

El 24 de mayo se confirmó que Estados Unidos enviará un contingente de 1500 tropas a Medio Oriente para contrarrestar lo que se percibe como la amenaza de Irán. Por otra parte, ese mismo día, la administración de Donald Trump aprobó la venta de armamento avanzado a Arabia Saudita por 8 mil millones de dólares. El gabinete del presidente no buscó la aprobación del Congreso, argumentando que la situación con Irán es crítica y amerita medidas urgentes para salvaguardar la seguridad nacional. Se espera entonces que los sauditas reciban armamento inteligente, especialmente munición para bombas guiadas (PGMs).

Estas medidas responden a los hechos del 12 de mayo, cuando cuatro buques petroleros, dos sauditas, uno noruego, y otro emiratí, sufrieron atentados en las costas de los Emiratos Árabes Unidos, en el Golfo pérsico. Fuentes gubernamentales en Riad y Abu Dabi, con el apoyo estadounidense, hablaron de sabotaje y culparon directamente a Irán. Investigaciones posteriores habrían revelado que dichos incidentes fueron provocados por cargas explosivas debajo de la línea de flotación de los buques. Según la tesis en boga, estos atentados tienen como protagonistas a los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, el brazo terrorista de las fuerzas armadas iraníes. Por su parte, el Gobierno iraní afirma que estos hechos responden a una operación de falsa bandera, o sea, a una maniobra encubierta para culpar deliberadamente a Irán de algo que no hizo.

En concreto, aparte de lo ya mencionado, este desarrollo llevó a Washington a despachar una flota liderada por el portaviones USS Abraham Lincoln al Golfo, donde la armada condujo ejercicios militares. Más allá de que existe posibilidad de conflicto, el riesgo geopolítico gira en torno al estrecho de Ormuz, probablemente el cuello de botella más relevante en la ruta del petróleo. En vista de estas controversias, ¿qué nos dicen las tensiones acerca de la posibilidad de guerra? Continuar leyendo “Tensiones en el Golfo: ¿guerra a la vista?”

Altos del Golán: mitos y verdades

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 28/03/2019 bajo el título “Entendiendo el conflicto por los Altos del Golán”.

Soldados israelíes apostados en los Altos del Golán miran hacia la provincia siria suroccidental de Quneitra, el 7 de julio de 2018. Israel capturó el Golán durante la guerra de los Seís Días en 1967.  Ningún Estado reconocía a dicho territorio como israelí, pero el 25 de marzo Donald Trump firmó una declaración reconociendo al Golán como territorio israelí. Crédito por la imagen: Jalaa Marey / AFP / Getty Images.

El 21 de marzo el presidente estadounidense Donald Trump anunció por Twitter que llegó la hora de reconocer la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán. Finalmente, lo hizo oficial el 25 de marzo con una proclamación en la Casa Blanca en presencia del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Evidentemente, siguiendo el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, la decisión de Trump fue recibida con júbilo por el liderazgo de dicho país. En cambio, tal y como era previsible, la nueva política de Washington fue condenada por varios países y por los adversarios del Estado hebreo.

La noticia ha sido tratada desde distintos ángulos, cubriendo algunas verdades y difundiendo a la vez ciertos mitos. Por eso, a razón de las circunstancias, vale la pena revisar la situación del Golán y preguntarse en qué cambia o afecta a Medio Oriente el anuncio de Trump, y si acaso tienen sentido las alarmas de la comunidad internacional. Continuar leyendo “Altos del Golán: mitos y verdades”

Rusia necesita a Israel para pacificar Siria

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE bajo el título “¿Cuál es el plan de Vladimir Putin en Siria? el 12/03/2019.

El priemr ministro israelí Benjamín Netanyahu junto al presidente ruso Vladimir Putin durante una ceremonia frente al monumento del soldado anónimo en Moscú, el 9 de mayo de 2018. Ambos líderes visten la escarepa de San Gorge. Netanyahu fue invitado de honor de Putin durante la conmemoración del Día de la Victoria. Putin entiende que necesita a Israel para pacificar Siria, y está desencantado con el rol de Irán y Turquía. Crédito por la imagen: Amos Bn Gershom / GPO.

La existencia de una relación estratégica entre Rusia e Israel es evidente desde hace tiempo. No se trata de una alianza per se, pero sí de una amistad de conveniencia. Si bien sus intereses no siempre coinciden, ambos Estados actúan en sincronía, pues comprenden que sus objetivos ulteriores son inverosímiles sin la aquiescencia o visto bueno por parte del otro.

Esta interpretación da cuenta de frecuentes reuniones bilaterales de alto nivel entre líderes y funcionarios de ambos lados. Sin ir más lejos, luego de entrevistarse con Vladimir Putin, el premier israelí Benjamín Netanyahu afirmó el 3 de marzo que Jerusalén y Moscú trabajarían juntamente para examinar la retirada de tropas extranjeras de Siria. Teniendo en cuenta las intenciones de Estados Unidos de evacuar a sus soldados del conflicto, el anuncio hace referencia a la presencia de militares turcos e iraníes en suelo sirio, creando la impresión de que el Kremlin está perdiendo la paciencia con Ankara y Teherán.

Según diversas fuentes, teniendo en cuenta que la supervivencia del régimen damasceno ya no está en juego, los rusos están percatándose de que sus socios en la pacificación de Siria, bajo el encuadre de la cumbre de Astana, dinamitan más de lo que aportan. En contraste, Israel es el único actor que no objeta las ambiciones rusas en Medio Oriente, estando dispuesto a colaborar en la pax russica del postconflicto. Continuar leyendo “Rusia necesita a Israel para pacificar Siria”

¿Existe estrategia estadounidense en Medio Oriente?

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En este espacio me pregunte más de una vez si Estados Unidos tiene una estrategia en Medio Oriente. Esta duda acosa a muchos analistas y es alimentada por una serie de políticas contradictorias y ambivalentes en los últimos años. Crédito por la imagen: Krill Makarov / Shutterstock.

Entre los analistas está en boga preguntarse cuál es la estrategia de Estados Unidos en Medio Oriente, si es que acaso existe. Como vengo discutiendo en este espacio, desde la presidencia de Barack Obama se percibe que la hegemonía norteamericana en tierras árabes está terminando.

Esta impresión estriba en una serie de decisiones de alto nivel que mermaron la reputación de Washington para con sus aliados. A los efectos de sintetizar, entre otras cosas podría decirse que la retirada estadounidense de Irak facilitó la rápida expansión de la insurgencia yihadista, dando pie al llamado Estado Islámico (ISIS). Durante la Primavera Árabe, la Casa Blanca abandonó a su suerte a los autócratas amigos, dando lugar a un renacimiento islamista que, en Egipto, llevó a los hermanos musulmanes al poder. En cambio, Obama no mostró empeño por apoyar revueltas populares en países enemigos, so pena de contrariar al Gobierno iraní con el que finalmente acodó el pacto nuclear. Tampoco hizo valer las líneas rojas que él mismo estableció para amedrentar al régimen damasceno, posibilitando que los rusos intervinieran Siria sin miedo a retaliaciones.

Indistintamente de si estas políticas constituyen errores o aciertos, la presidencia de Donald Trump parece seguir transitando por esta ruta. Más allá de una postura dura contra Irán, el mandatario anunció la retirada de un número reducido mas no obstante significante de tropas en Siria, ofreciendo concesiones gratuitas a rusos e iraníes. Si existe una estrategia estadounidense, esta podría describirse como un desentendimiento orquestado de Medio Oriente. Para los críticos, la ambigüedad distintiva del presidente habla más bien de un enajenamiento improvisado, sugiriendo que –si bien Estados Unidos está retirándose de dicha región– no sabe cómo hacerlo de forma ordenada y sin causar embrollos.

Esta es la disyuntiva que plantea la revista Mosaic a lo largo de cinco artículos publicados en enero y planteados con el formato de un debate. ¿Tiene Estados Unidos un plan para Medio Oriente? Continuar leyendo “¿Existe estrategia estadounidense en Medio Oriente?”