El renacimiento del poder naval en el siglo XXI

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 05/09/2o19.

El primer portaviones de China, el Liaoning, en abril. Adquirido en 1988, fue recomisionado y modernizado en 2012. Los países que desafían el papel de Estados Unidos están rápidamente expandiendo su poder naval a los efectos de proyectar poder e influencia en el tablero global. Entienden que la hegemonía norteamericana terminará cuando Washington ya no pueda operar sus flotas de alta mar con total libertad o independencia de otros actores. Crédito por la imagen: AFP / Getty Images.

En 1890 Alfred Thayer Mahan publicó “La influencia del poder naval en la historia”, uno de los tratados fundacionales de la geopolítica moderna. Debido al éxito internacional del libro, el entonces capitán de la armada estadounidense pasó a convertirse en un estratega de la talla de Clausewitz. En dicho texto, y en una secuela publicada dos años más tarde, Mahan analizó la historia de los imperios y mostró el rol trascendental del poder marítimo (y en particular el naval-militar) a la hora de definir el éxito y la seguridad de los Estados.

Mahan instruyó a los jefes políticos y militares de su era a concebir a la fuerza naval como un factor indispensable e impostergable; sobre todo a los efectos de proteger el comercio y a la vez denegárselo a los enemigos. Se difundió así la noción de que el éxito en la guerra está estrechamente relacionado con el control del mar. En este sentido, la doctrina resultante señalaba que el dominio de los océanos permite avanzar los intereses y objetivos de las potencias.

Si bien Mahan no descubrió nada nuevo, su obra institucionalizó y popularizo, de cara al siglo XX y en adelante, una creencia clave: el país que controle los océanos expande su campo de acción fuera de su territorio nacional. Por tanto, contar con una armada poderosa es el paso cardinal que todo aspirante a potencial global debe tomar. Esta es la lección que actualmente da lugar a una nueva carrera armamentística por el control de los mares; y a una diplomacia basada en mostrar los dientes. Continuar leyendo “El renacimiento del poder naval en el siglo XXI”

¿Existe estrategia estadounidense en Medio Oriente?

Artículo Original.

En este espacio me pregunte más de una vez si Estados Unidos tiene una estrategia en Medio Oriente. Esta duda acosa a muchos analistas y es alimentada por una serie de políticas contradictorias y ambivalentes en los últimos años. Crédito por la imagen: Krill Makarov / Shutterstock.

Entre los analistas está en boga preguntarse cuál es la estrategia de Estados Unidos en Medio Oriente, si es que acaso existe. Como vengo discutiendo en este espacio, desde la presidencia de Barack Obama se percibe que la hegemonía norteamericana en tierras árabes está terminando.

Esta impresión estriba en una serie de decisiones de alto nivel que mermaron la reputación de Washington para con sus aliados. A los efectos de sintetizar, entre otras cosas podría decirse que la retirada estadounidense de Irak facilitó la rápida expansión de la insurgencia yihadista, dando pie al llamado Estado Islámico (ISIS). Durante la Primavera Árabe, la Casa Blanca abandonó a su suerte a los autócratas amigos, dando lugar a un renacimiento islamista que, en Egipto, llevó a los hermanos musulmanes al poder. En cambio, Obama no mostró empeño por apoyar revueltas populares en países enemigos, so pena de contrariar al Gobierno iraní con el que finalmente acodó el pacto nuclear. Tampoco hizo valer las líneas rojas que él mismo estableció para amedrentar al régimen damasceno, posibilitando que los rusos intervinieran Siria sin miedo a retaliaciones.

Indistintamente de si estas políticas constituyen errores o aciertos, la presidencia de Donald Trump parece seguir transitando por esta ruta. Más allá de una postura dura contra Irán, el mandatario anunció la retirada de un número reducido mas no obstante significante de tropas en Siria, ofreciendo concesiones gratuitas a rusos e iraníes. Si existe una estrategia estadounidense, esta podría describirse como un desentendimiento orquestado de Medio Oriente. Para los críticos, la ambigüedad distintiva del presidente habla más bien de un enajenamiento improvisado, sugiriendo que –si bien Estados Unidos está retirándose de dicha región– no sabe cómo hacerlo de forma ordenada y sin causar embrollos.

Esta es la disyuntiva que plantea la revista Mosaic a lo largo de cinco artículos publicados en enero y planteados con el formato de un debate. ¿Tiene Estados Unidos un plan para Medio Oriente? Continuar leyendo “¿Existe estrategia estadounidense en Medio Oriente?”

Cambios en el gabinete de Trump: el regreso de los neoconservadores

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 03/04/2018 bajo el título “El gabinete de guerra de Trump”.

La designación de Mike Pompeo (izquierda) y John Bolton (derecha) como secretario de Estado y consejero de Seguridad respectivamente, ha despertado controversia en Estados Unidos. Son hombres asociados con el establecimiento neoconservador, y tienen reputación de ser beligerantes en política exterior. La mayoría de los medios dan por entendido que la llegada de estos hombres al círculo íntimo del presidente Donald Trump es algo peligroso. ¿Hasta qué punto? Credito por las imágenes: Al Jazeera / AP.

Las últimas semanas han visto cambios muy importantes en el gabinete de Donald Trump. Aunque ya no sorprende que el presidente modifique su equipo, lo cierto es que las idas y vueltas de la Casa Blanca la han hecho impredecible. Trump lleva poco más de un año en el poder y sin embargo ningún presidente ha cambiado tanto a su personal como lo viene haciendo el magnate. A estas alturas no tan altas los recambios perfectamente podrían quedar catalogados en una antología colorida. Pero así y todo no dejan de ser importantes, especialmente desde la dimensión internacional. 

El 13 de marzo se anunció que Mike Pompeo, director de la CIA desde enero del año pasado, reemplazaría a Rex Tillerson como secretario de Estado. Anecdóticamente, el empresario petrolero se habría enterado de su despido por un mensaje por Twitter. Luego, el 22 de marzo se anunció que John Bolton, embajador ante las Naciones Unidas entre 2005 y 2006, reemplazaría al general H.R. McMaster como consejero de Seguridad Nacional. Sobre la primera designación, Pompeo es considerado partidario de la mano dura, y tiene un historial controversial por su postura antiinmigración y a favor de las “técnicas mejoradas de interrogación”, un eufemismo de la era de George W. Bush para los métodos de tortura aplicados a presuntos terroristas. Sobre la segunda nominación, mientras que McMaster es considerado testarudo pero práctico (y con evidentes credenciales militares), Bolton es considerado un halcón poco diplomático; alguien que cree que todo puede resolverse por medio de la fuerza.

Para bien o para mal, estas designaciones marcan un fuerte giro en la administración Trump. Pese a la imprevisibilidad que caracteriza al presidente puede suponerse que su gestión estará más influenciada por postulados neooconservadores. Cuando Trump presentó su doctrina de seguridad en diciembre, el documento hacía hincapié en una estrategia de “principled realism”, es decir, “realismo basado en principios”. En esencia una dicotomía, ahora podría esperarse que el segundo elemento de la expresión, la ideología, se imponga sobre las consideraciones prácticas o realistas. Continuar leyendo “Cambios en el gabinete de Trump: el regreso de los neoconservadores”

La doctrina de seguridad en la era Trump: Medio Oriente

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 30/12/2017.

El presidente estadounidense Donald Trump habla acerca de su estrategia nacional de seguridad en Washington, el 18 de diciembre de 2017. El presidente presentó el primer documento oficial emitido por su administración explicitando la política exterior en lo relacionado con la seguridad internacional, a los efectos de garantizar que “Estados Unidos esté primero”. Crédito por la imagen: Mandel Ngan / AFP / Getty.

Este mes la Casa Blanca publicó la última revisión de la doctrina nacional de seguridad, el documento que a grandes rasgos informa la posición de Washington frente a una serie de desafíos globales que afectan los intereses estadounidenses. El nuevo reporte viene a actualizar los puntos ordenadores explicitados por la administración pasada en 2015, y – a diferencia de la anterior– contiene un lenguaje marcadamente menos idealista.

Para empezar, el texto anuncia una estrategia de principled realism, es decir, “realismo basado en principios”. Para algunos esta construcción es una dicotomía; una forma políticamente correcta para fusionar la cruda realpolitik con decisiones morales, acaso representativas del estilo de vida norteamericano. Por un lado, los “principios” se refieren a promover valores democráticos y prosperidad económica en el mundo. Por otro, el “realismo” reconoce que los garrotes hablan más fuerte que las zanahorias, y que en la política internacional la paz y la seguridad dependen de la voluntad y el músculo militar de las naciones poderosas. En este aspecto, el documento parte de la premisa de que nuestro mundo es hobbesiano, un “todos contra todos” en donde solo sobrevive el más fuerte. Por ello, el texto dispone a Estados Unidos a defender sus intereses a como dé lugar.

Como a Trump le gusta decir, la doctrina se remite al eslogan “Estados Unidos primero” (America First). No obstante, en rigor se trata de una oda al realismo político, que comprende que una democracia no siempre es preferible a una autocracia. Por eso, sea para bien o para mal, la doctrina Trump solo viene a principalizar la fuerza como salvaguarda por excelencia de los intereses nacionales. ¿Cómo se posiciona entonces Washington frente a las debacles de Medio Oriente? Continuar leyendo “La doctrina de seguridad en la era Trump: Medio Oriente”

Referéndums en Kurdistán y Cataluña: cinismo, soberanía y autodeterminación

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 09/10/2017.

¿Por qué algunos merecen autodeterminación y otros no? A raíz de los referendums independentistas en Cataluña y en el Kurdistán iraquí, se ha vuelto abrir el debate más controversial del derecho internacional. Se trata de la pugna entre el principio de autodeterminación y el de soberanía e integridad territorial. Crédito por la imagen: Kurdistan 24 News.

Las causas independentistas en Kurdistán y Cataluña han puesto nuevamente el foco sobre la espinosa cuestión del derecho a la autodeterminación. En teoría, se trata de un principio enarbolado por las Naciones Unidas. Se supone que todas las naciones reconocen la autodeterminación como ius cogens, como norma perentoria, que es determinante, e inaplazable. No obstante, idealismo aparte, en la realidad sucede otra cosa. De una forma u otra, el derecho que las naciones tienen a escoger su representación política está condenado a chocar con el principio de soberanía e integridad territorial, que fomenta la preservación de las entidades políticas ya existentes. Por esta razón, es evidente que todo Estado será reticente a posibilitar un medio para abrir paso a su propia desintegración.

La disyuntiva entre autodeterminación y soberanía es una de las controversias del derecho internacional más difíciles de resolver. La autodeterminación estuvo en boga durante la posguerra mundial, y fue promovida tanto por Estados Unidos como por la Unión Soviética en deterioro de los intereses anglo-franceses. Sin embargo, aun finalizado el proceso de descolonización, el principio de autodeterminación está actualmente fuertemente asociado a este contexto. Es decir, nadie pondría en tela de juicio el derecho de los argelinos a separarse de Francia, ¿pero por qué esto mismo no sucede en relación a las patrias autóctonas a las que aspiran kurdos o catalanes?

Para abarcar este debate, primero es necesario desbancar una idea deshonesta arraigada en el imaginario popular: el argumento informal (sin codificar) que relaciona espacialmente a la metrópolis con la región que contempla o pretende independizarse. ¿Importa la distancia física entre el grupo que quiere autodeterminación y la capital que reclama la integridad territorial del Estado que gobierna? Continuar leyendo “Referéndums en Kurdistán y Cataluña: cinismo, soberanía y autodeterminación”

U Thant y la crisis del Sinaí de 1967

Artículo en inglés publicado en ACADEMIA el 30/07/2017.

El secretario general de las Naciones Unidas, U Thant (izquierda), y el líder egipcio Gamal Abdel Nasser reunidos en mayo de 1967. El legado de U Thant ha quedado embarrado por críticas que sugieren que el secretario general podría haber utilizado su investidura para solucionar la crisis de 1967.

Tal como lo discutía anteriormente en este espacio, es posible analizar la guerra de los Seis Días como una sucesión de eventos desafortunados, donde cada bando malinterpretó las intenciones del otro. En esencia, Gamal Abdel Nasser no buscaba la destrucción de Israel, mas no obstante sí necesitaba dibujarla como algo plausible en la mente de su gente. Con Egipto sumido en una crisis económica de envergadura, atascado en una guerra interminable en Yemen (el “Vietnam” egipcio), y con benefactores soviéticos cada vez más reticentes a prestarle ayuda, Nasser necesitaba mantenerse vigente como el campeón de la causa panarabista.

Por eso, cuando en mayo de 1967 se presentó una oportunidad para revalidar su reputación, Nasser mandó a militarizar el Sinaí. Justificó su postura en la supuesta intransigencia y belicosidad israelí hacia Siria. Lo cierto es que con este accionar se dio por iniciada una de las crisis diplomáticas más trascendentales del siglo XX. (Entre que Nasser mandó sus fuerzas al Sinaí e Israel lanzó su ataque sorpresa trascurrieron veinte días.)

En retrospectiva, el legado del entonces secretario general de las Naciones Unidas, U Thant, ha quedado manchado por estos eventos. Los críticos argumentan que, si bien estaba limitado por algunas cuestiones formales, U Thant podría haber utilizado la investidura de su oficina para calmar las tensiones, tal vez previniendo la guerra. En este sentido, U Thant es a veces acusado de no haber estado a la altura de las circunstancias, y de no haber sabido actuar con inteligencia y sagacidad. En esta sintonía, la principal acusación contra su figura está relacionada con su decisión de ordenar la retirada de los cascos azules del Sinaí, virtualmente inmediatamente luego de que Nasser se lo pidiera. Algunos sugieren que U Thant podría haber demorado dicha orden, apelando acaso a un debate internacional, o bien ejerciendo presión sobre Egipto.

Con el objeto de discernir qué tan justas son estas acusaciones escribí un artículo académico para una asignatura en la Universidad de Tel Aviv. El mismo está en inglés y se puede acceder a través del sitio Academia.edu. No descarto traducirlo en el futuro, quizás como parte de una publicación. Alternativamente puede leerse aquí a continuación. Continuar leyendo “U Thant y la crisis del Sinaí de 1967”

Las lecciones no aprendidas de la guerra de los Seis Días

Ensayo Original. Publicado también en INFOBAE el 11/06/2017, en una versión acotada.

Fuerzas blindadas israelíes en acción en el desierto del Sinaí, el 5 de junio de 1967. Las causas que llevaron a la guerra de los Seis Días recuerdan que hay lecciones no del todo aprendidas a la hora de evaluar la situación en Medio Oriente. Crédito por la imagen: AFP / Getty.

El 5 de junio marcó el quincuagésimo aniversario de la guerra que cambió la faz de Medio Oriente. Por medio de una operación relámpago, Israel derrotó a las fuerzas egipcias, jordanas y sirias que lo rodeaban. A Egipto le arrebató el Sinaí y la Franja de Gaza, derrumbando la estela de Gamal Abdel Nasser como campeón árabe. En tanto, el rey Hussein de Jordania perdió su control sobre Cisjordania y sobre Jerusalén oriental. Además, Israel le quitó a Siria las alturas del Golán, humillando al entonces ministro de Defensa sirio, Hafez al-Assad (el padre de Bashar).

La victoria israelí llegó como un batacazo. No se creía plausible que el Estado judío pudiese alcanzar semejante victoria. No solo que derrotó simultáneamente a sus vecinos, sino que afianzó su mera existencia como un hecho inalterable. En términos estratégicos de la época, con el incremento de armamento soviético en la región, Israel se convirtió en el cliente cercano de Estados Unidos, forjando una “relación especial” que se mantiene medio siglo después. Tras la muerte de Nasser, Anwar Sadat buscaría algo parecido, cambiando las lealtades de Egipto en favor de Washington. Asimismo, el evidente fracaso de los ejércitos árabes se tradujo en la irrelevancia política del panarabismo. Por eso, desde 1967 en adelante, cada Estado árabe prioriza su raison d’être, velando por sus intereses nacionales por sobre los asuntos de otros países.

Por otro lado, la expansión territorial israelí sobre territorio egipcio y jordano exacerbó el drama palestino, dando inicio a la polémica de los asentamientos judíos, que lejos está de poder resolverse. En este aspecto, la guerra repercutió en la fusión de significantes religiosos con nacionalistas, arrojando un legado dificilísimo de superar. Mientras que el triunfo israelí acrecentó la influencia del sionismo revisionista y religioso, la debacle de las fuerzas árabes repercutió en el fortalecimiento de la causa panislamista, convulsionando reivindicaciones territoriales con motivos islámicos.

Con motivo de la ocasión, varios autores y analistas publicaron crónicas rememorando la guerra, haciendo énfasis en los resultados; explorando estas secuelas punzantes. No obstante, también es conveniente reparar en la discusión historiográfica acerca de sus causas. Vistas en perspectiva, las causas que llevaron a la guerra recuerdan que hay lecciones no del todo aprendidas a la hora de evaluar la situación en Medio Oriente. Continuar leyendo “Las lecciones no aprendidas de la guerra de los Seis Días”

Mosul: revisionismo turco y geopolítica

Artículo Original.

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Recep Tayyip Erdogan dejó recientemente en claro que Turquía tiene que estar involucrada en la liberación de Mosul. Apelando a una retorica revisionista, y articulando argumentos estratégicos, el presidente turco aseguró que su país no se quedaría afuera de la pugna por territorios e influencia en Medio Oriente. Crédito por la imagen: Murat Cetinmuhurdar / Google Maps.

El 22 de octubre, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan sugirió que Mosul y Alepo le pertenecen al pueblo turco, pues durante siglos fueron parte de los dominios otomanos. Sus declaraciones se produjeron durante la apertura de una institución educativa en la ciudad de Bursa, al sur de Estambul. Los dichos coinciden, por un lado, con la ofensiva en Mosul contra el Estado Islámico (ISIS), y por otro, con la campaña rusa-siria contra los rebeldes en Alepo. Según lo marcan los analistas, el mandamás turco, operador político de la llamada doctrina neootomana, está irritado frente al prospecto de verse aislado en la repartija regional que tendrá lugar en Medio Oriente luego de extinguidas las actuales insurgencias. En este sentido, las palabras de Erdogan vienen a expresar las polémicas revisionistas de Turquía, que datan desde hace casi cien años; desde la sucesión otomana y la subsecuente fundación de la república kemalista.

Inserto en esta trama, Erdogan es un demagogo ávido en casa, y sin embargo una molestia para todo mediador internacional que debe tratar con él. Si bien es evidente que, con Rusia asentándose de forma permanente en Siria, Alepo seguirá siendo un objetivo inalcanzable para los turcos, el cálculo es algo más ambivalente en cuanto a Mosul. Esto no necesariamente significa que Turquía vaya a insertarse de lleno en un estado de guerra, pero más bien que buscará apuntar su influencia al sur de su frontera, particularmente en detrimento de los ayatolas y el Estado iraquí, que representan la competencia islámica (chiita) al proyecto (sunita) que enarbola Erdogan.

En todo caso, el presidente turco está más que dispuesto a jugar la carta nacionalista para ratificarse alegóricamente como sultán (así le llaman), haciendo que sea conveniente detenerse en su postura, para analizar si la proyección estratégica a la que aspira Turquía es plausible. Continuar leyendo “Mosul: revisionismo turco y geopolítica”

La diplomacia caliente de Rusia: las armas hablan más que las palabras

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 24/10/2016.

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Misiles tierra-aire S-400 de medio y largo alcance, desfilando durante el Día de la Victoria, en la Plaza Roja de Moscú, el 9 de mayo de 2015. El S.-400 es uno de los sistemas de defensa antiaérea móviles más avanzados en el mundo. Rusia los desplegaría en Crimea y en Siria para disuadir ataques de la OTAN. Para los asuntos de alta política, la diplomacia rusa se basa en la coacción. Viene acompañada por una ideología paneuroasiática que busca revivir las glorias imperiales del pasado. Crédito por la imagen: Sergei Karpukhin / Reuters.

Las relaciones entre Estados Unidos y Rusia nunca han estado tan mal en la era postsoviética. La tensión es tal, que, evocando los acontecimientos de la Guerra Fría, políticos, especialistas y militares han puesto el interrogante en la hipotética premisa de una guerra nuclear. La discusión se refiere a la plausibilidad de una tercera hecatombe global suscitada, entre otras cosas, a partir de la contrariedad que mantiene Rusia y el bloque occidental con respecto a Siria. Moscú ha dejado en claro que su intervención en el Levante no estará sujeta a ninguna negociación inquisitiva, la cual busque restringir o limitar el alcance de la influencia rusa en Medio Oriente. Por otro lado, Washington observa con preocupación que está perdiendo su capacidad de disuasión, puesta a prueba por una Rusia envalentonada, que responde más agresivamente a la interposición norteamericana en sus asuntos.

El solo hecho de que un escenario de guerra abierta sea tomado en serio dice bastante acerca de lo volátil de la situación. Como en las relaciones internacionales la percepción ocupa un papel central, hay quienes dirían que –si llegase a ocurrir algún día– semejante conflicto será el resultado de una profecía autocumplida, pues se concede que, con el tiempo, los prejuicios y las palabras hostiles embrollan la percepción que los países tienen el uno hacia el otro. Por eso, cuando Estados Unidos dice que Rusia comete crímenes de guerra en Alepo, los rusos perciben hipocresía, y ante todo una excusa para minar la consecución de sus intereses legítimos. En respuesta, el Kremlin expresa su malestar con amenazas, y más precisamente con la carta nuclear. Pero como lo muestra este caso, las armas suelen hablar mucho más que las palabras, especialmente cuando las primeras son lo suficientemente potentes como para hacer valer las bravatas verbales.

Luego de haberse ocupado de modernizar el arsenal de la otrora superpotencia, Vladimir Putin revivió la vieja usanza soviética de negociar con una pistola sobre la mesa. Esta diplomacia caliente consiste en desplazar las fichas sobre el tablero, creando la impresión de que la dirigencia rusa tiene menos aversión al riesgo que sus contrapartes en Occidente. Por esta razón, una percepción desacertada puede desencadenar decisiones erradas, y arrojar consecuencias fatídicas. Pese a la exhortación de moderación y templanza, las escaladas militares son una constante histórica, que devienen justamente de la capacidad de los líderes por interpretar –correcta o irreflexivamente– la voluntad de terceros actores en el teatro de la alta política. Ahora bien, este augurio pesimista no necesariamente se verificará en el presente. Aunque la tensión geopolítica entre Estados Unidos y Rusia subsistirá como eje de las discusiones, la guerra abierta perfectamente puede ser evitada, siempre y cuando los decisores juzguen correctamente las intenciones de sus adversarios. Continuar leyendo “La diplomacia caliente de Rusia: las armas hablan más que las palabras”

Estado Islámico: yihadistas educados

Artículo Original.

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Mohammed Emwazi, más conocido como “Yihadi John”, el infame verdugo con acento británico del Estado Islámico (ISIS), se había recibido en Administración y en Sistemas Informáticos en la Universidad de Westminster. Eso no impidió que decidiera unirse al grupo yihadista, para luego salir en Internet degollando prisioneros para aterrorizar al mundo libre. Un estudio difundido por el Banco Mundial recogido por algunos medios reconoce que, lejos de ser pobres o iletrados, los yihadistas suelen estar muy educados. Crédito por la imagen: CNN.

Hace pocos días algunos medios internacionales cubrieron lo que a simple vista podría parecer una novedad particularmente notable. Según un estudio del Banco Mundial, los reclutas del Estado Islámico (ISIS) están más educados que la nómina árabe. Según el documento, titulado “Inclusión social y económica para prevenir el extremismo violento”, el 69% de los militantes del grupo yihadista más infame tuvieron como mínimo educación secundaria. Solo el 15% dejó la escuela antes del secundario, y menos del 2% es iletrado. Sin embargo, pese a estos datos concisos, el informe insiste en explicar sus propios hallazgos en base a la “falta de inclusión económica”, que siempre permanece a lo largo del texto en un nivel genérico de abstracción. En efecto, el Banco Mundial contradice el título del reporte con la estadística que sale reflejada del mismo.

Esta ceguera es figurativa de la obstinación de muchos por elucidar las causas de la guerra santa bajo un paradigma materialista. No faltan los intelectuales que explican el yihadismo situando la culpa en el legado del colonialismo europeo, la política exterior de Estados Unidos, y la pobreza o la falta de educación de cuales miserables “víctimas” de la globalización. Por eso, es paradójico que un estudio volcado a entender las variables socioeconómicas detrás del ISIS, descubra que estas no son tan importantes como se presuponía.

En verdad, el reporte del Banco Mundial no dice nada nuevo. Los expertos en Medio Oriente y los especialistas en contraterrorismo vienen percatándose de lo mismo desde hace quince años. Que el terrorista y el yihadista haga lo que haga porque es ignorante o invariablemente pobre es un mito sin ningún tipo de sustento en la realidad. Una y otra vez, desde los atentados del 11 de septiembre en adelante, el perfil de los militantes no coincide con aquel del iletrado o muerto de hambre. Por el contrario, los terroristas suelen provenir de familias adineradas o de clase media. Incluso, muchos de ellos poseen incluso títulos universitarios, particularmente en ingeniería y medicina. Por eso, aunque vale la pena remarcar los hallazgos del reporte, a mi criterio la relevancia del documento estriba de su mediatización en los distintos medios del mundo. Es hora de derribar de una vez por todas el relato incongruente que justifica actos desesperados o dramáticos en la brecha entre ricos y pobres. Continuar leyendo “Estado Islámico: yihadistas educados”