Los kurdos en el ojo de la tormenta yihadista

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Articulo Original.

El 4 de diciembre participe de un evento donde se habló de la cuestión kurda en relación al yihadismo y a los desafíos regionales. Organizado por el Centro Moshe Dayan, y moderado por Ofra Bengio (medio), el encuentro contó con las intervenciones de Uri Hazan (izquierda) de la cancillería israelí, y Akil Marceau (derecha), exdirector de la oficina de intereses del Kurdistán iraquí en París. Crédito por la imagen: fotografía propia, tomada en la Universidad de Tel Aviv.

El 4 de diciembre participé en un evento organizado por el Centro Moshe Dayan de la Universidad de Tel Aviv. El tema de discusión fue la situación contemporánea de los kurdos en relación con el embate yihadista y con los desafíos regionales. Dos funcionarios circunstanciados hicieron de oradores principales, uno kurdo y el otro israelí. El primero, Akil Marceau, vino a representar la posición del Kurdistán iraquí (KRG), y el segundo, Uri Hazan, vino a compartir la mirada de la cancillería israelí. Sumando al panel, el encuentro contó con la moderación de Ofra Bengio, una renombrada experta en asuntos kurdos.

Durante el evento se hizo evidente que la cuestión kurda es uno de los temas de discusión más candentes en Medio Oriente. Ubicados en el ojo de la tormenta yihadista, están moviéndose ahora a una tormenta geopolítica. En ese sentido, los oradores plantearon que los kurdos tienen decisiones difíciles por delante, y que deben tomar resoluciones contundentes para asegurar su lugar en el mundo. En este contexto, dada la relevancia del debate, creo conveniente exponer los argumentos principales de Marceau y Hazan.

Primero expusó Marceau, quien fuera director de la oficina de intereses del KRG en París. Nacido en Siria, emigró en su adolescencia a Francia, donde siguió una carrera académica. Marceau me causó la impresión de ser más francés que mediooriental, y su argumento se resume en afirmar que llegó el momento de gloria de los kurdos. Según él, hace veinte años nadie recordaba a este pueblo que hoy se perfila para la independencia. La autodeterminación habría comenzado a materializarse durante el Gobierno de Nuri al-Maliki (2006-2014), cuando Bagdad adoptó una orientación sectaria chiita que terminó por aislar a sunitas y kurdos. No obstante, Marceau sugirió que el momento de redención de los kurdos iraquíes llegó con la aparición en escena del Estado Islámico (ISIS). Planteó que el KRG fue el único actor que le plantó la cara a los yihadistas y que logró mantenerse invicto. En efecto, “los kurdos son guerreros temerarios y formidables”.

Paralelamente, evocando el proceso de modernización de Estados nacionales, Marceau hizo mención al hecho de que muchos jóvenes kurdos comenzaron a estudiar y a formarse en el extranjero, particularmente en Europa. De este modo, “mientras Erbil se abría al mundo, Bagdad se cerraba, gracias a sus políticas sectarias y afinidades erradas”. Para el letrado, más allá de si nacieron en Siria o en Irak, “los kurdos están motivados políticamente, y tienen un proyecto que es el cemento de la identidad nacional, y que toma precedente sobre cualquier identidad religiosa”. La kurda, como sociedad dinámica que es, presenta partidos políticos no religiosos, y tanto hombres como mujeres son incluidos en el proceso electoral. Consecuentemente, aseveró que hay que entender al KRG como una entidad con un proyecto pluralista; a tal punto, que ha dado refugio a un millón y medio de refugiados del conflicto en Irak.

En base a esta consideración, Marceau habló también de Siria. Contrastó a Las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) con las otras agrupaciones opuestas a Bashar al-Assad, hegemonizadas por elementos islamistas o yihadistas. En este sentido, aunque reconoció lazos entre Francia y el KRG, criticó a los países europeos por no apoyar contundentemente a la verdadera opción secular y pluralista en el Levante y Medio Oriente. Además, Marceau sostuvo que, desde lo práctico, el KRG, con capital en Erbil, es abundante en hidrocarburos, y demostró ser económicamente autosuficiente. La región atrajo capital extranjero, y la actividad económica mostró signos de estar diversificándose, gracias a inversiones en el sector alimenticio y de la construcción. Por eso, verificando su condición como Estado de facto, el KRG estableció en los últimos tiempos relaciones diplomáticas con Estados prominentes de la arena internacional. Esta apreciación llevó al portavoz galo a mostrarse optimista. En definitiva, alegó que el hecho de que los kurdos sigan entre nosotros habla bastante de su resiliencia para superar todo trauma.

Más adelante habló Uri Hazan, subdirector del departamento de Medio Oriente de la cancillería israelí. Su intervención fue critica a la administración de Masoud Barzani, el presidente del KRG. En contraste con el paisaje que pintó Marceau, Hazan criticó a los partidos kurdos por encontrarse en una pugna política interna, la cual estaría socavando la fortaleza del proyecto nacional en cuestión. Se refirió vagamente a la rivalidad entre Erbil y Suleimaniya, que ya había estallado en una guerra civil (entre 1993 y 1997). Mientras que la capital responde al Partido Democrático de Kurdistán (KDP) y a Barzani, Suleimaniya responde tradicionalmente a Yalal Talabani y a la Unión Patriótica de Kurdistán (PUK). Hazan planteó que estas divisiones están llevando a los opositores del PUK a codearse con Irán a los efectos de ganar más maniobrabilidad, pero a un precio muy elevado.

El mapa muestra el Kurdistán iraquí (KRG), y las áreas de influencia de las principales facciones políticas: el Partido Democrático de Kurdistán (KDP) y la Unión Patriótica de Kurdistán (PUK).

Hazan sostuvo que Barzani se hizo con legitimidad gracias a la guerra contra el ISIS, siendo que ayudó a posponer las diferencias entre las facciones kurdas. En este punto se mostró en acuerdo con Marceau, indicando que la resistencia del KRG hizo que la autoridad kurda sea un actor relevante en Irak y en la escena regional. Sin embargo, su argumento estriba en lo siguiente: si los partidos rivales no pueden ponerse de acuerdo en este momento, difícilmente puedan lograrlo en el futuro previsible. En su condición de enemigo declarado, el ISIS proveyó al proyecto nacionalista kurdo con una consigna unificadora, un propósito, y el sentido de cambios inminentes. De este modo, el yihadismo sería una maldición convertida en bendición. Pero siguiendo con este argumento, el problema más relevante para los kurdos es que Barzani está dejando pasar la oportunidad de declarar la independencia. La milicia sunita está perdiendo terreno, y con su derrota las gritas en el establecimiento kurdo vuelven a resurgir sobre la superficie.

Con esta coyuntura de fondo, Hazan cree que existe un riesgo elevado de que las milicias chiitas alineadas con Teherán ocupen posiciones previamente controladas por las fuerzas peshmerga (kurdas), entre ellas Kirkuk, apodada la “Jerusalén de los kurdos”. El funcionario dio por entendido que los iraníes, a diferencia de otros actores, se están preparando para el vacío de poder que dejará el ISIS. Alega que el objetivo de Irán es abrir un corredor desde el oeste de Mosul hasta Siria, para socorrer al régimen de Assad, y de ahí tener mejor acceso al Líbano. Por esta razón, si bien reconoció que no está del todo claro lo que pasará “el día después del ISIS” –una vez que el polvo se asiente en torno a Mosul– manifestó que Irán está moviendo sus fichas sobre el tablero. Además, Bagdad también se está intimando con intereses iraníes. Al caso, el israelí se refirió a la decisión del parlamento iraquí de legalizar, el 26 de noviembre, a la milicia chiita Hash al-Shaabi (también conocida como Fuerzas de Movilización Popular o PMF).

Para Hazan, “Barzani debería dejar en claro a las fuerzas políticas kurdas que estar con Irán destruirá al KRG, y a sus ambiciones”. “Necesita renovar las funciones del parlamento para dar con unidad, porque caso contrario será muy difícil lanzar el referéndum por la independencia”. Con esto, el analista sugirió que la vigencia de Barzani como líder descansa en su capacidad para avanzar en esta dirección. Su legado depende de ello. Ahora bien, Hazan hizo una distinción entre referéndum e independencia. Ilustrando, discutió que Erbil podría llevar a cabo el referéndum y no declararse independiente inmediatamente. Más bien, el KRG podría utilizar el referéndum como herramienta de presión frente a Bagdad, a modo de conseguir mayores concesiones o partidas presupuestarias.

En términos geopolíticos, el israelí reiteró su preocupación sobre la expansión iraní, y enfatizó que entablar relaciones cordiales con Teherán es lo peor que el KRG puede hacer. Por el contrario, identificó los intereses kurdos en las relaciones con los actores sunitas, principalmente Arabia Saudita y Turquía. Hazan sostuvo una opinión que comparto, y que consiste en que Ankara ve en el KRG a “los kurdos buenos”, y entiende que la región de estos es una potencial zona de amortiguamiento a la expansión del axis Damasco-Teherán-Bagdad.

Por último, tuve la oportunidad de preguntarle a Hazan acerca de la posición de Israel en virtud de la plausible independencia kurda. Articulé mi pregunta en base a la ambivalencia de Estados Unidos frente a este tema. Aunque parece que los norteamericanos están percatándose de que el KRG podría convertirse en un Estado de iure, aceptarlo como tal implicaría reconocer que el proyecto de un Irak federal ha sido un estrepitoso fracaso. Es decir, esto equivaldría a que Washington aceptara que la invasión de 2003 fue un error estratégico. Con esto en mente, mi pregunta fue si Israel estaría dispuesto a reconocer al KRG como Estado, aun si Estados Unidos no lo hiciera inmediatamente. ¿Seguiría Israel el voto de Estados Unidos, o votaría independientemente?

En el marco de las Naciones Unidas, Israel suele seguir la pauta marcada por su gran aliado. Así y todo, Jerusalén votó diferente cuando sus intereses se hicieron manifiestamente diferentes a los de Washington; y esto ocurrió en 2014, cuando Israel se abstuvo de condenar a Rusia por la invasión a Ucrania.

Como buen diplomático, Hazan intentó esquivar la pregunta. Frente a mi insistencia atinó a decir que “los discursos de los oficiales israelíes dejan en claro la posición del país”. Por otra parte, inesperadamente, obtuve una respuesta más contundente por parte de un oyente. Presente en la audiencia estaba Eliezer Tsafrir, un exjefe del Mossad con amplios vínculos con los kurdos, a quienes ayudó a entrenar durante años. Se levantó y dijo: “Yo te voy a contestar: ¡reconocimiento inmediato!”

En definitiva, si hay algo que no está en duda es que hay un gran juego geopolítico en torno al Kurdistán iraquí. Los acontecimientos dirán si a los kurdos les llegó la hora de ser finalmente independientes

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