Israel: cambio de guardia y derechización

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Artículo publicado originalmente en AURORA el 22/05/2016.

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Benjamín Netanyahu (derecha), y Moshé Yaalón (izquierda) durante una reunión del partido Likud en Jerusalén, el 11 enero de 2016. A raíz de una polémica nacional, ambas figuras se han distanciado. Yaalón, un reconocido militar de carrera, ocupaba hasta recién el cargo de ministro de Defensa, el cual pasará ahora a manos de Avigdor Liberman, un populista con pocas credenciales castrenses. Esta situación ha suscitado controversia, y muestra que el sistema político israelí puede presentar incongruencias. Crédito por la imagen: Miriam Alster.

Nadie discute que Israel, políticamente hablando, viene derechizándose desde hace 15 años. Es una tendencia clara y evidente, y ha alcanzado un nuevo hito. El último 19 de mayo se anunció que Avigdor Liberman pasaría a formar parte del gabinete israelí como ministro de Defensa, integrando de este modo al partido derechista Israel Beiteinu a la coalición de gobierno. Con este anuncio, el Gobierno número 34 se reconfirma como el más derechista en la joven historia del Estado hebreo. Se trata de una coalición dominada por nacionalistas partidarios de mano dura, quienes no han sabido reconciliarse con la centroizquierda, el espectro de donde estriba la principal fuente de oposición.

En perspectiva, el laborismo israelí, que avasalló la política durante las primeras tres décadas de existencia del Estado, parecería haber quedado relegado a una posición muy por detrás de las glorias de otrora.

Por eso, aunque hay que preguntarse qué significa Liberman como ministro de Defensa, es necesario reflexionar sobre el contexto actual; sobre esta tendencia a la derechización, y sus repercusiones en la sociedad israelí y en el proceso de paz.

Lo primero que debe ser establecido es que la llegada de Liberman se produce en el marco de la ola de ataques terroristas que viene sacudiendo al país en los últimos meses. Liberman criticaba al primer ministro Benjamín Netanyahu por no ser lo suficientemente duro contra los palestinos, y por no llevar a cabo asesinatos selectivos. En este sentido, su discurso contrasta con Moshé Yaalón, quien fuese hasta recién ministro de Defensa.

“Bogie”, como le dicen en Israel, es un galardonado militar de carrera. En 2005 se opuso vehemente a la retirada unilateral de Israel de la Franja de Gaza, crítica que le costó su posición como jefe del Estado Mayor. Desilusionado, en 2008 Yaalón se sumó a las filas del Likud, y desde entonces la suya es una posición rigurosa, primordialmente basada en consideraciones de seguridad. ¿En qué difiere entonces con Liberman?

En cierta medida, el hecho que desencadenó la salida de Yaalón y facilitó la entrada de Liberman fue el incidente producido el 24 de marzo pasado, cuando un soldado del ejército israelí mató a un terrorista palestino en Hebrón. El palestino en cuestión, al atacar y herir a un soldado, fue neutralizado, quedando herido en el suelo. La polémica se produjo luego de que otro soldado, sin consultar con su comandante, sintió que el atacante “se merecía morir”, procediendo a ejecutarlo extrajudicialmente. Esta eventualidad suscitó una polémica nacional en torno al posible enjuiciamiento del soldado intransigente. Cuando el ejército se dispuso a arrestarlo e investigarlo, una encuesta de la televisión local mostró que la mayoría de los israelíes, esto es un 57%, estaba en contra de que el soldado fuese procesado.

En este debate, Yaalón se posicionó como una de las voces más fuertes en favor de seguir las reglas del manual, y procesar al soldado por desobediencia; por disparar cuando el palestino ya no presentaba ninguna amenaza. Liberman se paró en cambio en el espectro contrario, aprovechando la indignación de los sectores más duros para posicionarse entre dicho electorado. Quizás más relevante, la templanza de Yaalón contrasta con el afán de Liberman por impulsar la pena de muerte para terroristas convictos, una discusión que hace una década en Israel sería impensable.

Sobre Yaalón también podría decirse que su temperamento consecuente, con el debido proceso y la disciplina castrense, le costó el cargo, y, lo que es más, su lugar en el Likud. Así, tal como ocurriera con Ariel Sharón (aunque por razones diferentes), otro importante militar, por un hecho político termina siendo marginado por su propio partido.
Yaalón es la última víctima del proceso de derechización de la sociedad israelí. Pese a su larga y decorosa trayectoria como uniformado, y pese a serle fiel a Netanyahu, en última instancia el primer ministro decidió reemplazarlo por un hombre con pocas credenciales militares, y mucho menos en materia de seguridad. De contar en su gabinete con un exjefe del Estado Mayor, Netanyahu ahora será secundado por un populista que nunca superó el rango de cabo. Dado que Liberman admira a Vladimir Putin, según lo dice un comentarista, Yaalón –“la voz moral del ejército”– será reemplazado por quién será “el zar” de Cisjordania, puesto que el portafolio de Defensa se ocupa precisamente de administrar la gestión de dichos territorios.

Tal como lo expresa David Horovitz, la brutal decisión de Netanyahu ha producido las reacciones predecibles dentro del espectro político del país; “cuanto más a la derecha, más cálido es el apoyo al cambio de personal; cuanto más a la izquierda, más severas son las advertencias de fascismo y extremismo en la conducción de Israel”. En efecto, el ex primer ministro Ehud Barak dijo que Yaalón fue “purgado” por Netanyahu, y Tzipi Livni se refirió a una “crisis ética”. Para la laborista Shelly Yachimovich, Israel nunca experimentó “una bajeza política tan grande”.

En el ámbito doméstico, “Bibi” Netanyahu es conocido por ser un político sagaz, un malabarista, que siempre se las arregla para conservarse en el poder. Un ávido interprete de la situación política, Netanyahu es un hombre pragmático que sabe que es lo que le conviene decir y hacer para conservar su trabajo. Mediante observaciones de esta índole, los críticos aseguran que Netanyahu gobierna solo pensando en el corto plazo, y en las consecuencias inmediatas para su figura. Acaso prueba de ello, el premier últimamente se mostró ambivalente y poco resoluto a la hora de expresar su opinión en relación con el incidente de Hebrón. Se fijó hacía donde sopla el viento, y decidió sacrificar a Yaalón en el altar de la conveniencia política.

Sobre Liberman puede decirse que aprendió del mejor. Para las elecciones de 2013, Israel Beiteinu y el Likud se presentaron en una lista conjunta. En las calles podían verse los afiches con las caras de sus líderes lado a lado. En este punto, de ser un fiel seguidor, Liberman pasó a criticar al primer ministro cuando más le convenía; cuando distanciarse ofrecía más réditos políticos entre sus seguidores nacionalistas.

Liberman, que en su momento se refirió a Netanyahu como un recipiente vacío incapaz de proteger a Israel, destruir a Hamás o frenar la amenaza iraní, hoy sonríe con “Bibi” a su lado.

No obstante, para asegurar su lugar en la coalición, hay fuentes que indican que a Liberman se le exigió retirar sus propuestas seculares en materia de sociedad y religión, y posiblemente declinar también su demanda de aplicar la pena de muerte. El político nacido en Moldavia, cuyo electorado está compuesto primordialmente por judíos de origen soviético, asegura que la suya es la única plataforma laica y derechista.

Por ello, elementos centrales en su campaña han sido la oposición al predominio de los ortodoxos en el Ministerio de Interior, como así la igualdad de responsabilidades entre judíos religiosos y seculares. De confirmarse las sospechas, en tanto Liberman no insista con temas que toquen esta órbita, Netanyahu habría dado con el socio indicado para formar una coalición estable. Eso sí, debe tener presente que el líder de Israel Beiteinu está jugando al mismo juego, y apelando a las mismas tácticas en función de su propia conveniencia.

De ser este el caso, desde el punto de vista democrático Israel no quedaría bien parado. Por ejemplo, entre otras cosas, aplazada la agenda secular, la coalición nacionalista-religiosa posee mayor libertad de acción para vetar legislación que permita la unión civil, por fuera del ámbito religioso. Esto se produce pese a que (según una encuesta de Haaretz) alrededor del 70% de los israelíes está a favor de que las personas del mismo sexo puedan casarse. Al caso, esta representa otra de las incongruencias que puede producir el convulsionado sistema político de coaliciones que presenta Israel. Así, Majané HaTzioní (Campo Sionista), la segunda fuerza política del país, la alianza de centroizquierda que encabeza Isaac Herzog, queda al margen del Gobierno, y sin ministros que la representen porque no supo o no pudo negociar su entrada en la coalición.

Por otra parte, a grandes rasgos, donde el Gobierno sí se vuelve representativo de la sociedad israelí es en el campo de seguridad. En general, el votante de centroizquierda y centroderecha parece identificarse con lo que a mí me gusta llamar la “posición renegada”: a la par que apoya una solución al conflicto, desmiente que esta sea alcanzable al corto plazo. Por ejemplo, una encuesta (llevada a cabo en noviembre por The Israel Democracy Institute) muestra que cerca del 60% de la sociedad israelí está a favor de tener negociaciones con los palestinos. Pero cuando se le preguntó a la gente acerca de su nivel de optimismo, en virtud de que las negociaciones puedan traer la paz, solo el 24% piensa que hay alguna posibilidad. Un 73% cree que dicho prospecto no se dará.

Es evidente que los fracasos en el proceso de paz, y el resurgimiento de la actividad terrorista, han llevado al electorado israelí más cerca de la derecha. Esto es cierto, y seguirá siéndolo, en tanto los israelíes perciban que existe una carencia de seguridad que debe ser remediada inmediatamente. Visto así el escenario, el cambio de guardia en materia defensiva provocó la merecida indignación en un segmento amplio de la población. De todas formas, también es cierto que con las circunstancias actuales, con Medio Oriente envuelto en una encrucijada, la retórica dura de Liberman –segurólogo acreditado o no– le ha traído muchos avales. Quedará por verse si pese a su inexperiencia, el político puede traducir sus dichos en acciones concretas que potencien la sensación de seguridad entre los israelíes.

Liberman en la cartera de Defensa previsiblemente le traerá a Israel oprobio en la arena internacional. Pero no hay que perder de vista que, así y todo, ningún político o funcionario israelí –sea de la caña que sea– está en condiciones conseguir avances en relación con el proceso de paz. Cuando la estabilidad es el bien que más cotiza en el mercado de valores, las circunstancias regionales se muestran avasallantemente contrarias al riesgo que supone apostar por la paz. En este aspecto, si bien desde lo personal lamento el nombramiento de Liberman, dudo de que este sea capaz de empeorar significativamente el estado actual de las cosas entre israelíes y palestinos. El tiempo lo dirá.

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