El giro pragmático de Hamas

Artículo Original. Publicado también en INFOBAE el 21/05/2017.

El líder saliente de Hamas, Khaled Meshal, anuncia la introducción de un nuevo documento político con directrices para orientar a la organización, durante n evento en Doha, el 1 de mayo de 2017. El texto ha sido interpretado como una señal de que el grupo militante palestino puede ser pragmatico en función de la coyuntura de Medio Oriente. Por esta razón, vale la pena explorar las implicancias que este giro podría traer. Crédito por la imagen: Naseem Zeitoon / Reuters.

A principios de mayo trascendió que el grupo palestino Hamas habría reconocido implícitamente que un Estado palestino puede basarse en los límites de 1967, antes de que Israel se expandiera en la guerra de los Seis Días. Consecuentemente, la agrupación islamonacionalista estaría renunciando, por lo menos temporariamente, a la histórica pretensión de una Palestina “desde el Jordán hasta el Mediterráneo”. Es decir, estaría reconociendo tácitamente la existencia de Israel, aunque no así su derecho a existir. Suponiendo que esta interpretación sea adecuada, Hamas estaría intentado proyectar que está “moderándose”; blanqueando su imagen, y abriendo la ventana a potenciales negociaciones con los actores de la región.

Este desarrollo podría ser especialmente relevante a la hora de tratar el conflicto israelí-palestino. Por eso cabe preguntarse que llevó a Hamas a este rumbo, y qué posibilidades hay de que en efecto haya un deslechase positivo. ¿Son reales los indicios que sugieren que los tiempos están cambiando? ¿Se puede confiar en Hamas? Continuar leyendo “El giro pragmático de Hamas”

Líbano sale de su estancamiento político gracias a Hezbollah

Artículo Original. También publicado en INFOBAE el 08/11/2016.

Michel Aoun (izquierda) junto con Saad Hariri (derecha) en Beirut, momentos después de que Hariri anunciara que apoyaría la nominación de Aoun para convertirse en presidente, el 20 de octubre de 2016. La elección de Aoun como presidente viene a destrabar dos años y medio de parálisis política. Sin embargo esto solo fue posible gracias a un acuerdo alcanzado con Hezbollah. Gracias a la influencia que tendrá el grupo chiita en el nuevo Gobierno, la llegada de Aoun podría traer repercusiones regionales importantes. Crédito por la imagen: Mohamed Azakir / Reuters.

Michel Aoun fue electo presidente por el parlamento libanés el 31 de octubre, poniendo fin a un periodo de estancamiento político de dos años y medio de duración. Durante este tiempo, desde mayo de 2014 hasta recién, ninguna fuerza política puedo imponerse, y negociar exitosamente la composición del liderazgo nacional. Siguiendo el reglamento sectario que rige en Líbano, el flamante presidente es un cristiano maronita. Aoun tiene 81 años, es excomandate del ejército, y, en su momento, su bravura contra los sirios resultó en que en 1990 tuviera que exiliarse en Francia, donde viviría quince años. Volvió al país y a la política en 2005 tras la llamada Revolución de los Cedros, cuando Líbano se independizo fácticamente de Damasco, luego de treinta años de dominación mediante la ocupación y luego la coacción.

Desde un punto de vista regional, la asunción de Aoun ciertamente es noticia, pero gran parte de la relevancia estriba en las alianzas políticas del líder. Aunque el partido cristiano del ahora presidente, el Movimiento Patriótico Libre (FPM), logró imponerse en las internas de la bancada cristiana, tuvo que pactar con Hezbollah para prevalecer. Es decir, a los efectos de asegurar la salida del estancamiento político, el aval del movimiento chiita de Hassan Nasrallah fue decisorio. A grandes rasgos, los parlamentarios cristianos y sunitas, liderados por el expremier Saad Hariri (de la Alianza del “14 de mayo”), consensuaron una salida política, pero solamente lo lograron porque también consiguieron que Hezbollah (que encabeza la coalición rival del “8 de marzo”) apoye a Aoun. Pese a que este grupo no tiene más bancas que otras fuerzas protagónicas, el sistema político le confirió la potestad de decidir la elección del presidente, pues, para este propósito, se necesita el consentimiento de por lo menos dos tercios del parlamento.

Entre otras cosas, esto significa que, bajo la configuración sectaria de la política libanesa, el grado de discrecionalidad del presidente es relativamente bajo. A su vez, esto implica que para gobernar sus decisiones tienen que ser aprobadas por el parlamento (cuyo representante es chiita) y por el primer ministro (sunita). Consecuentemente, si bien esta no sería la primera vez en la que Hezbollah logra acaparar la atención en la escena doméstica, la milicia chiita está apuntándose una victoria importantísima; una que podría traer aparejadas repercusiones notables que valen la pena explorar. Continuar leyendo “Líbano sale de su estancamiento político gracias a Hezbollah”

Los expertos tienen la palabra: ¿es estratégico destruir al Estado Islámico?

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En un artículo polémico, Efraim Inbar, un académico especializado en asuntos estratégicos, asegura que es conveniente que el ISIS no sea destruido, pues su permanencia permite que los “malos” del vecindario se mantengan ocupados matándose entre sí. En la foto, un tanque capturado por el Estado Islámico (ISIS) pasa por el norte de Raq en 2014, la capital de facto del grupo. Crédito por la imagen: Reuters / Stringer.

En las últimas semanas se produjo un intercambio interesante entre los expertos asociados del Begin-Sadat Center for Strategic Studies (BESA), un think tank conservador parte de la Universidad Bar Ilán. Por medio de una serie de artículos, tres expertos debatieron si la prospectiva destrucción del Estado Islámico (ISIS) es conveniente en términos de la geopolítica regional.

Efraim Inbar abrió la sesión planteando la pregunta polémica. Académico enfocado en asuntos estratégicos, y director saliente del BESA, Inbar puso en tela de juicio la conveniencia de derrotar militarmente al grupo yihadista más relevante de la actualidad. Su argumento, reducido a una oración, consiste en que un ISIS debilitado pero funcional no es relativamente tan peligroso, y que su misma presencia mantiene ocupados a los otros “malos” de la película, como lo son Irán, Siria y Turquía.

Por lo pronto, a los efectos de interiorizar más acerca de la presente crisis que envuelve a todo Medio Oriente, resulta conveniente detallar los argumentos de Inbar, como así también las respuestas provocadas por su artículo. Continuar leyendo “Los expertos tienen la palabra: ¿es estratégico destruir al Estado Islámico?”

¿Nuevos horizontes en Arabia Saudita?

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Un hombre contempla el centro de Riad desde la Torre Al Faisaliyah. La casa real de Arabia Saudita está apostando a una reforma social y económica sin precedentes en la historia del reino. Por primera vez se está discutiendo la necesidad de permitir la pluralidad religiosa, y la conveniencia de abandonar la completa dependencia hacia el petróleo. Crédito por la imagen: Peter MacDiarmid / Reuters.

Entre los analistas, Arabia Saudita es vista a menudo como la patrona del yihadismo. Más allá de que ahora combate el extremismo islámico, pues percibe en él una amenaza a la estabilidad del Golfo, durante décadas financió y promovió clandestinamente los intereses de los yihadistas sunitas, aquellos de la estirpe de Al-Qaeda dispuestos a luchar por la defensa o expansión del islam. Por esta razón, al hablar de Arabia Saudita, me referí al país como “la caja de Pandora del islam”. Lo cierto es que la familia Saud se plegó ante la causa yihadista, proveyéndole un caudal multimillonario para que pueda matar “infieles”, y en última instancia propagar la causa por el mundo. En efecto, no solo que los sauditas apoyaron clandestinamente a hombres como Osama bin Laden, sino que, apostando al largo plazo, financiaron la construcción de centros islámicos alrededor del planeta, para así diseminar el islam en su variante más aguerrida, la versión wahabita.

Estas aseveraciones están consensuadas por los expertos. Se da por sentado que Arabia Saudita está dominada por un establecimiento wahabita, representativo del ala más conservadora y a su vez radical del entorno sunita. El wahabismo es la doctrina del Estado saudita, y mientras exige un estricto apego a la ley islámica, en paralelo, desde lo tradicional, favorece la lucha armada en función de expandir las fronteras del islam, y hacer proselitismo en base a los guiamientos más estrictos. Por eso, hablar de islam conservador-radical no es exactamente un oxímoron. El wahabismo es extremista, pero su radicalismo no es en sí nada nuevo –nada “radical” en relación con el registro histórico–.

No obstante, de acuerdo con un artículo publicado por Joseph Braude, esta realidad está en proceso de transformación. Según este experto, los estratos políticos están separándose del estamento religioso, apostando a una campaña para desradicalizar a una sociedad que de por sí ya está inclinada hacia el mensaje radical. Para Braude, si Estados Unidos quiere tener relaciones más fructíferas con los países del Golfo árabe, sus decisores tienen que prestar más atención a los reformistas locales; a los elementos de poder blando que están intentando romper con el virtual monopolio de los wahabitas sobre la religión. Continuar leyendo “¿Nuevos horizontes en Arabia Saudita?”

Rachid Ghannouchi: ¿demócrata islamista?

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Rachid Ghannouchi es el líder y principal intelectual del partido Ennahda, una de las principales fuerzas políticas de Túnez. Ennahda es una plataforma islamista que ha llamado la atención por distanciarse del ejemplo de otros grupos con afinidades ideológicas en la región. Gracias a su disposición al dialogo y a la conciliación nacional, Ghannouchi ha sido reconocido por los comentaristas como un moderado que podría cambiar la faz de los movimientos islamistas. Aún más, recientemente ha declarado que su partido abandonaba su pretensión de llevar la religión a la política. Crédito por la imagen: Nicolas Fauque / Le Monde. 

“El histórico partido islamista tunecino Ennahda quiere dejar de ser islamista”. Así lo anunciaba El País el último 22 de mayo. Si la aseveración es cierta, se merece justamente ser presentada como noticia. Resulta que, conceptualmente hablando, islamismo y democracia parecen términos opuestos, incompatibles entre sí. A la luz de los hechos, hablar de un “islamismo democrático”, esto es, en un sentido liberal y republicano, es un oxímoron que no se contrasta con el comportamiento verídico de las plataformas islamistas, como Hamas y la Hermandad Musulmana. Por ello, cuando Rachid Ghannouchi, el histórico líder e intelectual de Ennahda (“renacimiento”), llamó a separar Estado de religión la semana pasada, los medios internacionales anunciaron lo que se percibe como una buena noticia para Medio Oriente.

En concreto, Ghannouchi saltó a la prensa internacional porque en el marco de un congreso partidario dijo que –como parte de un proceso histórico– “debemos separar la religión de las luchas políticas”. Para el dirigente, el debate identitario de Túnez fue resuelto con la constitución de 2014, la cual encontró un juste milieu (un punto medio) entre Estado y religión, limitando además toda forma de extremismo, tanto religioso como laico. Con esta lógica, que algunos prefieren llamar “especialización”, si bien se habla de que las referencias del partido seguirán siendo musulmanas, ya no habría instrucción o sesgo religioso a la hora de hacer política

En consecuencia, la pregunta fundamental que hay que hacerse es si el septuagenario líder es honesto. ¿Es Ghannouchi un verdadero reformista? ¿Cambiará en el futuro la relación entre democracia e islamismo? Continuar leyendo “Rachid Ghannouchi: ¿demócrata islamista?”

La Historia de la Yihad

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La pintura, realizada por Francisco de Paula Van Halen y expuesta en el Palacio del Senado español, representa la batalla de Las Navas de Tolosa. En 1212 los ejércitos cristianos derrotaron a las fuerzas almohades. La batalla marcaría un antes y un después en la Reconquista española. En su reciente libro José Javier Esparza trata esta cuestión, y aduce que para entender el extremismo islámico de hoy es necesario entender la historia y las batallas del islam.

En mi última visita a Buenos Aires fui a parar con un nuevo libro que parece haberse difundido bastante. El título llamó claramente mi atención. Se trata de Historia de la Yihad: catorce siglos de sangre en el nombre de Alá, escrito por José Javier Esparza. El autor es un periodista español dedicado a la divulgación histórica. No estando acostumbrado a trabajos de esta índole publicados por españoles, compré el libro para nutrirme de la opinión de un comentarista de Iberia.

El libro de Esparza está compuesto por capítulos que resultan muy fáciles de leer, y que proveen referencia, aunque muy por arriba, sobre los motores que movilizan la fuerza del belicismo religioso islámico. A mi criterio, aquellos con pocos o nulos conocimientos acerca de la historia del islam se beneficiarán con leer a Esparza. Es honesto, va al grano, e identifica correctamente la existencia de una pulsión destructiva en el islam, acaso uno de las principales contrariedades que están afectando a nuestros tiempos. Sin embargo, por otro lado, lectores más experimentados podrían considerar su simpleza un defecto que menoscaba su trabajo. En algún punto, siendo que el libro consta de 360 páginas, la historia que presenta Esparza es selectiva. Por ejemplo, se concentra más en su nativa España que en otras regiones, y decide “ahorrarle al lector detalles” –quizás indispensables para un repaso académico serio. Desde este lugar la obra no me convence. Creo que Esparza podría haberlo hecho mejor, quizás a expensas de alargar el libro en unas cien páginas. Bien, así y todo, cabe destacar que Historia de la Yihad tiene sus méritos a la hora de concientizar al lector promedio acerca del peligro que representa el extremismo islámico, y eso es lo que vale destacar a continuación. Continuar leyendo “La Historia de la Yihad”

El islam ante la democracia

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Una mujer vota en Egipto durante los comicios presidenciales de junio de 2012. Philippe d’Iribarne aborda la cuestión del islam y la democracia en un libro conciso y explicativo. Su visión es pesimista, porque observa que en los países musulmanes existe una adversidad cultural hacia la duda, el debate, y consecuentemente hacia el pluralismo. Crédito por la imágen: Suhaib Salem / Reuters.

¿Es el islam compatible con la democracia? En un libro conciso, Philippe d’Iribarne, intelectual francés de origen marroquí y director de investigación en el prestigioso Centre national de la recherche scientifique (CNRS), esboza algunas aproximaciones atinadas a la cuestión. En El islam ante la democracia (L’islam devant la démocratie, 2013), d’Iribarne ofrece respuestas en base a consideraciones extraídas de los textos religiosos, la historia, y la sociología. El libro hace eco de una de las preguntas más polémicas y relevantes de nuestros tiempos, razón por la cual, no sorprendentemente, la misma viene siendo abordada por los académicos de maneras distanciadas. Desde lo personal he leído el libro de d’Iribarne dos veces, y estoy convencido de su utilidad a la hora de introducir al lector a semejante disyuntiva entre religión y democracia, un sistema que, en sus mejores prácticas, enarbola principios de civismo liberales y seculares.

Si existe un mantra islámico resonando entre los estudiosos occidentales del tema, es que históricamente no ha existido una separación verídica entre Estado y religión en el mundo musulmán, y que no fue hasta tiempos relativamente recientes, cuando el islam comenzó a debatir su lugar en la Era Moderna, que el dominio de lo político comenzó a desembarazarse de significados religiosos. Al respecto, d’Iribarne sugiere que si bien el islam no está condenado a ser una fuerza antitética con la democracia liberal, corre con un lastre marcado por siglos de dogmatismo que, desde luego, le juega en contra. Comparto el prospecto, y por ello, dado que el texto es sucinto y está bien articulado, lo recomiendo a todo el que quiera contrastar, aunque sea a grandes rasgos, el devenir de Occidente con la historia del mundo islámico. En tiempos de latente tensión, en donde “el choque de civilizaciones” se mantiene en boga, El islam ante la democracia se vuelve un texto digno de estar en la biblioteca. Aunque su alcance es limitado, su valor reside en introducir al lector a un debate más amplio y complejo.

Bien, colmado de referencias y citas, cabe mencionar que el libro, para ser leído amenamente, requiere ciertos conocimientos previos. D’Iribarne se remite bastante a trabajos de otros autores para dar lugar a sus argumentos, y lo hace especialmente a la hora de realizar una exégesis coránica. Es decir, recolecta opiniones, y a veces el argumento se hace un tanto difícil de seguir. Sin embargo, así y todo, pueden destacarse los siguientes puntos o consideraciones. Continuar leyendo “El islam ante la democracia”

La génesis psicosocial del terrorismo moderno

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1919
Detalle recortado de una fotografiá grupal, donde puede verse a Stalin, Lenin y Mijaíl Kalinin durante el octavo congreso ruso del partido comunista en 1919. Según estima Anna Geifman, entre 1905 y 1917 los terroristas revolucionarios, y especialmente los anarquistas, fueron responsables de dar muerte a por lo menos 6.300 personas, entre uniformados y civiles en toda Rusia. Para situar la cifra en perspectiva, entre 1825 y 1917 las cortes imperiales expidieron 6.321 sentencias de muerte, de las cuales no todas fueron ejecutadas.

En Death Orders: the vanguard of modern terrorism in revolutionary Russia (Órdenes de Muerte: la vanguardia del terrorismo moderno en la Rusia revolucionaria) Anna Geifman, historiadora estadounidense del extremismo político nacida en San Petersburgo, se vale de la experiencia de su Rusia natal para sacar paralelos entre los anarquistas, comunistas y terroristas de principios del siglo XX con los terroristas islámicos del presente. Analizando la pulsión destructiva de los radicales rusos, Geifman identifica los móviles y discierne el complejo psicológico que transforma a una persona en terrorista. Su contribución consiste en desmitificar el relato que insiste en explicar al terrorismo como una reacción a agravios económicos, o bien, por contramano, como un fenómeno enteramente ideológico. Por el contrario, enfatiza que el terrorismo se gesta por factores psicosociales potenciados por el embate de las sociedades tradicionales con la Modernidad y los valores occidentales. Mediante la inducción, partiendo del historial de los maximalistas rusos, la autora también discierne un patrón en la personalidad de los extremistas, y encuentra una tendencia común hacia la autodestrucción y la deificación de la muerte por sobre la vida; una pauta que se repite en distintas situaciones, con distintas ideologías en juego, y que da cuenta de un lado oscuro de la condición humana.

En un texto que por su consistencia y fácil lectura a mi criterio debería considerarse para cualquier curso sobre la temática, la autora ratifica una tesis ya explorada por diversos especialistas. En general existe un consenso entre analistas, sociólogos e historiadores que apunta a que la popularidad de las ideologías extremistas contemporáneas va de la mano con un sentimiento de desesperanza y alienación que suele estar movido por la transición de una sociedad rural o tradicional hacia una sociedad industrializada. Esto sucede en un clima que presenta un quiebre del espíritu comunitario hacia la vorágine de una urbe cada vez más poblada. No obstante, si bien en estos escenarios muchas de las tensiones se sustraen al pleito diario de miles de carenciados por ganarse el sustento, la iniciación del terrorista está marcada por conmociones muy diferentes. Geifman en este aspecto comienza por abordar la faceta psicológica del terrorista. Argumenta que lo que define la inclinación de un hombre dispuesto a deshumanizar y atentar contra la vida de sus pares es la traumática experiencia de pasar, por primera vez, de identificarse como parte de una gran comunidad – un “nosotros” – a un “yo”; un ser individual ligado a su propia suerte, desvinculado del comportamiento de una mayoría que es apática a sus aspiraciones. Continuar leyendo “La génesis psicosocial del terrorismo moderno”

La verdad incómoda acerca del Estado Islámico

Artículo publicado originalmente en INFOBAE el 08/07/2015.

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Captura de pantalla de un video difundido por un medio yihadista el 4 de julio de 2015. El video propagandístico muestra a 25 soldados del ejército sirio arrodillados frente a adolescentes que en momentos oficiarán de verdugos. La acción se lleva a cabo en el anfiteatro de la antigua ciudad de Palmira en Siria. Crédito por la imágen: AFP / WELAYAT HOMS.

Sea por miedo o recaudo a no estigmatizar a las comunidades musulmanas, es común que en los debates acerca del fenómeno del yihadismo suelan evadirse términos que son indispensables para comprender mejor la realidad, y que a lo sumo se los reemplace con eufemismos más en sintonía con el discurso políticamente correcto que con la búsqueda de la verdad. El signo más recurrente es la tendencia por evitar hablar de “terrorismo islámico” para en cambio aducir que grupos como el Estado Islámico (ISIS), Boko Haram, o Al Qaeda representan a una minoría que secuestra la religión que profesa una mayoría tolerante y pacífica. Esto es, por ejemplo, lo que hizo el presidente estadounidense Barack Obama durante un discurso algunos meses atrás. Ahora bien, ¿es esta una posición responsable ante la amenaza del extremismo religioso homicida?

De un modo u otro, ya sea para calmar ansiedades o desalentar perjuicios, cuando se insiste directa o indirectamente en que los terroristas en cuestión no son musulmanes, al final de cuentas los yihadistas salen ganando, y los valores democráticos salen perdiendo. Si bien desde ya es evidente que la mayoría de los musulmanes no son asesinos en potencia, existen muchísimos fieles que profesan versiones de la fe que no se correlacionan con la contemporaneidad y la reflexión multiculturalista. Políticos, periodistas como intelectuales ponen axiomáticamente al islam en igualdad de condiciones que otras religiones, como si todos los individuos fuéramos criados con los mismos valores. El problema es que no se toman mucho tiempo para estudiar acerca de religión y política antes de emitir opinión. Continuar leyendo “La verdad incómoda acerca del Estado Islámico”

Qatar, la Copa del Mundo y la yihad

Artículo publicado originalmente en INFOBAE el 08/06/2015.

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La imagen muestra a la proyectada ciudad de Lusail que Qatar está construyendo desde cero para inaugurar durante la Copa Mundial de la FIFA en 2022. Se estima que solamente en proyectos de infraestructura, Qatar invertirá alrededor de 100 mil millones de dólares. Crédito por la imagen: lusail.com

Cuando en diciembre de 2010 Qatar fue escogido para ser el anfitrión, en 2022, de la vigésima segunda Copa del Mundo de la FIFA, comenzó a desentrañarse la trama de corrupción que gravita actualmente sobre dicha organización. De antemano, en aquel entonces se criticó la decisión de montar el torneo en un lugar caracterizado por un clima desértico, adverso al desempeño físico de los deportistas. Solucionado en teoría este problema, moviendo el evento de junio a diciembre, con la promesa de imponentes estadios provistos con las últimas tecnologías de refrigeración, las críticas a la FIFA, además de tornarse en dirección de la flagrante corrupción – algo especialmente cierto en estos días – se volcaron hacia la grave situación sociopolítica del pequeño emirato arábigo.

Pero, ¿por qué Qatar, que nunca calificó para participar de un Mundial, está interesado en invertir millones para organizar la fiesta del fútbol universal? La respuesta se hace evidente con otra pregunta, simplemente, ¿por qué no? Después de todo, el fútbol se ha convertido en una verdadera pasión mundial, y los Estados suelen conceder que mediante el deporte, y más precisamente mediante la copa de la FIFA, pueden ganar dividendos en materia de lustre y poder blando (soft power). En otras palabras, se trata de una oportunidad para ganar prestigio. Continuar leyendo “Qatar, la Copa del Mundo y la yihad”