Los idiotas útiles de Corea del Norte

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Por más insólito que paresa, existen occidentales serviciales al régimen norcoreano, uno de los más aislados y represivos del mundo. Es interesante entonces repasar el perfil de estos individuos, que sin tomar necesariamente conciencia de ello, se han vuelto en los idiotas útiles de Pyongyang. La imagen es el poster promocional de la película de 2015 que documenta las andanzas del exbasquebolista Dennis Roadman. Crédito por la imagen: Chief Productions.

Como analista internacional, encuentro fascinante la mera existencia de Corea del Norte. Quizás esta no sea la palabra más indicada para tratar con este país, y más en concreto con su régimen. No obstante, lo cierto es que esta entidad, la única monarquía comunista del mundo, evidentemente llama la atención. Precisamente, hay quienes dicen que Corea del Norte es una anomalía entre las naciones. Además de que presenta una dictadura unipartidista, la cual ya lleva casi setenta años en el poder, sistematiza el único modelo socialista que luego de tanto tiempo, no muestra ni el menor interés en la reforma económica.

Visto como actor internacional, o como régimen totalitario, se puede decir que la dinastía Kim decidió hacer de Corea del Norte un ente aislado, marginalizado por sus propias maquinaciones y mitos fundacionales. En la península de Corea, septentrionalmente al paralelo 38, no existe la noción de sociedad civil. El impulso totalitario, el culto a la personalidad fastuoso, la propaganda constante, y el sistema de clasificación social basado en la lealtad al régimen (songbun), han creado una nación de pobres y conformistas, de esclavos que viven y mueren para la supuesta gloria de sus líderes mesiánicos.

Sin la narrativa de heroísmo dentro de la continua percepción de victimización, cual distopía orwelliana habría dejado de existir hace tiempo. Y bien, pese a las reformas económicas de China y Vietnam, la caída del Muro de Berlín, y más recientemente las incipientes transformaciones en Cuba, no existe señal alguna de que Pyongyang vaya a modificar su rumbo, tanto en la esfera económica como política.

Más allá de que la trama norcoreana está bien documentada, se desarrolla una suerte de tragedia ad hoc de la que no muchos conocen. Me refiero, en realidad, al caso particular de unos individuos occidentales que por cosas del destino terminaron formando parte del cuerpo propagandístico de la familia Kim. Es la historia de los idiotas útiles que prestan fidelidad a Corea del Norte, para intentar, de una forma u otra, venderle al mundo un paisaje socialista armonioso de fantasía. ¿Por qué no darlos a conocer, e intentar entender sus motivos? Veremos que detrás de ellos se esconde una búsqueda por sentido, propósito y relevancia.

Dennis Rodman

El primero en la lista, sin dudas el más conocido, es Dennis Rodman. “El Gusano” (The Worm), como solía ser apodado, es uno de los basquetbolistas más reconocidos en la historia de la NBA, llegando a ser galardonado con un puesto en el Salón de la Fama del Basquetbol. Como quien dice, ya pasado de moda, Rodman no encontró nada mejor para llamar la atención que codearse con el mandamás norcoreano de 33 años, Kim Jong Un. Rodman alega que puede salvar las diferencias entre la autollamada República Popular Democrática (RPDC) y Occidente mediante el deporte. La estrella del básquet dice desconocer las erráticas prácticas y las violaciones a los derechos humanos cometidas por Kim y compañía.

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Dennis Rodman y el líder norcoreano, Kim Jong-un, disfrutan de un partido de exhibición en Pyongyang en febrero de 2013. Crédito por la imagen: Jason Mojica / VICE Media.

En concreto, en referencia al joven líder, sobre Kim Jong Un dijo que “lo trató muy pero muy bien”; “como a uno de la familia”. Agregó que él, no es uno de los que odian, y que sin importar lo que uno haga en el mundo, “si me tratas bien, está todo bien”. Según Rodman, si la gente viajara a Corea del Norte entendería que las cosas son muy diferentes a lo que pintan los medios. Por ello, “El Gusano” llevó a algunos de sus amigos de la NBA a jugar un partido contra un equipo local, para deleitar al dictador en su cumpleaños. Este acontecimiento está documentado en la película encargada por el basquetbolista, Dennis Rodman’s Big Bang in Pyongyang– que (aún) no he visto.

James Dresnok

La historia de James Dresnok es inquietantemente turbia. En 1962, a sus 21 años, Dresnok, un soldado estadounidense en servicio en Corea, cruzó la llamada zona desmilitarizada y se pasó al norte comunista. Desde entonces sigue ahí. A lo largo de su experiencia como desertor, Dresnok se convirtió en un notario actor al servicio del régimen. Apodado “Camarada Joe”, el hombre fue empleado intensivamente por el aparato propagandista norcoreano. Dada su nacionalidad, encarnaba con frecuencia al arquetipo del malvado norteamericano abusivo, imperialista y engreído. Su vida fue sujeto del documental de 2006 Crossing the Line– el cual recomiendo. (Puede ser visto aquí.)

Dresnok escapó de Estados Unidos para darle distinción (y acaso para encontrar sentido) a su vida. Tuvo una niñez perturbada, y se enlistó a los 17 años en el ejército para escaparse de una adolescencia angustiosa. No obstante, en las fuerzas armadas tampoco la pasó bien, y luego de ser maltratado por sus superiores en Alemania pensó en cruzar la Cortina de Hierro. En el entretiempo su esposa lo dejó por otro hombre, catalizando en él una respuesta desesperada.

Según lo explicó Dresnok, cuando cruzó a Corea del Norte no tenía familiares, seres queridos o razones para volver a casa. El exsoldado alega que no se arrepiente de su decisión. Según mostraba el documental, uno de sus dos hijos, James (Junior), en apariencia un norteamericano (caucásico) más, quería convertirse en diplomático. El chico es el fruto del matrimonio entre su padre y una rumana, llevada a Corea del Norte en 1978 engañada, y luego secuestrada contra su voluntad.

CROSSING THE LINE, James Dresnok, 2006. ©Kino International
James Dresnok en Pyongyang en 2006. Nótese que porta un pin distintivo del régimen norcoreano. Crédito por la imágen: BBC.

Curiosamente, Dresnok tiene una cuenta en Twitter, aunque no es muy activo en ella. Su último tweet fue en 2013, y se refiere con afecto a sus “líderes adoptivos”. Por otro lado, es necesario especificar que Dresnok no es el único estadounidense en haberse “escapado” al bando de los Kim. Cuatro de sus compatriotas desertaron también. Larry Abshier fue el primero en hacerlo, en 1962, y murió en 1983. Luego de Dresnok, vino Jerry Parrish en 1963, y murió en 1998. Más tarde entró en el país Charles Jenkins, quien desertó en 1965 con la esperanza de conseguir asilo en la Unión Soviética. Atento a su desgracia, recién logró abandonar Corea del Norte en 2004. En 2009 publicó sus memorias, narrando las cuatro décadas de cautiverio contra su voluntad. Finalmente, el último desertor, Joseph White, ingresó en 1982 y falleció misteriosamente tres años después.

Como Dresnok, Abshier, Jenkins y Parris fueron manipulados por las autoridades norcoreanas con fines propagandísticos, y discutiblemente, muy posiblemente –según el veredicto de Jenkings– el Estado les arregló esposas, extranjeras secuestradas o retenidas arbitrariamente en el país.

Esta observación no resta la significancia del caso de Dresnok. Aunque no es un portavoz activo del régimen, es actualmente el único exsoldado norteamericano que reside en Corea del Norte, y que no se muestra arrepentido, sino más bien inmodesto por lo que hizo. Desde ya, cabe la posibilidad de que Dresnok no haya sido del todo franco. Incluso así, de todos modos, el daño está hecho, y su ejemplo constituye, a mi criterio, un triste mas excelente caso de idiotismo servicial.

Alejandro Cao de Benós de Les y Pérez

También conocido por su seudónimo Zo Sun-il (“Corea es una”), este es mi personaje favorito de la lista, y por ello deseo detenerme especialmente en su caso. Descubrí a Cao de Benós por medio del documental de 2015 The Propaganda Game, que trata la cuestión del embate propagandístico entre occidente y la RPDC. También figura en el documental de 2006, Friends of Kim (que puede ser visto aquí). Lo peculiar de este cuarentón español es que es el primer representante oficial, y occidental, de Corea del Norte.

Cao de Benós es el presidente fundador y posiblemente uno de los pocos miembros asalariados verídicos (sino el único) de la Asociación de Amistad con Corea (KFA, por sus siglas en inglés). Este señor, criado y educado en España, defiende fanáticamente al régimen y al clan Kim, y para demostrarlo, canta himnos en su nombre, y viste orgulloso el uniforme militar. Aunque no tiene experiencia en combate, porta jactancioso medallas pomposas. Además de empleo, su militancia inusual por el comunismo a la usanza Kim Jong le valió la distinción como “delegado especial”, honorífico entre el servil proletariado norcoreano.

Para este condecorado indecoroso, el pueblo norcoreano es una gran familia aunada por las enseñanzas y la labor (axiomáticamente inmaculada) del líder supremo, y presidente eterno, Kim Il-sung. Recordando emocionado al fallecido sucesor del revolucionario fundador, Kim Jong-il, Cao de Benós pensaba en los ojos del gran líder mirándolo; su cara sonriéndole. “En sus discursos y escritos, Kim Jong-il me enseñó que ‘imposible’ es una palabra que no existe en el lenguaje coreano– el cual por cierto Zo Sun-il no domina. Sim embargo, pasa aproximadamente la mitad del año en Pyongyang, en su perfecta burbuja socialista.

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Alejandro Cao de Benós tiene el extraño mérito de ser el único occidental en ser un ciudadano ilustre de Corea del Norte. La imagen, tomada en 2012, lo muestra en su casa en la localidad española de Salomo. Crédito por la imagen: Xavier Cervera / The Independent.

En base a lo que opina en The Propaganda Game, me da la impresión que este revolucionario acomodado tomaría mis palabras como una declaración de guerra. Por lo menos así interpretó el estreno de The Interview (“La entrevista”), la comedia de 2014 protagonizada por James Franco y Seth Roger que se mofa abiertamente de Kim Jong-un. A su parecer, toda crítica es una desviación discursiva prejuiciosa, que necesariamente esconde intereses oscuros contra la nación coreana. En su vocablo solo existen cuatro principios ordenadores, honor, respeto, orden, y disciplina.

Anecdóticamente, en Friends of Kim mostró su temperamento. El documental sigue a un grupo de turistas por una visita arreglada a la RPDC en 2004. En una ocasión, Cao de Benós, “cansado de las mentiras de los periodistas estadounidenses”, entró a la habitación de hotel de un periodista del canal ABC, miembro de la delegación turística; atrofió su laptop, y le robó el material que este había filmado. En la escena, una norcoreana que forma parte del tour le dice al periodista: “así no somos los norcoreanos, este es Alejandro”. Tragicómicamente, luego de este incidente, un inglés miembro del KFA se escandaliza, y Cao de Benós lo hace expulsar del club por “presentar una amenaza a la seguridad”. Por si fuera poco, el español denunció al norteamericano a las autoridades, y este último, temeroso de terminar encerrado de por vida, tuvo que firmar una confesión y pedir perdón para poder irse de cual país represor.

Cao de Benós, que milita por la RPDC desde el año 1990, logró captar la atención del régimen en el 2000. Gracias a sus conocimientos informáticos, buscó a los norcoreanos y, después de mucho chupamedismo (si se permite la expresión), consiguió que le dejen montar el primer sitio web del país. De allí nació la KFA, un club de personas que –según lo describe The Independent a la perfección– está pensado “para personas que desean expresar su solidaridad con un régimen totalitario cuyas hambrunas mortíferas, actos espontáneos de agresión, y programa nuclear armamentístico, hace que sea visto incluso por China, su patrón más cercano, como un lastre peligroso”.

Con cierto sarcasmo, dicho medio británico comparó a los poquísimos seguidores de este abanderado europeo del comunismo norcoreano con los fanáticos del anime, los juegos de rol medievales, y los recreadores de batallas. Con sus insignias militaristas, y fetiche por los íconos y símbolos propagandísticos, el reducto de amigos de Corea del Norte ciertamente vive en una fantasía enfermiza que es ciega al sufrimiento de los norcoreanos corrientes.

El español minimiza la importancia y mismo la existencia de los conocidos gulags norcoreanos. Según lo que le dijo a The Independent, “estos son campos de reeducación. Con 24 millones de personas, a veces podés tener algunos pocos criminales. No creemos en el castigo, pero en la rehabilitación. Es una especie de terapia psicológica”. Desde lo personal, algo muy similar escuché durante mi visita a Cuba en 2010. Un estudiante oficialista me había comentado que otro, por haber criticado al régimen en un acto universitario con la presencia de Raúl Castro, fue enviado a un comité de “rehabilitación ideológica”. Así pues, funciona la gimnasia mental con la que se ejercitan los totalitarismos.

Creo que el perfil psicológico de Cao de Benós seguramente daría que hablar. Luego de ver ambos documentales en los que tiene un rol protagónico, no tengo duda alguna de que es un narcisista adicto al poder simbólico y real que el régimen norcoreano delega en él. Como suele suceder con los miembros de una plataforma extremista, incluyendo a los terroristas, este notorio ejemplo de idiota útil se siente especial, como si fuera el escogido de alguna providencia mística o trascendental. El comunismo norcoreano tiene su propia liturgia pseudoreligiosa, y en este sentido, Cao de Benós es un sacerdote del culto a los Kim. Parecería que encontró en ellos, y en la sacralización de las masas (la doctrina de juche) la respuesta a sus inseguridades internas, y a su búsqueda por sentido en el vertiginoso mundo de hoy.

A Cao de Benós nunca le faltó nada. Paradójicamente, como otros “revolucionarios” antes que él, este comunista nació en el seno de una familia acomodada, aparentemente de la aristocracia catalana. Como adolecente en búsqueda de un propósito, dio a parar con el país más hermético y más políticamente exótico del mundo, y nunca se despegó de él: “No quería dedicar mi vida a ser un esclavo del sistema capitalista. Mi sueño era ser parte de la revolución”. “Si hubiera tomado un camino diferente, en IT o en la política, podría haber disfrutado del éxito desde mucho más temprano, sin problemas. No sería un millonario, sería un multimillonario. Pero soy una persona revolucionaria, y tuve que transitar una senda dura y dolorosa; que nadie más ha tomado”. En su egocentrismo, Cao de Benós asimismo dice que no le teme a nada, ni siquiera a la muerte.

Por otro lado, con independencia de sus declaraciones como paladín del régimen, algunos creen que la autoproclamada encarnación manifiesta de la Corea unificada es un timador profesional, dispuesto a ir tan lejos como sea necesario para ganar fama y dinero. Esta es la observación del profesor Leonid Petrov, citado por The Independent, quien tuvo contacto con el español. Para este académico, ni siquiera los norcoreanos se creen el cuento de que Corea del Norte es el paraíso para los trabajadores. Según NK News, un sitio que se dedica al análisis de lo que acontece arriba de la falsamente llamada zona desmilitarizada, el presidente de la KFA cobra cifras exageradas por sus tours, prometiendo acceso sin precedentes al país, cosa que según algunos testigos no cumple. Por tour, el simpático Alejandro se llevaría aproximadamente un poco más de 60 mil dólares.

Quizás el español repitió la mentira por tanto tiempo que ya la naturalizó como la verdad. Quizás, como expresé anteriormente, encontró en la ideología del régimen una vía para dar sentido a lo que de otro modo sería una vida estándar, común, sin consecuencia. De un modo u otro, si hay algo seguro es que Cao de Benós no es ningún despistado, y tal como lo revela NK News, hace que le giren el dinero a su cuenta personal en España. Cuando viaja a la RPDC, utiliza su pasaporte español. Incluso la veracidad de su título como “delegado especial” es cuestionada. Según alega alguien que participó de sus tours, Zo Sun-il dice que se gana la vida gracias a las sabías inversiones que hizo mientras era un técnico informático exitoso en España. Como sea, aparte de sus credenciales capitalistas, este comunista inaudito es sin lugar a dudas un idiota emblemático.

Christine Ahn, Gloria Steinem et al.

Otro caso del que tengo conocimiento es el de Christine Ahn y Gloria Steinem. Estas mujeres son feministas y, entre otras participantes, tienen un proyecto llamado Women Cross DMZ, que podría ser traducido como “Mujeres cruzan la zona desmilitarizada” Hasta ahora, el proyecto constó de una marcha “simbólica” por dicha línea (en rigor bastante militarizada), organizada en mayo del año pasado, a los efectos de pedir una solución pacífica para el conflicto, entre otras cosas para que las familias separadas por la perene brecha ideológica puedan reencontrarse. Lo llamativo es que, para ello, las organizadoras recibieron el visto bueno de las autoridades norcoreanas. Esto suscitó críticas, que apuntan justamente a que Ahn, Steinem y demás activistas se convirtieron, inadvertidamente, en idiotas serviciales a Pyongyang.

Aunque estas mujeres no apoyan formalmente al régimen norcoreano, y no necesariamente suscriben con sus políticas, tampoco lo condenan. De otro modo ciertamente no habrían recibido la luz verde de las autoridades gubernamentales. Según Ahn, “debemos movernos más allá de la libertad política, para incluir derechos económicos y sociales; tenemos que discutir los derechos humanos en base a la historia y a los hechos; y en vez que prepararnos para la guerra o para las sanciones, tenemos que preparar una base pacífica e inclusiva para mejorar los derechos humanos”.

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Las mujeres de Women Cross DMZ marchan por la llamada zona desmilitarizada en mayo de 2015. En la primera fila se ve a Gloria Steinem (tercera de izquierda a derecha), y a Christine Ahn (cuarta de izquierda a derecha). Crédito por la imagen: Jun Michael Park.

En mi artículo titulado “La Yihad, y las paradojas del pacifismo occidental”, denunciaba este tipo de cábala moralista, una auténtica muestra de pensamiento ilusorio. Hacía mención a las circunstancias en donde los activistas e intelectuales pacifistas, en su afán por evitar la guerra, terminaban –irónicamente– haciendo la vista gorda a la dedicación beligerante de las ideologías extremistas o totalitarias. Decía que nuestros valores occidentales, multiculturales, liberales y tolerantes, podían conducir al autoengaño, en tanto, aunque se postulan como universales, en virtud de los hechos no lo son. En este sentido, argüía que el amor de pacifistas como Ahn y Steinem se torna contraproducente, e irreflexivamente cortés al mismo odio que pretenden desbancar.

A diferencia de los casos anteriores, la iniciativa Women Cross DMZ muestra que no es necesario ser amigo del dictador norcoreano, codearse con las autoridades de Pyongyang, o ser un seguidor fanatizado de la supuesta República Democrática para volverse un idiota útil. Pese a sus mejores intenciones, al final de cuentas el activismo de estas mujeres, que optan por callar ante los obscenos abusos del régimen, se vuelve indirectamente servicial a Corea del Norte.

Comentarios finales

Ciertamente existen más seguidores fanatizados por la causa norcoreana, y seguramente existen más pacifistas necios, que suponen que marchar con el visto bueno de Pyongyang marcará la diferencia. Bien, creo que en definitiva hay un denominador común entre las personas de este pequeño muestrario. Todas ellas buscaron o siguen buscando trascender, de un modo u otro, y ganar reconocimiento como actores diferenciados, como individuos comprometidos con una labor especial. Rodman, Dresnok, Cao de Benós, Ahn y Steinem, se parecen en por lo menos este aspecto (aunque indudablemente estas últimas mujeres salen mucho mejor paradas).

En los casos más complejos, aquellos de Dresnok y Cao de Benós, esta necesidad de propósito se volvió tan aguda, que estos hombres pasaron a identificarse con el régimen norcoreano, identificando su destino en las decisiones de la nomenklatura comunista.

Como bien decía Jóse Ortega y Gasset, “el puro problema es la absoluta inseguridad que nos obliga a fabricarnos una seguridad”. Para él, construir el mundo no era otra cosa que –valga la redundancia– dar sentido a las cosas. Dresnok y Cao de Benós se destacan al respecto por buscar el cobijo de una ideología totalizadora para resguardarse de su propia angustia metafísica, existencial. Mientras que las andanzas de Dresnok parten de un arrebato juvenil, de la necedad de querer formar parte de una aventura extraña (de la cual no habría retorno), la vía escogida por Cao de Benós fue debidamente premeditada. No obstante, llegado el caso, antes de pasarse al lado norcoreano, tanto el uno como el otro reflexionaron que sus vidas eran inauténticas; que más allá de sus rutinas no gratificantes, no tenían ningún plan o proyecto realizador para su estadía por la Tierra.

En los términos de Ortega y Gasset, podría decirse que el norteamericano y el español salieron de su inseguridad –o al menos eso les gustaría creer– de la mano de la filosofía extremista, que siempre, en cualquiera de sus formas, ofrece respuestas simplistas. En consecuencia, desde un punto de vista liberal, Dresnok y Cao de Benós viven en su burbuja, en una realidad falsa que les permite excluirse de una Modernidad adversa, que para ellos cosifica y hace insignificante al hombre. Para resaltar, decidieron ir contra la corriente, integrando un selecto grupo de “privilegiados”, por la mera razón propagandística, llamativa, de observar a occidentales en las filas norcoreanas. Esto es especialmente cierto hoy en día con el rimbombante comunista español.

Por otro lado, también es interesante considerar lo que dice la psicoterapia existencial. En este campo se entiende que el tomar decisiones puede traer aparejado dolor y aislamiento, y que, por lo tanto, uno puede resguardarse de la angustia delegando su libertad en la figura del líder carismático. Como discutía Eric Fromm, en este punto los seres humanos pueden ser bastante ambivalentes en lo concerniente a la libertad. Aunque buscan la emancipación, se pueden dar vuelta ante la oportunidad de abandonarla ante un régimen totalitario, el cual remueve la carga de hacerse responsable por las propias decisiones.

Sin embargo, lo curioso de estos individuos es que se volcaron por un régimen inesperado, completamente exógeno a sus vidas. A la par, simpatizantes de Kim como Rodman y Cao de Benós siguen siendo libres en todo sentido. Disfrutan del capitalismo, pueden moverse libremente, y gozan de las garantías básicas que están negadas para millones de norcoreanos comunes. Son idiotas útiles que conscientemente decidieron vender sus almas al diablo.

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